El brillo en los ojos lo delata. No aparece ante los discos rockeros esperables —los de Led Zeppelin, los de los Doors—, pero sí que se encienden con uno de Sandro, de Raphael, de Camilo Sesto. Antes que como guitarrista aplicado, o incluso más que como el escolar de lúcida articulación política en desarrollo que sin duda fue, la serie Sudamerican rockers ha elegido presentar a Jorge González como un sentimental. Un completo y rematado romántico. Suspiros por la vecina, pucheros por la vendedora, miradas de reojo a la novia del amigo. Para la pauta de un guión en proyecto es imaginable que tal sesgo pudo parecer un riesgo, pero ahora que la serie de Chilevisión ya está en marcha —y que sus muchos desvíos ficticios se comprenden perfectamente como los de un relato sin intención documental— el peso de íntima emocionalidad con el que se ha cargado al protagonista se hace natural, y hasta esperable. 

La motivación hormonal que guía los balbuceos de toda banda de rock suele ser un dato que pasan por alto los biógrafos más tarde admirados de sus conquistas, pero no por eso deja de ser información relevante. En el caso específico de Los Prisioneros, la canción romántica latinoamericana de los años sesenta y setenta fue también opción estética, distintiva para la construcción de un tipo de canto social que sabía que cualquier arenga crítica no podía prescindir del sentimiento noble de lo afectivo. Muchos de los nombres relevantes en nuestra canción han aprovechado también la retórica amorosa para esa doble función de complicidad popular y distinción estilística. Hasta Patricio Manns ha compuesto y cantado boleros. Y así, algo que en los años ochenta podía parecer tan impensable como ubicar a Los Prisioneros en una misma línea de continuidad con Los Angeles Negros hoy se nos hace de toda justicia. Hay varias cosas interesantes en Sudamerican rockers —por lo pronto, el actor Michel Silva en el papel del líder—, pero acaso esa carga de emocionalidad popular inscrita en la esencia del trío de San Miguel sea la más distintiva en el guión coordinado por Luis Emilio Guzmán. En la eterna discusión sobre la identidad de nuestra música popular, acaso la chilenización de casi cualquier género vía sentimentalismo sea una clave certera de aliento al debate. Los Prisioneros también como ensayo de balada-punk. Por qué no.