Si algo hay que tener claro sobre Paco de Lucía es que este monstruo de la guitarra flamenca no necesita impresionar a nadie. Más de cincuenta años de carrera, 25 discos y cruces con músicos de la talla de Caramón de la Isla, Chick Corea o Wynton Marsalis. El reinventor del flamenco moderno, con los ojos cerrados y sus dedos taladrando las cuerdas para construir una rumba, alegría, una soleá, una bulería o rumba, es simplemente de esos pocos artistas que logra dejar con la boca abierta.

Luego de décadas internacionalizando el inflamado sonido flamenco, Paco cruzó todas las líneas al mezclar las melodías gitanas con el jazz, el blues, el country, la música hindú, la salsa, el bossa nova o la música árabe. El resultado fue la admiración de guitarristas de todos los rincones, como los flamencos Tomatito o Vicente Amigo hasta leyendas del heavy metal como Steve Vai.

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Y aunque muchos lo daban por desaparecido, Paco de Lucía (65) sigue tan vigente como ya se quisiera un chico de veinte. El 2010 recibió su doctorado Honoris Causa del Berklee College de Boston. Antes, pasó un tiempo sólo dedicado a pescar para comer en Playa del Carmen, México. Después de su regreso a España y a los escenarios, su vuelta a las giras se materializó en octubre en La Habana para luego recorrer México, Colombia, Perú, Ecuador, Argentina Brasil y Chile. Todo, con su amada guitarra, con la que sube a los escenarios a hipnotizar, tal como lo hacía con tan solo doce años en su Algeciras natal, cuando todavía era un estudioso niño llamado Francisco Sánchez Gómez, cuyo único objetivo era convertirse en el mejor guitarrista de flamenco. Y vaya si lo logró. Pero tal como se podría esperar de un perfeccionista, todavía a estas alturas, Paco siente que aún no controla a la guitarra.

“Es un instrumento muy difícil y desagradecido. Tú le dedicas horas y horas, y luego te subes a un escenario, estás perfectamente de manos y ¡tocas como una mierda! Entonces le dices ‘Oye, ¿por qué me haces esto, si te he dedicado una semana, tocando ocho horas diarias, por qué?’. A veces, depende hasta de una mosca que pase volando y te desconcentra. O algo en el teatro de pronto te hace tocar muy mal. O al revés, estás mal y tocas muy bien… No la controlas. Es la que más se parece a una mujer de todos los instrumentos que hay. Cuando crees que la tienes agarrada por el cuello ¡qué va!, eso es un espejismo, es mentira”, dijo durante su reciente visita a Colombia.

—Su última presentación en Chile fue en 1996 en el court central de Tenis del Estadio Nacional junto a John McLaughlin y Al di Meola en el memorable concierto The Guitar Trio. ¿Hacia dónde ha evolucionado su carrera en estos años?
—Mi carrera siempre ha tenido un mismo sentido, que ha sido la música flamenca y su difusión, mi participación en el Guitar Trio, fue una excepción de un tiempo que tuvo una gran aceptación en todo el mundo y fue un punto y aparte en lo que es mi música.

—¿Qué promete para el público chileno que ha esperado por años su regreso?
—Mucho flamenco, jazz e improvisación, pero después de tantos años, yo creo que la gente sabe perfectamente lo que puede encontrarse en cualquiera de mis conciertos, ya no hay sorpresas.

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—¿Qué piensa sobre la popularidad global del movimiento flamenco? Cada día hay más gente interesada en cantar, tocar o bailarlo…
—Afortunadamente el flamenco ya ha roto fronteras definitivamente y es posiblemente una de las músicas más conocidas del mundo. Y me incluyo en haber participado en su difusión mundial.

—Cómo podría explicar la pasión que provoca el flamenco entre sus seguidores. ¿En dónde está la clave? ¿En el conjunto armónico que se reúne en un espectáculo o en la lírica que transmite?
—El flamenco es una música que no necesita de grandes montajes escénicos ni nada más que no sea su calidad. Es una música que es comprensible a todos los públicos, sólo poniendo sentimiento y pasión a la hora de interpretarla sobre el escenario.

—¿Por qué toca siempre con los ojos cerrados y en pleno éxtasis?
—Es de forma natural e intuitiva, quizás es porque trato de transmitir todos los sentimientos en cada nota, pero concretamente no lo sé. Pero si, desde siempre he tocado de esa forma.

—¿Cómo se definiría como guitarrista y qué significa para su vida ese instrumento?
—Siempre he realizado un gran trabajo de investigación sobre el flamenco y desde muy niño le he dedicado muchas horas al estudio del instrumento, pero definirme a mí mismo, mejor eso se lo dejo al público. Y sobre la guitarra, es muy sencillo, es mi vida desde siempre, con momentos de amor y de odio, como una mujer, pero es toda mi vida.