Pasaron seis años desde esa despedida con el Madison Square Garden reventando en 2011 y sucedió lo impensado. Presentado como uno de los mejores regresos de los últimos tiempos, la banda liderada por James Murphy puso sobre la pista American Dream, su cuarto disco, que de inmediato trepó a los primeros lugares de los rankings en todo el mundo.

Los sintetizadores análogos a todo dar, sus inconfundibles percusiones hipnóticas y esa ética bailable-densa que los hicieron únicos, están de vuelta. Y acá tendremos el privilegio de verlos encabezar en cartel de Lollapalooza el viernes 16 de marzo junto a Pearl Jam. Su segunda visita a Chile está lejos de esa jornada de 2011 con poco más de mil personas enloquecidas en el Teatro Caupolicán, poco antes de su anticipada disolución.

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Hoy LCD Soundsystem aparece como leyenda, una que partió a comienzos de siglo revolucionando toda la música neoyorquina con su impronta nerd que no tenía vergüenza en tomar lo mejor de sus referentes: Joy Division, David Bowie, The Cure, Brian Eno, los alemanes Kraftwerk, Lou Reed o Talking Heads y llevar todo eso hacia el siguiente nivel. Locura, baile desenfrenado y letras bien existencialistas. James Murphy, el capitán del buque, se transformó en ícono. Aunque ahora dice que en esos tiempos no todo andaba bien. “Yo era una broma. Mi esposa dijo que iba a morir”, reveló a The Guardian sobre los tiempos en que decidió bajar cortina, hastiado de la música, los viajes en avión, las enfermedades y sus propias expectativas, que ya en esos años lo estaban condenando al éxito perpetuo.

EL CONSEJO DE BOWIE

Fuera de las pistas y enfermo de gota, Murphy (48) se dedicó a actuar y dirigir películas. Luego abrió un bar de vinos y estuvo bastante obsesionado con una guerrilla con la autoridad de tránsito de Nueva York con la idea de cambiar el sonido del metro por una “hermosa sinfonía electrónica”. En esos días, también hizo el soundtrack de un clásico del futuro: Her (2013), con Spike Jonze y Joaquin Phoenix.

Igual de errático y confundido con qué hacer con su música y LCD Soundsystem, Murphy le pidió consejo a David Bowie, con quien iba a trabajar en su último disco, Blackstar, estrenado días antes de su muerte. El duque le planteo la idea de que si reunir a la banda le hacía sentir incómodo, entonces debería hacerlo, porque sentirse incómodo le haría trabajar mucho. El resultado fue American Dream, disco recientemente premiado entre los mejores del 2017 en el Grammy y donde se reúne con sus viejos amigos como Gavin Russom, tecladista y percusionista, quien ahora se declaró transgénero y muy agradecido del apoyo de la banda.

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Más canas, más kilos pero la misma impronta que los deja libres de sacar a bailar todas sus contradicciones en el escenario. La figura es hipnótica y extraña. Un tipo grande y canoso jugando con el micrófono pensando en lo viejo que se está poniendo y haciendo retorcerse a quien lo escucha. “Sabía que íbamos a tener que ser significativamente mejores de lo que nunca fuimos, para que cualquiera pudiera decir que éramos la mitad de buenos que antes. La única ventaja que teníamos es que no hay fotos de nosotros flacos, imparables y guapos, éramos de mediana edad”, dice Murphy.