La portada del disco la muestra picando una enorme cebolla con cara de congoja, lágrima en la mejilla, blusa desabotonada y fondo rojo intenso. Por lo menos a este lado del globo el mensaje es claro: En su nueva producción, Mon Laferte avisa que viene a reivindicar uno de los apartados musicales que más arraigo ha generado en el pueblo latino, y reafirma que alza su bandera con evidente orgullo y a mucha honra.

Como dijimos, es un mensaje claro, pero no es en absoluto nuevo. Basta una mirada a su recorrido desde “Vol. 1″, e incluso a sus orígenes como Monserrat Bustamante, para comprobar que la canción cebolla es una presencia fundamental en el bagaje de la viñamarina, un compuesto que viaja por sus venas, y que ya forma parte de su ADN.

Ahí están temas como “Antes de ti” (nominado a Canción del Año en el venidero Latin Grammy), “Tu falta de querer”, “Tormento” y “Mi buen amor”, entre otros amarrados desde 2015 en adelante, cuando la chilena puso fin a su fase de búsqueda para ingresar en la autopista de su carrera, por donde arriba a destinos cada vez más consagratorios.

De que ello es así en el ítem de los logros, qué duda cabe. Mon Laferte no sólo es la artista chilena más exitosa del momento, sino la que más lejos ha llegado en muchísimos años. Pero para demostrar que esto ocurre también en lo artístico, llega el recién lanzado “Norma”, disco que invierte la moneda usada hasta hoy, para mostrar su otra cara.

Porque si en “Vol. 1″ y “La trenza” los referentes parecían estar en figuras como Lucho Barrios y Juan Gabriel, en “Norma” Laferte viaja un poco en el tiempo y en las latitudes, para fijar su mirada en la época en que nombres como La Lupe, Beny Moré, Dámaso Pérez Prado, Celia Cruz y la Sonora Matancera, establecían los códigos sonoros de salones y cantinas.

Así, embarcada en un viaje por los diferentes momentos de una relación amorosa —desde el cortejo hasta la extinción, pasando por la alcoba—, la chilena transita también por los géneros que marcaron la medianía del siglo XX en todo el continente, partiendo por una cumbia de raigambre clásica en la apertura con “Ronroneo”. La siguiente, “No te me quites de acá”, tiene aires de danzón cubano, mientras que al tercer corte el giro es hacia la salsa, en la ya difundida “Por qué me fui a enamorar de ti”. “Quédate esta noche”, el cuarto tema, es uno romántico de tintes jazzísticos, al más puro estilo crooner.

Es decir, una vuelta a la tuerca en cada turno, aunque siempre bajo un paraguas unitario y coherente, nunca disparatado. Dentro de esos mismos márgenes, además, están los espacios para breves experimentaciones, como la estela carioca y sintética de “Caderas blancas”, uno de los mejores cortes del álbum, y el fraseo urbano de “El mambo”, quizá la pieza más atrevida y desafiante.

Es posible que haya algo menos del avasallador potencial hitero que expelían los álbumes predecesores, pero en el saldo final aquello es irrelevante. “Norma” no sólo da cuenta de una Mon Laferte empecinada en sacar los sonidos de los museos, releerlos y ponerlos en las calles; o de demostrar que la valoración de un estilo no puede ser un asunto generacional. Además ratifica a la chilena como una artista en permanente expansión y búsqueda, que tras el estallido popular y la merecida consolidación en los rankings, ha decidido firmar su instalación en un lugar quizás aun más relevante que una lista: Nada menos que el acervo continental.

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