La orden del día para el rock internacional más obvio afianzado en los años ’90 se resumía en el doble gesto de pararse a tocar guitarras eléctricas (eso se llamaba “rock alternativo”, aunque de alternativo le quedaba cero) o sentarse a tocar guitarras acústicas (eso se llamaba unplugged, patentado por MTV), hasta que en 1997 Radiohead contribuyó en parte a alterar tal orden con un disco tan pivotal como popular: Ok computer. Ni los propios Radiohead habían escapado a ese molde previo, con el éxito de masas “Creep” y el disco completo The bends, puro rock inglés de guitarras en la era del grunge. Casi dos décadas después, tras muchos experimentos y riesgos corridos desde entonces, el grupo llega a una coordenada equivalente en 2016 con A moon shaped pool, su nuevo disco.

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En esos últimos veinte años Radiohead pasó desde aventurarse en el minimalismo y una vía personal al post-rock entre los álbumes Kid A (2000), Amnesiac (2001) y Hail to the thief (2003) hasta los niveles variables de abstracción, electrónica y percusión de In rainbows (2007) y The king of limbs (2011). La diferencia es que hoy conjuran los grados de hermetismo que tienen en común todos esos trabajos previos, con una inclinación reaparecida por las melodías e incluso las baladas, aunque sin perder la elaboración ni la innovación que son sus marcas de fábrica.

En A moon shaped pool suenan desde bases electrónicas hasta folk acústico, pasando por esos arreglos orquestales sugerentes o imponentes con los que el guitarrista Jonny Greenwood demuestra las aptitudes que ha desarrollado en la composición de música para películas. Y sobre esa banda sonora el vocalista Thom Yorke enriquece su reconocida agenda de contenidos en un espectro abierto desde las connotaciones políticas del primer single, “Burn the witch” hasta la intimidad del segundo, “Daydreaming”, dos excelentes polos para enmarcar un nuevo disco de este grupo poblado por alusiones que van desde el cambio climático hasta el desarraigo, el aislamiento y el ataque de pánico que aparece al menos en dos de estas canciones. Al revés de Coldplay, Keane y otros aprendices del manual simplificado de esta banda, Radiohead no deja de ser un grupo complejo. Es sólo que en A moon shaped pool vuelven a ser al mismo tiempo creativos, como siempre, y accesibles, como pocas veces antes.