Diecisiete años después de que Jorge González viviera en Manhattan luego del primer quiebre que tuvo con Los Prisioneros, estrena su primer disco en inglés bajo el seudónimo de Leonino. La presentación del álbum, un único e íntimo concierto en el Museo del Barrio, ubicado en la zona del East Harlem en Manhattan, sirvió para conocer una nueva faceta del artista más curioso y multifacético de la escena musical chilena. Leonino a.k.a. (acrónimo de also known as, también conocido como) Jorge González es una nueva oportunidad que se da el cantante para permitirse cambiar. Sus mensajes a menudo son directos y sus referencias claras. El nombre Leonino viene por la fusión del nombre de sus hijos Antonino y Leonardo.


“I´m not the sound, I´m the thunder” (“no soy sonido, soy un trueno”) repite Leonino en el coro de “Not a sound”, una de las canciones del disco Naked tunes. Para tratar de entender la nueva apuesta personal y musical de Jorge González, teniendo en cuenta lo reacio que ha sido en dar entrevistas a medios sudamericanos, es necesario rastrear y seguir las pistas que ha dejado en las declaraciones de sus autoentrevistas colgadas en la web y en las letras de sus nuevos álbumes.


“Pareciera que los artistas no pueden cambiar. Leonino me lo inventé porque Jorge González me pesa. O sea, soy un ser de carne y hueso, pero se me define por eso, por mi nombre. Pero cómo vas a saber quién soy, si ni yo sé quién soy yo. No tengo ganas de definirme. Quiero tener la oportunidad de todos los días definirme, ser una hoja del viento. No quiero tener una identidad, hasta ahora nunca la he tenido y me ha ido bien, me ha ido la raja”, dice.


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Las pulsiones que en general entrega el arte con respecto a la vida son los tópicos recurrentes que Leonino se permite reflexionar en las breves intervenciones que tiene en el escenario y con la prensa; la identidad, la memoria, la locura, el fracaso y el éxito. Pero es básicamente al amor, el amor entre personas, pero también al amor a la música que lo ha influido, lo que asoma sobre todo en su música y en su discurso. “Desde Gary Numan hasta Soft Cell. Esa es la música que me gusta. La música popular gringa es espectacular: la mezcla de gente, el nivel de espectáculo. La mezcla racial y los negros la hacen así. Creo que Chile fue el único país en Sudamérica donde la música negra pegó. Debido a la censura de los milicos, no había ni llegaba tanta música en español, así que se escuchaba soul y disco, a Donna Summer, Barry White y los Bee Gees. 


A mí me encantaba el R&B, el góspel y el country. Eso me influyó mucho. Esto se sumó luego a que estuve viviendo tres años en Nueva York en los noventas, donde estaba el mejor R&B, el hip hop y el buen house”.


“Naked tunes es para un público que no me conoce. Mi intención es que esté dirigido al mercado gringo. No quiero que Naked tunes se difunda en Chile. Que ni se enteren. Es para pura mala onda, es un disco en inglés y en Chile ni se habla inglés. No quiero que se promocione allá”, explica.


Consciente de lo necesario del alejamiento para la obtención de una perspectiva —“Las cosas no se pueden ver porque están muy cerca. Por eso no veíamos lo bueno que éramos al principio de Los Prisioneros”, dice— desde hace unos años se puede ver en González la búsqueda de enfrentarse a sus temores y a sí mismo. En el proyecto de los Updates, uno puede encontrar mucho de esto; “A qué le tiene miedo aviador”, dice uno de sus temas más conocidos.


Naked tunes se enmarca en ese periplo relacionado con la búsqueda de perspectiva desde la intimidad y la memoria. Lo minimalista de la puesta en escena, la atmósfera espiritual, el uso del inglés, los múltiples guiños a clásicos del soul y el góspel, pero también hablar del tercer mundo, de la confabulación de los medios, indican un periodo y un reconocimiento dentro de su carrera a algo que Leonino no tiene problemas en enunciar: la ambivalencia de las personas y de sí mismo.


