Es un día luminoso en La Parva. Hace frío y el viento es intenso. Nicole toma entre sus manos una copa de vino y mira por la ventana de La Marmita. Al fin un momento de descanso después de una larga sesión de fotos para la portada de CARAS. Se ve mucho más madura, diferente a la niña que debutó como cantante a mediados de los ’80 y que hoy es reconocida por dos generaciones, tanto por los jóvenes que no se perdieron capítulo de The Voice, donde ella destacó como coach, como por quienes crecieron y bailaron con sus canciones cuando ella era casi una escolar. Hoy, a sus 38 años, casada con el animador y periodista Sergio Lagos, con dos hijos pequeños (León de 6 años y Celeste, de 2), Nicole vuela a otra altura. Y lo sabe. En sus veintiséis años de carrera y un total de seis discos, su carrera en televisión sigue en ascenso. Como ocurrió desde el verano de 2013 cuando reemplazó a Tonka Tomicic en Bienvenidos —donde se robó la película y hasta fue tentada para firmar contrato con otros canales— y luego por su rol en los estelares Mi nombre es y ahora The Voice, que nuevamente la posicionó como la ‘reina del rating’. La gente premió su cercanía y carisma. A sus compañeros —los cantantes Franco Simone, Álvaro López y Luis Fonsi— los volverá a ver para una segunda temporada, ya confirmada por los ejecutivos de la estación, felices tras haber conseguido algo que a estas alturas parecía imposible: dejar por las cuerdas a las teleseries turcas de Mega, imbatibles durante meses. 

Nicole sonríe. Claramente ya no tiene que demostrarle nada a nadie. Ni en la televisión ni con su música, donde ha logrado evolucionar con las tendencias —por el pop, el rock y la electrónica— hasta hacerse un nombre que suena constantemente en las radios, reconocida a pesar de la amenaza de la música digital gratuita y las versiones piratas que abundan en internet.

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Hace algunas semanas estuvo en Nueva York presentando su última producción, Panal (2013). Dejó a los niños con Sergio y partió al verano neoyorquino; allá fue entrevistada en canales como Telemundo, Warner y CNN, y tocó en el legendario club SOB’s, en el SoHo, en el mismo escenario donde alguna vez estuvieron Tito Puente, Marc Anthony, Celia Cruz o Astrud Gilberto. Luego fue con su familia de vacaciones a las playas de Trancoso en Brasil. “Viajamos una semana y fue súper rico; León se lo pasaba en el agua. Anduvimos a caballo, caminamos harto. Fue maravilloso”. Y muestra algunas de las tomas que hizo con su celular. Primera imagen: sus hijos jugando a las escondidas alrededor de las cabañas de estilo rústico en Trancoso. “Es muy loco, pero es la misma relación que teníamos con mi hermano. Se ha repetido la historia. Estoy viviendo un momento muy lindo como familia, y cantando… Todo muy intenso”, reconoce.

Imagen dos. Nicole y sus niños tocando música en la sala que armaron en su casa con Sergio. León al teclado y Celeste siguiendo el ritmo. “Tenemos un piano y a León lo tengo con clases. Y Celeste siempre está ahí dando vueltas con la guitarra. Me ven cantar en la casa y saben perfecto a qué me dedico. Y León es tremendamente apasionado por la música. El otro día dijo: ‘Papá, ¿me puedo cambiar el nombre? Me quiero llamar Rock, Rock Lagos…’ . ¡Imagínate!”. Su hijo nunca olvidó cuando, en febrero de este año, con su papá subieron nada menos que al escenario de la Quinta Vergara para acompañar a Nicole a recibir la gaviota. “Alucinó. Desde los tres meses que va conmigo a las tocatas. Para él ha sido algo natural. Un día llegó del colegio cantando ‘Tal vez me estoy enamorando’ porque a las tías les encantaba esa canción y yo nunca se la había mostrado. Ahí empezó a estar orgulloso de mí, a tener conciencia de que lo que yo hago es apreciado por la gente”.

Para la cantante fue emocionante volver al escenario viñamarino después de 19 años. “Sabía que mi mamá estaba ahí; ella siempre me decía: ‘Vamos a volver a la Quinta Vergara y yo voy a estar contigo’. Me mostraba el video de mi última presentación, en 1996: ‘Nunca te olvides que la gente fue súper cariñosa contigo’, me recordaba. Nicole se refiere al momento cuando el certamen era organizado por Megavisión. Ese año la estación optó por no entregar gaviotas ni antorchas, sólo un galardón. “Pero el show terminó y no me lo dieron, no sé qué pasó. Para la prensa fue un escándalo”. Por eso le insistía: ‘No te desilusiones: vas a volver y yo estaré contigo’.

