Más allá de haber aparecido a la par de la primera plaga de programas en formato “reality show” entre protagonistas de la fama y operaciones triunfo a comienzos del milenio, algo tenía ese espacio llamado “Rojo” y subtitulado “Fama contrafama” que lo hacía un poco distinto. Y no es que se tratara de música, porque la línea editorial no iba a superar la mentalidad cliché de un productor de TV promedio, es decir: música = gente cantando covers. Era más bien el elenco lo distintivo. Los jóvenes que actuaban y lloraban en pantalla tenían nombres no muy distintos a los de la lista de curso de una escuela cualquiera y planteaban al menos la posibilidad de que la música popular bien pudiera ser eso, fuera de cualquier pretensión snob: personas comunes y corrientes hechas famosas por un “show de talentos” prefabricados en la televisión.

A propósito de ese programa no era rara la tentación de acordarse de la Nueva Ola, que había sido a comienzos de los ’60 un movimiento mediático cuyos cantantes —incluso si se inventaban nombres en inglés— se llamaban Pantoja, Soto, Benavides, Contreras, Peralta o Inostroza y fueron estrellas juveniles de la radio y las revistas, tal como en el nuevo siglo la TV popularizó a los cantantes de “Rojo”, se llamaran Quintanilla, Soto, Martínez, Guerrero, Orellana o Bustamante. Y Bustamante es precisamente el nombre que vale para recapitular ahora esa historia, porque de todos sus compañeros de curso en ese programa, es Monserrat Bustamante la que más lejos terminó por llegar.

Y está también la tentación de pensar que lo logró justo porque se desmarcó del estilo dictado por la TV y ganó el extremo opuesto para emanciparse. Monserrat Bustamante partió por rebautizarse Mon Laferte en homenaje a su apellido materno, se lanzó a probar suerte en México aperrando en vivo en bares y antros, se arrojó a la cara un maquillaje entre dark y romántico y, en los discos Desechable (2011), Tornasol (2013) y sobre todo Vol. 1 (2015), cantó con iguales partes de intensidad, dramatismo y actitud que le han valido logros como la nominación a un Grammy Latino en 2016 o actuaciones en la Cumbre del Rock Chileno y el Festival de Viña de este verano 2017.

Pero oír su éxito “Tu falta de querer” es suficiente para ver el cuadro completo y encontrar lo de Monserrat Bustamante que vive en Mon Laferte, y basta cerrar los ojos para escuchar en la melodía el timbre vocal trémulo de esa ídola nuevaolera que es Cecilia Pantoja. Se habrá puesto más rockera en el camino de su transformación, pero lo que hace única a Mon Laferte es la combinación con ese ADN apasionado que ha sido siempre sinónimo de canción popular chilena.