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“Quiero hacer otra carrera, ir a otras partes de la música. Si lo saco en Chile, igual capaz que lo venda todo, pero es otra cosa lo que quiero. En Sudamérica no quiero sacar un disco en inglés. Solo serviría para que me tiren pura mala onda. Los chicos de Hueso Records (quienes publicaron Naked tunes en formato vinilo en EE.UU.) publicaron un video súper simple y piola para hacer promoción y los comentarios eran súper feos. Terribles, da pena. Lo que yo hacía, cuando me achacaba por la mala onda que me tiraban en YouTube, era ver los videos de los goles de los chilenos en el extranjero, de Alexis Sánchez, por ejemplo, que es un jugador increíble y veía como españoles, y sobre todo chilenos escribiendo ‘malexis’, ‘lo hizo de suerte’ o ‘de pura casualidad metió ese gol’.  Entendía que en Chile la gente es mala onda y el fracaso es noticia”.


A pesar del permanente alejamiento que pretende Jorge, de sí mismo, de su país, de sus trabajos anteriores, de cualquier etiqueta, o de la negativa de dar entrevistas directas a medios sudamericanos para esta presentación, lo que aparece en Naked tunes, en su disco hermano Libro y en su presentación en Nueva York, es quizá la interminable búsqueda del artista. El disco y el recital se abren como puntos de memoria validados por Leonino; parte de un pasado y de una historia que se condensa y se filtra con la mirada del presente. Tocar en Nueva York y sacar su primer disco en inglés no es desconocerse, sino una aceptación de sí mismo y una invitación a conocer a otro González. Una apertura, desnuda y sin pudor a una parte íntima y algo desconocida de su vida y su música.


“Yo rezo”, dice en inglés Leonino en el primer contacto con el público del teatro. Leonino cuenta que casi como una respuesta a la locura, al miedo y a las dudas que sentía en su vida, se fue acercando a la búsqueda de la espiritualidad. Ahora medita, es vegetariano y está alejado de la bohemia. “Se puede hacer de cada hogar un templo, yo el mío lo transforme”. Leonino cuenta como, aprendido de costumbres japonesas, la meditación le ha permitido estar en paz consigo mismo, e incluso tener experiencias trascendentales como comunicarse con sus ancestros, a quienes van dirigidas sus oraciones. “El mundo te responde cuando rezas” , siguió González antes de interpretar una canción llamada “The power of love (let the love be your goal)”.


Leonino señala que en Naked tunes las canciones surgieron, como en Libro, su disco hermano, en total libertad creadora, en un lapso muy corto de tiempo. “Las canciones salieron, me fueron dictadas en inglés. Igual siempre sabes que en español te van a asociar a Los Prisioneros y esa asociación es necesariamente mala, porque lo que haga no se va a parecer a Los Prisioneros”.


Todo este esfuerzo por desprenderse del pasado y de lo chileno entra en contradicción cuando en el concierto en Nueva York, acompañado de su piano, canta Tren al sur y luego El Baile de los que sobran. Canciones de regresos, de outsiders. El artista sabe que se debe al público y que no puede desconocerse totalmente. Porque por más que diga que a Estados Unidos se fue por el bajón de la ruptura de Los Prisioneros, o a Alemania por la crianza de sus hijos, lo cierto es que siempre se ve cómo la música es el motor de cambio de González. “Quizá me gustaría hacer lo de antes, pero la verdad es que no se me ocurre cómo hacer lo anterior, cómo repetirme. No sé cómo hacerlo… en este sentido el idioma, unido a tu experiencia es otra manera de ser, aparece una persona nueva. De hecho ahora, llegando a Berlín, voy a empezar a tomar clases de alemán por ejemplo. Espero que no se ofendan con eso”.