Luz María Soza, su mamá, fue su brazo derecho, amiga y protectora. Cuando Nicole tenía 12 años y ya era una artista, dejó su trabajo en una notaría para dedicarse por completo a la carrera de su hija. Tenía una fe ciega en su talento y la acompañaba en las presentaciones de fin de semana en algún escenario o en un programa de TV. Murió a fines de 2012, de cáncer. Nicole lloró cada día su partida. “No sé, han pasado sólo dos años, pero yo creo que son dolores de los que es muy difícil recuperarse. La extraño”.

—¿Y sintió esa conexión el día de su presentación en Viña?

—Todo el tiempo. Me la imaginaba viendo qué ropa ponerme, o el maquillaje. Minutos antes de entrar al escenario estaba solita con la guitarra y la sentí ahí, acompañándome. Me dio paz, me calmó y ya no sentí esa adrenalina, cuando el corazón me late más fuerte. Estoy segura de que ella tiene que haber estado ahí. 

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—Esta pérdida de su mamá, ¿en qué se ha ido transformando con el tiempo?

—Es un proceso. La extraño todos los días. Obviamente ya no lloro como en el primer año, pero me hace falta.

Reflexiona:

—Al final la vida es sabia: haber tenido otra hija, estar con los niños, afortunadamente con mucho trabajo, siempre pendiente de mi papá, de mi abuela, tener a mi hermano cerca cuando antes vivía en México, que es el productor general y técnico de mis shows, me ha ayudado un montón.

Nicole sabe que éste ha sido un gran año y que se ha posicionado como una figura potente. Pero asegura que no lo ha logrado sola. “He estado en muy buenos proyectos, con excelentes equipos, y con el tiempo me he dado cuenta de que mi trabajo como cantante, e incluso lo que he hecho en televisión, no ha sido sólo mérito mío sino gracias a este tremendo staff. Se han conjugado las cosas”.

—¿La estimula la idea de centrarse en su carrera como animadora?

—Me interesa estar comunicándome con la gente a través de la televisión, y si más encima se trata de un espacio ligado a la música, mejor. Aunque sé que tengo otros temas que compartir, me gusta que ése sea mi sello. Hace falta música en la televisión.

—Aunque da la impresión de que ha preferido frenar su carrera televisiva en pos de la música.

—Es que es mi prioridad. Tengo que ensayar, producir. Con mi equipo trabajamos de lunes a viernes, con horarios de oficina, para lograr giras dentro y fuera de Chile, buscar presupuestos, armar demos, grabar discos, hacer videos. Y si le dedico más tiempo a la televisión tendría que dejar de trabajar en lo mío.

—¿O en el fondo teme exponerse más de la cuenta?

—Soy una figura pública desde hace mucho tiempo. No me asusta la TV. Tengo claro que hay tiempos en que la gente está más interesada y habla más de mí. Pero con Sergio lo hemos sabido llevar; vivimos en un barrio súper céntrico, nos gusta, no tenemos miedo ni sentimos que debemos estar escondiéndonos. Mis decisiones han sido en base a mis prioridades, y no son sólo profesionales: está mi familia, mis hijos. Me gusta estar con ellos haciendo tareas, contando cuentos, llevándolos a la plaza o a buscarlos al jardín.

Como pareja les ha tocado abordar las polémicas —principalmente en las redes sociales—, y que apuntaron a Nicole y al resto de los miembros del jurado (Luis Fonsi, Franco Simone y Álvaro López) de, supuestamente, concertarse para votar por algunos hijos de famosos. “En un mundo como el de hoy, con mucha corrupción y mentira, la gente desconfía y cree que todo está arreglado, incluso un programa de concursos, pero jamás me prestaría para algo así”.

—¿Se puso a prueba su credibilidad?

—No, pero cuando sales dos veces a la semana en un programa tan visto, obviamente que habrá personas a quienes no les caerás bien. Entiendo que hoy la gente sea descreída, pero todo lo que vimos en The Voice fue auténtico.

—¿Cómo lo toma usted?

—Hoy la gente duda de todo. Y tú sabes que desde el minuto que estás frente a la cámara que también duda de ti. Y eso es nuevo, es fuerte.

—¿Pero lo encuentra legítimo?

—Tienen razón de dudar. Las personas  pueden opinar todo lo que quieran. Es un país súper libre y eso es bacán. Pero también hay que tener ojo porque hay muchas cosas que la gente dice en Twitter que jamás diría a la cara. Piden más transparencia pero por otro lado hay como una opacidad, se esconden.

