Más de la mitad de su vida entregada a los escenarios y Pedropiedra (Pedro Subercaseaux, 38 años) insiste en que aún no logra la fama. Mientras los rayos de sol iluminan las calles de Ñuñoa, atrincherado en su escondite, Pedro permanece en una oscuridad casi total.

Ayudado por unas sábanas que tapan las únicas ventanas de aquel garaje, solo la luz de una lámpara y el brillo de su notebook iluminan la habitación. Su oficina. En esta bóveda, en este sencillo cuarto es donde las rimas pegajosas se materializan gracias a un teclado. Aquí es donde la magia nace.

En el momento en que la luz roja de la grabadora se enciende es cuando el lado más inseguro de Pedro aparece. Cerca de seis cigarrillos y un inquieto movimiento de manos lo acompañarán durante una hora de conversación sobre su último trabajo, Ocho.

Los únicos momentos donde el hombre tras la canción Inteligencia dormida encuentra la calma es cuando su hijo se asoma curioso por la puerta. El cantautor solo puede ver allí al gatillante de su esfuerzo y la chispa que necesitó para decidir dejar el rótulo de “músico emergente”.

“Aunque esto no significa querer lograr la fama, sino que es llegar a nuevos públicos, tener más trabajo y aportar con más canciones”. Agrega: “Tengo un hijo y voy a tener otro, ya no puedo ser tan exquisito. Hubo un tiempo donde era más reticente a hacer cierto tipo de conciertos, pero llega un momento donde hay que trabajar. Se mezcla la necesidad de la subsistencia, con la necesidad de la impresión artística. No tengo problemas en admitirlo”.

Este último disco aparece como otro intento de recuperar aquella esencia con la que cautivó a la crítica gracias a su primer álbum homónimo Pedropiedra (2009). Pero que no ha logrado hallar desde entonces con sus sucesores Cripta y vida (2011) y Emanuel (2013). Esta vez, La balada de Jorge González, el sencillo que sirvió de antesala para Ocho, ha cosechado éxito, llegando a ser nominada como Canción del año en los premios Pulsar.

—¿Qué aprendiste de tus álbumes anteriores?

—Antiguamente los discos eran un par de sencillos y canciones de relleno. Ahora, por ejemplo, la mitad de las canciones de mis primeros tres discos están súper bien, pero también siento que tenían relleno. Metía canciones extras para que el álbum no quedara corto.

—¿Y Ocho no tiene esos problemas?

—Ahora dejé solo las canciones que me tenían completamente convencido y contento. No quería colocar cosas que no iba a tocar en vivo o que me dieran ganas de adelantar. Me gusta que este disco dure media hora, solo son ocho temas que pasan rápido. Hacer un trabajo sin rodeos, canciones más a conciencia, mejor pensadas.

—¿Por qué esperar a esta altura para dejar de ser un “músico emergente”?

—Es que la emergencia no es un género, es un nivel de exposición. Creo que pasa por el proceso de que la música sea menos alternativa. Entonces, en este proceso de ir creciendo e intentar de perfeccionarse, el trabajo merma en la originalidad, pero va ganando en la “escuchabilidad”. Más pop.

—¿Y estás cómodo en este género?

—Claro, porque estoy haciendo un pop que me sienta bien, son canciones que me gustan. En ningún momento siento que hago concesiones o que son para sentirme aceptado. Simplemente estoy adaptando mi trabajo a los formatos más estándar. Pero es el mismo imaginario, la misma sonoridad, solo que mejor pulidas. Aparte, este es el género que a mí me gusta y es lo que escucho. Música melódica y que se me quede para tararear un poco.

pedropiedrainterior

—¿Has tenido problemas por ser Subercaseaux?

—Aquí en Chile siempre te van a clasificar por tu apellido o por el color de ojos, por el colegio. Aunque no paso por alto que hay apellidos que causan más prejuicios que otros. Pero nunca he tenido trancas, no puedo tener rabia, después de todo mi papá es mi héroe, siempre me apoyó en la música.

—Entonces, ¿por qué nace Pedropiedra?

—Durante un tiempo participé en algunos proyectos de hip-hop (CHC y Hermanos Brothers), y los raperos siempre se ponen una especie de seudónimo, ahí me puse Piedra. En un momento que estamos grabando con Zaturno, al final de la canción dice ‘yeah yeah, Pedropiedra’, como que los junto. Me gustó ese nombre y lo conservé al hacerme cantautor porque me parecía interesante tener un apodo de ficción y de personaje, en lugar de mi nombre completo que sería más anticuado y fome.

Así como el rap fue gran parte de su carrera musical, queda claro que no solo de cantar vive Pedro. De hecho, la bateria es su símbolo de devoción. Con ella es que se ha subido tres veces al escenario de la Quinta Vergara, acompañando a quien llama su “hermano”: Gepe. Además de presentarse con 31 minutos y Jorge González. Este último, a quien consideraba ídolo en su más tierna infancia, pero con quien desde 2010 comenzó a trabajar de forma estable.

“No es tan fácil ser Jorge González, una estrella en el oscuro cielo austral”, dice recordando el 3° y 4° verso de su coro. “Acá el que asoma la cabeza por sobre el resto, se la tratan de cortar inmediatamente. Yo no sé si será un mal endémico del chileno o es una cosa del humano a nivel mundial. Pero por lo menos acá, alguien como él que merece tanto respeto y admiración, hay una mitad del país que aún no se da cuenta de su importancia, y no quiere aceptarla porque simplemente no les gusta el personaje que alguna vez vieron dando una entrevista”.

—¿Cómo ha sido trabajar con él?

—Cuando empecé a conocerlo estaba súper emocionado. Después me invitó a ser parte de su banda, fue increíble, realmente es como que te llame Arturo Vidal para jugar un futbolito. Al principio lo veía como un ídolo, pero después comienzas a viajar y se empieza a transformar en un amigo, te olvidas el tamaño de su figura.

—¿Y cómo está la relación actual?

—El está viviendo en su barrio de toda la vida (San Miguel), en un departamento con su papá. Nosotros, los de la banda, lo vamos a ver los viernes para ensayar, cantamos, vemos videos de (Peter) Capusotto. Lo acompañamos, porque está todo el día sentado, escuchando música, dibujando. Está bien, dentro de cómo quedó, ya que tuvo algo bastante grave que lo dejó bien disminuido.

—¿Y sobre el retorno al escenario?

—Se ha conversado, pero aún no llegamos a nada. No sé para cuándo, la verdad. Jorge tiene ganas, pero no es como llegar y armarla. Nosotros también a veces sentimos que debemos cuidarlo, que no se exponga en el estado que está, pero él es súper poco pudoroso con ello. Prueba de ello es que haya aparecido para tocar en el Nada es para siempre el año pasado. A pesar de que creíamos que no era muy buena idea nos tapó la boca y fue muy emocionante. Eso habla de su amor por la música y la resistencia.

—¿En su lugar harías lo mismo?

—Es imposible ponerse en esa situación. Pero yo creo que estaría haciendo lo mismo, al final la música no te suelta nunca. Entiendo que él, en el estado que está, quiera seguir.