También de la importancia de la comunidad gay en su carrera y ese impulso que la mantiene en el escenario.

“¡Hola, soy Liza!”. Sí, se presenta. Minnelli, a los 66 años, es uno de los mitos de la industria del entretenimiento. La definición andante de una diva, referencia de cualquier aspirante a estrella, icono gay planetario, musa de generaciones de diseñadores de moda. Y, sí, considera que necesita presentarse.
Este es el tercer intento por comunicarnos. La artista tuvo un duro golpe que frustró las otras tentativas. Porque aunque en esta ‘cita telefónica’ desde Nueva York suena chispeante y muerta de risa —llena de darlings, honeys y sweeties—, todavía está de luto tras la muerte el mes pasado de su amigo y confidente, el legendario compositor Marvin Hamlisch. “Mi corazón todavía duele. Era una de las personas más cercanas desde los 14 años. Confiaba demasiado en él; tanto así que lo designé legalmente responsable de mí en caso de que pasara algo”.
Con un historial marcado por caídas y adversidades —cuatro matrimonios fallidos, adicciones y hasta una encefalitis que en 2000 amenazó con postrarla—, la actriz ya sabe como darse ánimo tras este reciente obstáculo. Sigue adelante. Y viene a Santiago con un show en el Movistar Arena. Su tercera vez en Chile, donde le dejamos una peculiar impresión: “Lo que me acuerdo de Santiago es la calidez de sus personas y su sentido de la moda. Era realmente hermoso. ¡Quiero ir de compras por la ciudad! Me encanta ir de shopping y encontrar ropa, ya que en el escenario tengo que sentirme libre”.
Fue musa del diseñador Roy Halston. “Era mi favorito, siempre me hacía pantalones para que pudiera moverme bien frente al público. Eran increíbles y todavía uso sus modelos”.
—¿Busca nuevos diseñadores?
—Hay muchos modistos nuevos que me gustan. ¡Un montón! Generalmente me las arreglo para usar a la mayoría de ellos. Es demasiado entretenido. Me encanta salir y explorar en los colgadores hasta encontrar aquella prenda que me llama la atención. ¡Y vivo en Nueva York, centro de la moda!

ESA ES LA LIZA LUMINOSA. La que nació para ser venerada y pararse bajo las luces de un escenario. Con padres pertenecientes a la elite de Hollywood, Judy Garland y Vincent Minnelli, no tenía otro destino: “Mi madre me dio el empuje y mi padre los sueños”, dice con tono nostálgico.
Más emotivo es escuchar de su boca una de las anécdotas clásicas con las que explica el origen de su nombre y, de paso, la predestinación de su carrera. “Mi mamá estaba embarazada y se despertó en medio de la noche. Mi papá le preguntó qué le pasaba. Ella respondió: Liza Minnelli… Sí, ese nombre se vería increíble en una marquesina”. Todo estaba dicho. 66 años más tarde ha ganado todos los premios del espectáculo: Oscar, Globo de Oro, Emmy, Tony y Grammy. Pero a un costo no menor.
—Ahora vivimos en una sociedad-reality, pero décadas antes usted creció frente a las cámaras.
—Por mis padres. Siempre había prensa alrededor. Y me herían cuando leía cosas que escribían sobre mi madre. Cuando era una niñita a veces llegaba a la casa llorando. Mi mamá me decía: Calma ¿qué es lo que pasa? Y yo empezaba (actúa un llanto), es que vi esto en los diarios y sé que no es verdad. Entonces, me aconsejaba que permitiera que dijeran lo que quisieran: nosotras, por mientras, vamos a salir a comer hamburguesas. El mejor consejo que alguien me ha dado.
—Se dice que Marilyn Monroe le dio otro consejo bueno: mantenerse en movimiento.
—Sí, pero realmente fue mi padre quien me lo dio primero. Da lo mismo la persona, porque soy muy buena escuchando lo que me dicen.
—La describen como una sobreviviente.
—Todos somos sobrevivientes. Si lo pensamos, las personas cada día pasan por tantas cosas. Se busca llegar a un punto en que ves todo lo que has superado.
—¿Se arrepiente de algo?
—Ay, amorosa, ¡quién no tiene algo de que arrepentirse! (carcajadas). Uno tiene que vivir el día a día. Cada mañana es un nuevo comienzo. Y agradezco a Dios todas las noche por lo que pasé. Lo digo en serio.
—¿Qué piensa de que exista un musical sobre su vida en Irlanda? ¿Es raro, halagador?
—Honey, nunca nadie me preguntó por ese trabajo. Me encantaría ir para ver qué tal es. No sé cómo sentirme. Igual me parece estupendo. ¿Cómo se llama?
—Under the rainbow, the Liza Minnelli Story.
—No, por favor, el título es muy siútico.
A Chile aterriza con su disco Confessions (grabado en 2010 mientras se recuperaba de una cirugía a la rodilla, uno de sus tantos problemas físicos) y con un show armado de éxitos clásicos, incluidos los de Cabaret, la película que le dio el Oscar y que celebra 40 años.
—¿Cómo esa cinta la define hasta hoy?
—Recientemente fui al reestreno de la versión remasterizada. Y juro por Dios que pienso que Bob Fosse (director y afamado coreógrafo) era un genio. Este filme pudo hacerse ayer o mañana.
—¿Sally Bowles aún vive en Ud.?
—Creo que sí. Fosse me ayudó a encontrarla.
El realizador le dio el papel, pero su padre la impulsó al look que mantiene hasta hoy. “Me dio la idea de mi pelo corto. Cuando estaba preparándome para Cabaret, todas las actrices se veían como Marlene Dietrich. Pensaba dejarme crecer el cabello y teñirlo rubio. Mi papá me explicó que existían grandes estrellas trigueñas, como Louise Brooks. Me mostró fotos de todas esas artistas. El siempre me estaba abriendo mundos”.
—Ha ganado todo, ¿todavía la inquieta algo?
—Claro, tengo mucha energía y soy curiosa por todo: moda, gente, nuevas canciones y bailarines. Si te das el tiempo para mirar alrededor, te das cuenta de que están pasando muchas cosas.
—¿Proyectos nuevos?
—Vamos a volver con Arrested development (comedia de TV), pero como una película. Además, hay un nuevo disco que todavía no sale al mercado y que fue producido a propósito del aniversario de Cabaret.
—Siendo una de las máximas divas existentes, ¿hay alguna artista que le llame la atención?
—Pienso que Lady Gaga es maravillosa. Es una gran música, estupenda cantante, visiblemente sabe lo que está haciendo y es el ejemplo máximo de una showoman. Madonna era como ella. Son mis amigas. Las dos se me acercaron para decirme que me idolatraban.
—¿Cómo es una reunión con ellas?
—Conversamos de todo lo que hablan las chicas. Pero no usamos maquillaje, ni nos arreglamos el cabello. También salimos de incógnito con gorras de béisbol.
—¿Hace reuniones en su departamento?
— Sí, generalmente con músicos. Gente maravillosa. Obvio que hay menos presión cantando con amigos. A veces tengo a Tony Bennett a un lado, al otro a Barbra Streisand y, un poco más allá, alguien que todavía no es famoso pero que es magnífico.
—¿Cuál es el rol de la comunidad gay en su vida?
—Creo que ese nexo tiene que ver con sentimientos. El mundo gay ha pasado por cosas duras que el resto de la gente no: como no ser entendidos, restricciones, prejuicios, entre otros obstáculos. Y, por mi parte, también he pasado por tiempos duros… Por eso creo que se sienten identificados.
—¿Ve el día en que diga el show no continuará?
—No. Amo esto y amo al público

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