Es 15 de mayo de 1990, el mundo recién se recupera de los peinados y colores de los ’80, y una voz potente suena por la radio. Una mezcla entre Whitney Houston y Barbra Streisand, con esa capacidad de hacer que una sílaba contenga una decena de notas y de pasearse como si nada por la escala musical. La canción se llama Vision of Love y es el debut de Mariah Carey ante el público.

Las notas musicales, de do a si, componen una octava. Una cantante de ópera usualmente puede cantar de dos a tres octavas, y sólo en esta canción, Carey conquista cuatro (su registro vocal completo es de cinco). Esta hazaña, sumada al éxito comercial del sencillo y a una letra que hasta hoy es descifrada por críticos, elevaron este tema a estatus de himno, uno de los tantos que interpretará por primera vez en Chile este 30 de octubre en el Movistar Arena, cuando presente su tour “The sweet sweet fantasy”, donde repasa sus éxitos e incluso tiene un dueto virtual con la fallecida Whitney Houston.

Desde esos tempranos noventa, la performance vocal de Carey se convirtió en un ideal para la escena pop. Su amplio rango vocal y sus baladas poderosas eran el modelo a seguir para las aspirantes a estrellas.

“Apenas escuché Vision of Love quedé impresionada por su voz. ¿Cómo hace esas acrobacias? Era una de las primeras veces que escuchaba esas escalas y quise imitarlas. Fue realmente una inspiración. Es la persona que me hizo querer cantar”, declaró Beyoncé a MTV.

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Christina Aguilera, Tori Kelly, Justin Bieber, Sam Smith, Mary J. Blige, Leona Lewis y Rihanna son otros que han mencionado a Carey como una influencia decisiva en sus carreras. Esta última reconoce haberse sentido llamada al mundo de la música tras escuchar a Carey. Una de las primeras apariciones televisivas de la barbadense es en un programa de canto, interpretando Hero, uno de los hits más conocidos de Mariah.

Aguilera, por su parte, fue comparada con Carey desde el inicio, particularmente por su similitud con las inflexiones vocales de la cantante. Aunque mantienen una especie de rivalidad mediática, la intérprete de “Beautiful” ha afirmado que Mariah es una de las razones por las que se interesó en cantar y una de sus grandes modelos a seguir.

Pese a siempre ser comparada a vocalistas como Barbra Streisand, Celine Dion o Whitney Houston, Carey tiene a su favor su calidad de creadora de la gran mayoría de sus canciones.

Más allá de su rango y técnica vocal, Mimi también puso sobre sus hombros el peso de ser una compositora. Desde su debut insistió en escribir su propio material. Así es como llegó a componer 16 de sus 18 Nº1 en Billboard, e incluso a producir 12 de ellos; ambas cifras récord para artistas femeninas.

Tal vez por su personalidad, su historial de lujos o sus atuendos excéntricos, el talento de Mariah ha sido dejado de lado, pero lo cierto es que quienes han trabajado con ella dan fe de su musicalidad nata.

Walter Afanasieff es un productor que, además de Carey, ha trabajado con Lionel Richie, Toni Braxton y Andrea Boccelli. En abril contó a Billboard su experiencia colaborando con ella: “El asunto con Mariah es que es una maestra melódica, lo que se conoce como una ‘compositora de primera línea’. Ella puede empezar, de la nada, a cantar melodías y escribir la letra al mismo tiempo”.

Esta mezcla entre compositora, intérprete y diva escarchada influyó a toda una camada de artistas que buscó llegar a ese lugar. Ariana Grande, quien ha sido llamada la “mini Mariah”, es un ejemplo.

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Con un catálogo que la tiene como compositora y productora en varios temas, una voz potente que, en pasajes, recuerda el carácter vocal de Mariah; la gesticulación excesiva al cantar, Grande es un testimonio de la influencia musical y simbólica de Carey, incluso en artistas nuevos.

Y si bien Mariah se hizo conocida por sus baladas y canciones inspiracionales, uno de sus legados más importantes y menos reconocidos es el giro que le dio, en los ’90, a la música pop.

Los A*Teens, los Vengaboys, Britney Spears y Aqua fueron algunos de los representantes del pop chicloso y techno que dominó la escena noventera. Mariah se mantuvo en el adulto contemporáneo durante gran parte de la década, pero en 1997, con su disco Butterfly, su carrera (y el mainstream) cambiaría para siempre.

Abandonó los vestidos largos y lo cambió por un look natural y urbano. Al mismo tiempo, dejó las baladas e incorporó a raperos y bases rítmicas del R&B a su música.

“Nací en New York, crecí escuchando rythm and blues y hip-hop, entonces este es un giro natural para mí”, dijo a Oprah.

De pronto, los canales de música juvenil y las estaciones de pop empezaron a tocar hip-hop, las cantantes que hasta entonces hacían canciones sobre sus novios de secundaria ahora ponían a raperos en sus videos. Jennifer Lopez, Thalía, Nicole Scherzinger, Mary J. Blige y otras lo hicieron; pero fue Mariah la pionera.

Lisa Lopes, fallecida cantante y rapera del grupo TLC, señaló a MTV que fue Mariah la fundadora de ese género al que llamó “hip-pop”.

Lo que ocurrió fue que el pop se tiñó de elementos que hasta entonces eran casi exclusivos de la comunidad afroamericana. Las bases rítmicas urbanas, la potencia vocal y el soul se hicieron necesarios para alcanzar el éxito en un universo pop antes exclusivamente limpio y gentil.

En 2006, Sasha Frere-Jones, editora del New Yorker escribió que a fines de los ’90, gracias al trabajo de Mariah “se convirtió en un estándar para estrellas como Missy Elliott o Beyoncé combinar versos cantados con versos rapeados. Y estrellas pop blancas como Britney Spears, N’Sync o Christina Aguilera han estado haciendo, por 10 años, música pop que en realidad es R&B”.

Desde Queen B hasta Britney, desde las voces hasta la imagen, la influencia de Mariah, la diva de divas, está presente casi en todos los rincones del mundo. O por lo menos, en casi todos los rincones del pop.