Para muchos, es el momento que hace olvidar todos los trámites, tacos y obligaciones de la llegada de marzo. El 29 y 30 de este mes, en el Parque O’Higgins, aterriza por cuarta vez Lollapalooza, punto de encuentro del mainstream musical que para esta edición espera convocar a 160 mil personas.

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El cartel de 2014 es imperdible. Red Hot Chili Peppers, Soundgarden, Nine Inch Nails y Arcade Fire encabezan el cartel, que será engrosado con nombres como New Order, Pixies, Johnny Marr, Vampire Weekend, Jake Bugg, Julian Casablancas, Lorde y Café Tacvba, entre otros.

Pero Lollapalooza ya es un veterano. Partió en 1991, cuando Perry Farrell, el carismático líder de Jane’s Addiction, decidió emprender una ambiciosa gira de despedida de la banda. Así, el festival recorrió diversas ciudades de Estados Unidos y Canadá, con Siouxsie & The Banshees y Nine Inch Nails (NIN) como potentes invitados.

La excusa del adiós cimentó, absolutamente, la continuidad del show. En plena ebullición del fenómeno grunge, la edición de 1992 incluyó como números principales a Soundgarden, Pearl Jam, The Jesus and Mary Chain y Red Hot Chili Peppers.

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Para Farrell, el empresario detrás de esta maquinaria, congregar en Santiago a NIN, Soundgarden y RHCP —a más de dos décadas de la génesis de este megaconcierto— será un acontecimiento mágico: “Tengo una emoción especial… Los músicos son muy interesantes para las personas. Nosotros seleccionamos bandas por su inteligencia, por sus años de carrera. Pasa algo sorprendente con ellos: Mejoran todo el tiempo; son como el vino. Los clásicos de estos artistas que estuvieron en Lollapalooza ’91 y ’92 continúan mejorando, sobre todo cuando utilizan cosas electrónicas en sus shows. RHCP y Soundgarden nos dieron la oportunidad de regresar al rock.  Y eso fue increíble, porque ellos ahora son héroes. ¡Trabajábamos hablándonos con la verdad y creamos una nueva escena del rock!”.

Tal como Woodstock en 1969, que reunió a músicos como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Santana y Joan Baez, Perry —inspirado por tamaño hito de la era hippie— quiso reclutar a un séquito de amigos bajo el mismo lema de paz y música.

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“Quería crear un festival como Woodstock. Pero éste sólo se realizó en Nueva York, y no viajó. Mientras que Lollapalooza sí viajaba y transportaba a mucha gente… El rock podía ser considerado, a veces, un poco trivial, superficial. Pero algunos grupos de la era dorada tuvieron grandes oportunidades, como The Clash, Pixies, NIN, Jane’s Addiction, Red Hot Chili Peppers. Todos sonábamos diferentes, pero nos apadrinábamos musicalmente”, rememora él.

Lollapalooza no sólo es la pasarela soñada para ver desfilar a cuanto conjunto del momento; también intenta cuidar el ecosistema a través de campañas de reciclaje y neutralización de emisiones de CO2. “Quería una compañía ecologista que realmente se preocupara del medio ambiente. Amo demasiado el mundo. Me encanta hacer deportes outdoors, surfear, el snowboarding. Quiero que la Tierra esté fresca. Me gustaría que el ser humano fuera capaz de dejar de dañar la naturaleza”, sentencia.

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Además de esto, otro suceso trascendental en la historia del festival fue desembarcar en nuestro país, plataforma que más adelante sirvió para incorporar a Brasil y, ahora, Argentina: “Llevar Lollapalooza a Latinoamérica ha sido maravilloso. Empezar por Chile nos abrió el camino para el resto de Sudamérica. ¡Ha sido genial trabajar juntos! Deseaba que Lollapalooza fuera un lugar donde se encontraran muchos artistas internacionales; que pudiéramos viajar por el mundo, respirar música. Quiero que el mundo esté reunido, con paz y música, y algo de todo eso comenzó en Santiago”.

Pero los anales de Lollapalooza también comprenden capítulos amargos. En 1994, y en la cúspide de su trayectoria, Nirvana aparecía como headliner del certamen, junto a The Smashing Pumpkins y Beastie Boys. Pero el 7 de abril de ese año, los de Seattle desistieron a participar. Un día después fue hallado el cuerpo de Kurt Cobain. Ante la enorme pérdida, el show debía continuar. Y el mejor reemplazo fue Courtney Love, viuda del intérprete de Smells Like Teen Spirit, quien en cada presentación hablaba de su dolor.

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Por otro lado, el festival ha lidiado con otros conflictos. Primero, existió un hiato entre 1997 y 2003. Después, vino la cancelación en 2004, debido a la baja venta de tickets. Ya en 2005, el evento abandonó aquella esencia itinerante y se instaló en Chicago. En 2013 hubo otro momento difícil: La suspensión de Lollapalooza en Tel Aviv, Israel. Pero Perry Farrell y sus colaboradores han salido adelante, airosos.

“Uno aprende todo el tiempo. Uno aprende a relajarse con la música… El mundo puede ser un buen lugar para un músico. Aunque, a veces, uno se siente retrocediendo, o dando el siguiente paso. ¡Es muy difícil tener una carrera extensa!”, indica.

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—¿Qué se viene para Lollapalooza a futuro? ¿Pretende sumar otros países?
—Sí, es mi sueño sumar otros países. Es genial trabajar juntos en pos de la música. Nuestro deseo es tener una fiesta en Sudamérica, tener una fiesta en Europa, tener una fiesta en Estados Unidos. Lo que estamos haciendo es construir algo hermoso para los músicos. Ellos viajan por el mundo y entregan un mensaje de paz. Si lo que quieres es traer paz al mundo, debes reunir a la gente, hacer que socialice, que beba, coma, ¡hacer una fiesta juntos! Aunque seas diferente, te sientes como una persona. Nuestro plan es girar alrededor del mundo, esperando hacer más fiestas grandes. Así, el mundo puede estar más unido, con paz y música.