Tatiana, asidua a las novelas románticas, se enamora fulminantemente de Eugenio Onegin, un hombre apuesto y vividor que llega a casa de ella junto a su amigo Lenski, prometido de Olga, la extravertida hermana de Tatiana. A través de una carta, esta última le confiesa a Eugenio que lo ama. En persona, él arguye que no es idóneo para el matrimonio. Aún con la decepción a cuestas, ella celebra su cumpleaños. Onegin acude, pero lidia con los embustes de algunos campesinos. A modo de venganza, corteja a Olga, enfureciendo a Lenski. Éste lo reta a duelo, pero muere.

Ya han pasado los años, pero Onegin, más reflexivo, sigue con aquel remordimiento en su conciencia. En San Petersburgo, en la mansión de un noble, se reencuentra con Tatiana, ahora una bella aristócrata casada. Eugenio, embelesado, le ruega que lo ame. Ella, con sus sentimientos intactos, prefiere ser fiel y se marcha, dejándolo solo. Cae entonces una poderosa tormenta de nieve.
Esta dramática historia, ambientada en la Rusia del siglo XIX, es el sustento de Eugenio Onegin, aclamada ópera compuesta por Piotr Ilich Tchaikovsky, que dará inicio a la nueva temporada del Metropolitan Opera House de Nueva York (MET), el 23 de septiembre. El 5 de octubre se transmitirá esta pieza, en directo vía satélite, en el Teatro Nescafé de las Artes de Santiago, abriendo una quinta versión de The Met live in HD, donde se exhibirán diez títulos del período 2013-2014.

Para esta obra, Eugenio será interpretado por el barítono polaco Mariusz Kwiecień (40), otrora protagonista de Don Giovanni y Rey Roger, además del Conde Almaviva en Las Bodas de Figaro, Dr. Malatesta en Don Pasquale y Marcello en La bohème, entre otros. Mientras que la famosa soprano rusa Anna Netrebko (41) encarnará a Tatiana, inaugurando por tercera vez consecutiva un ciclo en el monumental coliseo lírico.

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“Eugenio está cansado de su vida siendo rico, con muchas chicas y locas fiestas. Necesita amar, pero no sabe a quién” —explica Mariusz sobre su papel—. Mata a su amigo en un accidente. Se arrepiente y viaja unos años por el mundo. Cuando regresa, descubre que todo está igual, excepto una cosa: Tatiana, que era una niña, ahora es una mujer. La quiere desesperadamente, pero está casada… ¡Me siento como un pez en el agua haciendo este tipo de repertorio!”.

Hijo de un vendedor de repuestos de auto que luego fue taxista y de una enfermera, Kwiecien dio sus primeros pasos en el canto al integrar el coro de su iglesia. Alentado por sus amigos de Cracovia, llegó a la Academia de Varsovia. “Yo no estaba loco por la ópera, pero me di cuenta de que la ópera no sólo conllevaba gran técnica al cantar, sino que también al actuar. Empecé a estudiar la ópera de Mozart. Fui afortunado porque sus obras ofrecen grandes posibilidades de cantar y actuar, además de proyectar adorables y odiables personajes que entretienen”. Agrega que hoy no sólo escoge óperas por su voz. “También las elijo con mi corazón. Hay gente que piensa que debería cantar Rigoletto de Verdi. Pero nunca lo haré, porque no estoy interesado en interpretarlo. Cuando canto en el escenario, siempre hay una parte de mí. Son dos o tres horas de mi vida, donde no voy a ser alguien que no soy. Las emociones siempre son mis mejores amigas, me envían el impulso para mi trabajo. Las emociones me permiten hacer lo que realmente siento en ese momento”.

—¿Qué tipo de música escucha, además de ópera? ¿Le gusta el rock?
—No escucho ópera en la casa. Escucho música electrónica y étnica. El rock no es mi favorito. Cualquier música que llamaría buena tiene que ser de calidad.

—Eugenio Onegin será transmitido en un teatro de Santiago. ¿Qué le parece?

—¡Oh, eso es genial! Quizás, pueda decir: “¡Hola, Santiago!” (se ríe).
Agrega que le encantaría visitar Chile: “¡Por favor, díganle a mi manager que quiero ir un día!”, grita desde las dependencias del MET donde está ensayando.

Su compañera Anna Netrebko debutó en abril de este año en Viena como Tatiana en Eugenio Onegin. Kwiecień, en tanto, personifica al protagonista hace más de diez años. Antes habían actuado juntos en Elíxir de amor, ópera de la temporada pasada del MET y en Don Pasquale (2010-2011). “Como en cualquier otra ópera, sólo tengo que abrir mi corazón y usar mi imaginación. Debo tratar de crear algo nuevo e interesante para mí. Cuando repito a Don Giovanni o a Onegin muchas veces me asusta la rutina. La evito, porque la detesto”, confiesa el barítono.

—Anna Netrebko es la gran diva de nuestros tiempos. ¿Qué tal compartir roles con ella?

—Es una diva en el escenario, pero también es una mujer muy comprensiva y amable. Anna no hace el papel de diva cuando hablamos de la vida, de cosas divertidas o cuando vamos a beber algo. Es una persona normal. Ese tipo de estrellas es el que me gusta: una persona agradable. Es carismática, fuerte, magnífica, hermosa y con una voz como la miel. Nos entendemos, porque tenemos casi la misma edad. No ha sido un gran problema crear algo emocional y vocalmente hermoso.