Las canciones de Javiera Mena no han perdido esa cuota de misterio con que parecen siempre hablar de algo distinto a lo que resulta evidente a primera escucha. Esa ha sido una distinción de esta autora y cantante pop chilena, desde las letras sugerentes de su juvenil primer disco hace ya doce años hasta las de su reciente y cuarto álbum, Espejo (2018).

La mayoría absoluta de estas diez canciones tiene títulos de una palabra, como “Cerca”, “Alma”, “Aire” o “Noche”, y todas comparten un talante introspectivo y hasta trascendente, bien resumido en líneas de “Aire” como “Me atrae el fuego al respirar / energía como gravedad”, o en el single que titula al disco, donde ella anuncia “Ha llegado el momento de meterte más allá / En las aguas más profundas de la conciencia”, o por cierto en la canción inicial “Dentro de ti”, donde Javiera Mena conecta Nueva Delhi y Nueva York y por el Mediterráneo hasta las Baleares, sólo para averiguar al fin si tú has viajado a tu interior: ¿fuiste dentro de ti, mucho más lejos? Con la experiencia indudable de cuatro discos, la cantante controla los códigos pop de la composición y la producción y su voz ha ganado en gran seguridad, pero aun más atrayente es lo que parece intuitivo.

Por ejemplo, los versos iniciales de varias canciones, entre “He estado pensando constantemente en las cosas que pueden venir” (“Cerca”), “He andado bailando / recorriendo la ciudad” (“Intuición”) y “He estado mirando a las personas de este mundo” (“Todas aquí”). De primera es una conjugación chilena: ahí donde en Argentina dirían “estuve mirando” o donde en España agregarían “he mirado”, Javiera Mena ha estado mirando, ha estado pensando, ha andado bailando. Participio y gerundio, literal: está en un trance, en un tránsito que desde ya es provechoso como movimiento, siempre más cerca del borde que del medio, por más pop que sea su música. De nuevo es ella quien lo canta, en la letra de “Alma”, cuando escribe “Estoy aquí / entera en el presente” y cuando agrega “Ya aprendí que de la orilla es difícil saltar / pero me lancé / me atreví a nadar”. Será una canción de amor o de soledad, pero son tres líneas autobiográficas certeras de la música de Javiera Mena y su tiempo.