Sea desde la industria endogámica de siempre basada en astros como Kanye West o desde nombres que acceden desde los márgenes esa industria al modo de Rosalía o J Balvin, por mencionar a tres figuras que estrenaron discos en 2018, temporada que termina entre el negocio del pop más prefabricado y las propuestas capaces de innovar sin perder relevancia ante las grandes audiencias.

Ariana Grande y Arctic Monkeys son dos nombres válidos para aterrizar esos dos polos. Ni ella es la más estandarizada de las estrellas pop ni ellos son la banda más experimental tampoco. Pero con sus respectivos discos nuevos representan esos dos bordes, entre la eficiencia pop y cierta inquietud por escapar a las convenciones. Con Sweetener, su cuarto disco, Ariana Grande se rodeó de gente como Pharrell Williams y Nicki Minaj, pero también de la experiencia de la cantante Missy Elliott, para redondear un sonido eficaz y actual con títulos emblemáticos como God is a woman y la ambición pop de Sweetener. Con todo se escucha más distintiva que jóvenes cantantes como Shawn Mendes o Camila Cabello.

Por el frente, los ingleses Arctic Monkeys se reinventaron en Tranquility Base Hotel + Casino, su sexto álbum. En un mundo donde las fronteras de lo que se entiende por pop y rock son difusas, la banda de Alex Turner es pop en un sentido previo al actual, con recursos que van desde el rock hasta los sintetizadores y desde la ironía a la introspección para rubricar un disco con identidad propia. Hubo más nombres relevantes en el año: ahí donde el talento de Kanye West acabó por ceder a su megalomanía con Ye, quien se impuso fue Drake con Scorpion, un disco con veinticinco canciones entre el hip-hop y el R&B. A partir del reggaetón y desde una llamativa mezcla entre flamenco y pop ganaron exposición el colombiano J Balvin con Vibras y la española Rosalía con El mal querer. Con la asesoría de productores como Timbaland y Skrillex, volvió una diva como Mariah Carey, quien en Caution, su decimoquinto disco, se destacó con un oficio vocal pop de los que ya no se ven. Y con sonidos más estimulantes de parte de MGMT en Little dark age, de la cantante Cat Power en Wanderer, de Florence + The Machine en

High as hope o de Esperanza Spalding en 12 little spells, el año musical internacional confirmó también lo de siempre: lo más interesante suele estar por fuera de lo obvio.