Lo ha mencionado en algunas de sus 
lúcidas entrevistas el músico argentino Daniel Melero, a propósito de su mirada crítica sobre los grandes festivales de rock. Sabemos que son espectáculos basados en un despliegue de publicidad y de imagen corporativa que al final del día tienen mucho de extramusical.

Pero, como efecto colateral, la consolidación de ese tipo de festival absorbió además la oferta de otro rock internacional, independiente de esa lógica, alternativo a ese producto. De manera que en un espectáculo como Lollapalooza en Chile ha sido posible ver como cabezas de cartel a exponentes del pop y el rock más comercial junto a múltiples bandas de molde hipster, y en la misma bolsa a nombres tan ajenos a esas ofertas como Foals o Savages y sus sonidos estimulantes, Johnny Marr o Bad Brains y sus credenciales históricas, o simplemente una performer tan pelacable como Peaches.

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Por eso llama la atención la presencia de algunos nombres distintivos entre los anuncios de la agenda internacional de conciertos para el segundo semestre en Santiago. La venida de Swans (3 de agosto), Television (11 de agosto) e Iggy Pop (10 de octubre) aparece como una trilogía inesperada de propuestas que no por nada son antecedentes de ese rock alguna vez llamado alternativo.

Con Swans esa agenda remite a una banda neoyorquina que ya a comienzos de los ’80 estaba tocando noise de guitarra eléctrica a la par que Sonic Youth. Más atrás en la historia, Television aparece como el grupo más noble entre los que se adelantaron por completo al post-punk en la Nueva York de los años ’73 al ’75. Y aún más atrás, Iggy Pop es un abanderado por naturaleza incendiario en la historia del rock, y de paso trae la posibilidad de escuchar en vivo el estupendo disco Post pop depression que publicó hace recién cuatro meses.

En contraste con otras visitas próximas, ya lanzadas con bombos y platillos como Guns N’ Roses, o bien orientadas a un público de lleno noventero como Garbage, estos conciertos, dicho incluso en jerga de marketing, son más “de nicho”, pero lo saludable es que en la industria del rubro haya espacio también para esos gustos de audiencias más específicas. No es una tendencia nueva.

Ya a comienzos de la década pasada pasó por Santiago una serie de músicos independientes desde Stereolab, Mogwai o Tortoise hasta Lemonheads, Jon Spencer, Yo La Tengo, Breeders y varios otros, para tocar en teatros como el Novedades o el Providencia. No hacían falta arenas gigantes entonces para ver rock independiente. Tampoco hacen falta ahora. Mientras no sea el fiasco de los mezquinos 59 minutos que vino a tocar Devo al Teatro Cariola en 2014, un concierto en un teatro siempre va a tener más rock que en un megafestival.