El grupo Los Tres, que firmó contrato para presentarse en el próximo Festival de Viña era por completo diferente al grupo Los Tres que terminará subiéndose al escenario de la Quinta Vergara la noche del domingo 23 de febrero. Si la cita original con los de Déjate caer planteaba algo así como un reencuentro cálido y en plan wurlitzer, lo que se avecina será un desafío mayúsculo en su trayectoria, y para el que los grandes éxitos acumulados en siete discos ya no son garantía de buena acogida.

Miren todo lo que puede suceder en un mes: el histórico guitarrista del conjunto, Angel Parra, confirma su salida por voluntad propia, y la promoción de lo que debía ser el single de adelanto de un disco esperado les explota en la cara como un error promocional garrafal, que hasta se malentiende como apología al femicidio. Ya no basta con cantar: Los Tres deben, ahora, defenderse.

Una de las características esenciales del pop es su dinamismo: si hay algo con lo que el género es implacable es con la reacción tardía. Muchos de los códigos que al grupo chileno más importante de los años noventa le funcionaron en su ascenso y en el forjado de su identidad, no son ya los eficaces en un panorama musical que ha cambiado radicalmente desde sus tiempos de gloria radial. La mala idea del grupo y Boris Quercia para el video de Hey, hey, hey radicó, en parte, en no haber previsto que muchos de los guiños que por años les dieron su carácter son hoy clichés gastados de una lectura del rock probablemente muy rígida para tiempos de rabiosa defensa de la propia autenticidad.

Del mismo modo, el silencio que alguna vez distinguió su altanera autoconfianza no es ya el escudo de independencia necesario en una industria llena de intermediarios que entonces resultaban inesquivables, pues la nueva escena de cantautores ha hecho precisamente de su llaneza el sostén de su autonomía. No podemos juzgar el presente de Los Tres hasta no escuchar el disco que han prometido para mayo (el primero suyo en cuatro años) y aún confiamos en dejarnos sorprender por la promoción en vivo que lo rodeará. Pero los signos de estas semanas son elocuentes de una verdad pop tan grande como una discoteca: al centro de la pista no caben los de los reflejos lentos.