Lo cómico del asunto es que ante la expectativa del mundo, fue la propia Iman (57) la que deslizó, entre líneas, la posibilidad de que el músico volviera a los escenarios tras una década de retiro luego de tener problemas cardíacos durante su Reality Tour. “Tenemos una hija de 12 años, en edad escolar, así que estamos varados, no podemos viajar. Ella define nuestra agenda, así es que no sé. Podríamos visitarlo, pero no vamos a poder ir de gira con él debido a que ella debe ir a la escuela”, contó la modelo a la revista Grazia diciendo, sin decir, que el músico podría volver a escena. Gracioso también porque para Iman, Bowie es Bowie, y no su marido. “A ese señor ni lo conozco”, ha planteado enfática y juguetona. Su esposo, con el que se casó en 1992 en Suiza, no es el rey del glam, sino que simplemente David Jones (nombre real del artista). “Yo estoy casada con David Jones. Son dos personas diferentes por completo”, expresó hace un par de años, cuando le preguntaban sobre su matrimonio, que ella asegura “es uno de esos de verdad”.

EL SEÑOR Y LA SEÑORA JONES CUMPLEN 21 AÑOS CASADOS en junio y hace poco ella reveló que la clave de un matrimonio feliz es “la comunicación y tomarse tiempo para pasarlo bien juntos”. Y separados también. La maniquí, la primera top model negra, fue descubierta en los ’70 por el fotógrafo Peter Beard a los 19 años en Nairobi, donde estudiaba Ciencias Políticas y a la que le inventaron una historia que decía que había sido pastora de cabras y que no hablaba una sola palabra de inglés, cuando en realidad hablaba cinco idiomas y era hija de un embajador.

Por estos días Iman prepara el lanzamiento de una nueva crema de su firma de cosméticos (www.imancosmetics.com), empresa avaluada en 16 millones de euros que, además, auspicia el esperado Motown the musical, en Broadway, sobre el sello musical que promovió a artistas afroamericanos como Stevie Wonder, The Supremes o The Jacksons Five.

Sobre Alexandria, su hija adolescente y las posibilidades de que siga sus pasos en el modelaje, Iman es cauta: “Sólo quiero que sea una niña, vaya al colegio y termine esa etapa primero. Siempre he tenido terror por las chicas jóvenes porque es fácil dañar su autoestima”.

Y aunque en la casa de los Jones la mujer de origen somalí es la que manda, Bowie, el hombre que pasea como hijo de vecino, con lentes oscuros y sombrero por Nueva York, es el que tiene revolucionado al mundo de la música y la cultura.
The Next Day —que produjo durante dos años junto a Tony Visconti, con quien había colaborado en los clásicos The Man Who Sold the World, Diamond Dogs, Young Americans, Low, Heroes, Lodger y Scary Monsters en los ’70— es el último batatazo del “duque blanco”. Y sin mucho andar, ya se le considera en Gran Bretaña como el disco del año.

Mientras, la exhibición David Bowie is, que se presenta hasta el 11 de agosto en  el Victoria & Albert Museum de Londres, da muestras de la incontrarrestable influencia del músico en el mundo de la moda y la estética. Fotografías de Brian Duffy, Terry O’Neil, Helmut Newton, rescates de videos, películas, conciertos y manuscritos de las canciones mostrados como collage ya son visitados por hordas de famosos y freaks que se siguen inspirando en este rompeesquemas. Más de 300 trajes y accesorios con cortes marcianos, vestidos para hombres, maquillaje andrógeno adelantado a su época; sus colaboraciones con Marcel Marceau, el rayo trazado en su cara por el maquillador Pierre La Roche y los diseños de Alexander McQueen se ven en la galería, donde peregrinan fans y estudiosos para ver la historia de una leyenda viva.

Su disco está en los primeros lugares de los charts, la muestra en el Victoria & Albert Museum vendió 50 mil entradas mucho antes de su apertura… Sólo falta que el camaleón saque a pasear su micrófono. Y si tenemos suerte, se acuerde de Chile, donde ya tocó en 1990 y 1997.