Cada temporada tiene sus protagonistas en materia musical. En anteriores, por ejemplo, asistimos al revival del sonido new wave, el auge de la electrónica de la mano de la EDM, o la emergencia de una nueva escena de cantautores intimistas, entre otras tendencias. Todo ello quedó plasmado en discos que hoy forman parte de nuestras discotecas virtuales, y en otros que con mayor o menor velocidad terminaron pasando al olvido.

Eso último pasará también con varios de este año, incluso cuando hubiéramos querido otra cosa (Blondie, U2). Pero otros sobrevivirán, impulsados por su categoría de fenómenos (Mon Laferte), por un fuerte simbolismo (como el regreso al disco de Roger Waters después de 25 años) o gracias a un lento trabajo de expansión, que quizás rinda sus frutos en varias temporadas más, sobre todo en plazas lejanas como la nuestra (anoten nombres como SZA, Perfume Genius, Broken Social Scene y Alvvays, por nombrar sólo algunos).

Entre los más conocidos, varios lograron dejarnos con un muy buen sabor de boca, tras darnos lo que de ellos esperábamos, o incluso más: Gorillaz, Beck, Jamiroquai, Soulwax, Calvin Harris, Queens of the Stone Age y The National, fueron algunos en este apartado.

Pero el podio a los mejores siempre debe tener acceso a pocos, y desde esta tribuna partiremos ubicando allí a dos foráneos: Kendrick Lamar y LCD Soundsystem. El primero, uno que remeció la escena hip hop hace casi tres años con el disco “To Pimp a Butterfly”, y que este 2017 volvió a hacer lo propio con “DAMN.”, un álbum en que refina su mezcla de elementos en apariencia incompatibles (es tan crudo como sofisticado), y que sigue expandiendo los límites de un género que ya se veía necesitado de movimiento.

“American dream”, de LCD Soundsystem, cuenta con el aval de ver a James Murphy desempolvando una marca que para muchos es definitoria, y respondiendo a esa expectativa con un set de canciones que se ciñen a su máxima: Incluso dentro de un paisaje aparentemente estrecho, logra sumergirnos en un viaje sideral.

El podio nacional, en tanto, también lo dejaremos en dos manos: Mon Laferte y Fernando Milagros. De la primera, podrá pensarse que su año de gloria obliga a incluirla en un apartado como éste, pero eso sería sólo una media verdad. Porque “La trenza” es un álbum que cautiva tanto como emociona, gracias a piezas que nos permiten recorrer nuestra propia historia sonora y emotiva, con anclaje en folclor, valses, cumbias y boleros. Un álbum impregnado de añoranza, nostalgia y gratitud, que homenajea al pasado, pero que también logra engrosar un catálogo que creíamos cerrado.

Fernando Milagros, por su lado, sigue subiendo escalones con “Milagros”, un disco que profundiza en los caminos que el artista venía recorriendo con “Por su atención gracias” (2009), “San Sebastián” (2011) y “Nuevo Sol” (2014), en cuanto a la búsqueda de sonoridades y desafíos de producción, sin abandonar los límites de la cantautoría. La música de raíz, eso sí, parece esta vez más presente, aunque siempre como un recurso que el chileno moldea bajo su lógica, para dejarnos en claro que esta es, finalmente, música del siglo XXI.

Ojalá estas cuatro placas y las demás mencionadas, ya estén presentes en las listas de quienes disfrutan cada vez que el universo musical se amplía. Y, si no, nunca es tarde para incluirlas. Les aseguramos que llegarán a ellas para quedarse.

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