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—Con su marido les tocó experimentarlo en carne propia cuando a su cuñado, Manuel Lagos, lo detuvieron y estuvo en la cárcel por portar marihuana.

—Nuestro caso abrió los ojos y la conversación; muchos papás no sabían que sus hijos —algunos mayores de 30 años— fumaban. También hay muchos que creen que la marihuana es lo peor. Entonces está bien que se hable, igual como se debe hacer con el alcohol o el cigarrillo. En mi caso, creo que se debe legalizar la marihuana, pero sólo para los mayores de dieciocho años. Lo digo como mamá y porque yo también me he fumado mis pitos… Hay que regular y terminar con el tráfico y la cosa escondida, pero sobre todo con las acusaciones infundadas. O sea, mi cuñado fue tratado como un delincuente, como un traficante. Siendo que no se dedicaba a vender. El trabaja en otra cosa.

—¿Cómo lo vivieron como familia?

—Fue muy difícil, intenso. Hubo que estudiar, meterse en las leyes, conversar y apoyarnos bastante. Es un hecho que se fuma marihuana, que cada vez hay más gente y que además ésta tiene beneficios claros. La sociedad ha ido evolucionando hacia la transparencia y hoy muchos países han legalizado la venta y el consumo. También se ha validado el autocultivo. Se trata de terminar con la delincuencia y el tráfico… Sin embargo, el gran problema es la fiscalización. 

—¿Cree que el revuelo que tuvo este caso fue porque se trataba del hermano de una persona pública?

—Obviamente que tomó más relevancia. El fiscal lo vio como una gran oportunidad. Pero se trataba de una ley tan confusa, tan mal planteada. Hay mucha gente que, como Manuel, hoy está presa injustamente y que son tratados como delincuentes. La sociedad entendió que era urgente cambiar esa ley. Además, Sergio fue muy inteligente al no solamente defender a su hermano sino que se metió en lo legal, habló con personas a favor y en contra. Y ahora está pendiente con lo que está sucediendo con el proyecto de autocultivo. El es una persona que está ahí, no es un tipo que va por la vida con las cosas a medias. Y yo creo que el amor se basa mucho en eso, en la admiración. 

“Con Sergio no nos ponemos límites. No existe un “ahora tú, ahora yo”, nos vamos apoyando”, dice sobre los caminos paralelos que muchas veces convergen en lo profesional. “El también hace música, está a punto de sacar un nuevo disco que es hermoso, Cosmos. Y tiene un proyecto muy amplio e interesante en torno a esta producción. Entonces si veo que él está con muchas giras, yo trato de tocar menos. Cuando fui a Nueva York, él se quedó en Santiago con los niños”. 

—A veces se produce un cierto grado de competencia entre las parejas que se dedican a lo mismo. ¿Les sucede?

—Siempre nos hemos apoyado. Sé que él siente mi proyecto un poco suyo, quiere me vaya bien y yo a él también.

—¿Se muestran las canciones?

—Ríe. El pobre dice que estaba convencido de que cuando nos casáramos nos íbamos a pasar todo el tiempo cantando, guitarreando, que nos mostraríamos nuestros trabajos. Pero cuando llegaba a la casa yo inmediatamente apagaba la computadora; no por pudor o por ocultar algo, sino porque yo quería tomar un vinito, darle besos, ir a ver una película, hacer otra cosa. Pero él decía: “Ya poh, muéstrame”. Y yo: “No, si todavía no está terminado”. Siempre fui así, con mi mamá, con todos.

—¿Y Sergio?

—Es más abierto, pero como vio que soy más reservada, me fue mostrando menos.

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—Además, qué difícil debe ser confesarle que un trabajo suyo no le gusta.

—Sergio no tiene el ego tan a flor de piel, es súper consciente que ha ido de a poco. Y en el disco que está haciendo ahora, comparado con el primero, hay un tremendo avance. La gente tiene mucho prejuicio con Sergio por ser animador de televisión, pero él es un súper músico, y como cantante ha mejorado increíblemente. En sus letras tiene una forma de decir las cosas que es muy poética y sencilla al mismo tiempo. Es súper él, pero claro, lo discriminan. Dicen que se cree músico, pero él ha estado en esto desde hace mucho tiempo; su mamá era dueña de una disquería en Concepción. Y se atrevió con su primer disco cuando empezamos a pololear. Me encanta y lo respeto enormemente. De hecho, nuestro sueño es tener una banda juntos. Que podamos viajar, tocar y llevar a los niños. Ahora estamos armando nuestro estudio, precisamente para empezar a darle forma; la idea es que en vez de ver una película, junto a una copa de vino ir armando nuestras primeras canciones. Ese será nuestro mejor carrete.