Que alguien sin conocimientos de música pueda triunfar en la industria, no es novedad. Desde hace varias décadas, ser autodidacta y tener talento, puede ser una combinación eficiente para alcanzar el estrellato y el reconocimiento de los fans. Pero distinto es, cuando dar a conocer esa falta de educación, viene de la mano de algo menos glamoroso, como el desparpajo y la soberbia.

Las palabras de  Nick Rivera Caminero., más conocido como Nicky Jam en la Conferencia Billboard, están más cerca de fenómenos como el de Milli Vanilli que de BB King o Jimmy Hendrix.
Nicky Jam se despachó con un par de frases de antología “Me pones a leer música y me pierdo. Es más, tengo tatuado un símbolo en la cara y no sé ni cual es”, al referirse a la corchea que lleva tatuada encima de su ceja derecha.

En el último Festival Internacional de Viña del Mar, Nicky Jam ofreció uno de los shows más paupérrimos que se recuerden en la Quinta Vergara, desafinó tanto, que Twitter se dio un festín troleando al “cantante”. El reggaetón o música urbana como le dicen muchos, es un movimiento que se afianzó en los últimos años como uno de los más populares en Latinoamérica y que para sus fanáticos representa un estilo de vida. Pero lejos de su raíz, un poco más social y contestataria, hoy camina por elementos predecibles, una base rítmica generada por un DJ, y cantantes que tienen más estética que voz. No hay muchas ganas de darle un giro o un upgrade. Por ello, se convirtió en terreno fértil, para el nacimiento de fenómenos como el de Nicky Jam.

La tecnología se transformó además en el mejor aliado de estos seudo talentos, que de la mano de computadores, secuenciadores y aplicaciones varias, pasan del anonimato al éxito, gracias a un par de mega hits.

Lo de Nicky Jam es un llamado de emergencia como diría Daddy Yankee, pero porque detrás de su declaración de que compone de manera “natural” hay implícita una confesión del mercado, fabricar artistas que hagan discos y giras no resulta tan difícil, porque incluso en vivo se puede cantar con el llamado “over playback”, que ya es una verdadera tendencia en el pop.

Resulta chocante la confesión de Nicky Jam, pero más aún que con el paso de los años, el engaño de Milli Vallini sigue vigente y que una parte importante de la música que escuchamos es sólo una fracción del negocio, donde el talento, es algo muy secundario.

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