Al concluir una nueva edición del Festival Internacional de la Canción de Viña, varias son las conclusiones que se pueden sacar, tanto en lo musical como en lo organizativo.

Para empezar hay que reconocer que pese a los años, el evento no pierde fuerza como atractivo del verano. De hecho, con la llegada de Chilevisión y el cambio de fechas para fin de mes, se ha consagrado como una suerte de cierre de la temporada estival.

Este año, la apuesta fue por las llamadas noches temáticas, lo que tuvo sus aciertos y errores. En los primeros, por lejos la mejor jornada fue aquella que reunió a Lionel Richie y Rick Astley. El potente “nicho” de los ochenta sigue dando dividendos y en esta ocasión con un exponente como Richie que venía de ser homenajeado en los Grammy y que este 2016 anuncia una gira con “ todos sus éxitos “. Lionel Richie dio una clase magistral de cómo entretener a la Quinta y echárselos al bolsillo con una batería de éxitos que no daba respiros. El oficio del norteamericano cuya sencillez resulta admirable por lo grandiosa de su figura, dejó a todos encantados y ratificó que un número de esta trascendencia se hace obligatorio cada año en Viña del Mar.
Rick Astley no se quedó atrás en calidad, el tipo mantiene un gran registro vocal y su empatía con Chile fue tal, que hasta se dio el gusto de descorchar uno de nuestros mostos sobre el escenario.

La noche romántica cumplió, con un Marco Antonio Solís que tiene un público cautivo y Ricardo Montaner que se reconcilió con la Quinta.

Quien no necesita reconciliarse con el público porque pasa por un gran momento televisivo es Lucho Jara. Al éxito de su matinal en Mega sumó una actuación solida en Viña del Mar.

El fenómeno reggaetton o música urbana como le gusta a algunos, me resulta más difícil de entender, si bien su utilidad no es otra que entretener, la verdad es que los exponentes que pasaron por Viña este 2016 dejaron mucho que desear. En el caso de Nicky Jam, sus paupérrimas condiciones vocales lo dejaron en evidencia y se convirtió en uno de los papelones del verano. Mientras Wisin, hizo esfuerzos sobre naturales por disimular el playback en su interpretación.

En el caso de Don Omar tuvo un ingrediente de dramatismo por su atraso en llegar a Chile. Al final su show, fue forzado y hasta fome comparado con Wisin, pero al menos de los tres ,es el que más hizo por cantar.

El humor es caso aparte, ya en otras ocasiones he dicho que Viña es como una kermesse escolar donde hay espacio para todos y por lo mismo podemos encontrar desde soberbias representaciones de la realidad como la de Natalia Valdebenito a un asesinato de imagen en vivo, como fue el caso del show de Ricardo Meruane. Lo de este último es digno de análisis, me convencí que para él, es más negocio fracasar en Viña que tener éxito. Y por lo mismo, lejos de dramatizar el verdadero circo romano que vivió, se limitó a dar explicaciones al igual que un entrenador después de una goleada.

Un parrafito para otros destacados. Me gustó lo de Ramazzotti que trajo a una de las mejores bandas que se recuerde en Viña, lo que le valió un sonido potente y estremecedor. Y lo de Javiera Mena para el debate. Le tocó un día difícil , vivió un chascarro gigante con Alejandro Sanz días antes de su show, pero lo que más le valoro es que se la jugó. Todavía es una artista de nicho, como muchos de la generación de recambio en Chile, ya le pasó a Gepe y Nano Stern y probablemente le habría pasado a Fernando Milagros, Astro o Ases Falsos. Lo de Javiera es un buen paso en su carrera, es una gran artista y seguro en Lollapalooza brillará para un público que sabrá entenderla y valorarla más que el de Viña.

Al cierre recordar que todavía sigue siendo un Festival de la Canción, lástima que probablemente el próximo año se recordará más el piscinazo de la reina Luli, que a las ganadores de ambas competencias.

Comentarios

comentarios