La tragedia de Manchester en el concierto de Ariana Grande, reabrió el debate sobre las reales medidas de seguridad que se toma en este tipo de eventos masivos. Y la discusión no solo empezó en Europa, sino también en Chile.

Como asiduo asistente a recitales, siempre he tenido muchas críticas en la forma en que las productoras abordan el sistema de venta de entradas, entrega de cortesías y también de distribución de ubicaciones en los diferentes recintos. Sin ir más lejos, hace un tiempo durante el recital de Kraftwerk en el Teatro Caupolicán fue notorio el sobre aforo, al punto, que quienes estábamos ubicados en los palcos debimos ver como se ingresaba gente a la fuerza que quedaba de pie y encima de quienes estaban sentados.

Hoy existen dos grandes tipos de eventos masivos en Chile, el fútbol y los recitales, y es incomparable las exigencias que hay para uno y otro lado. Algunos me dirán, que el fútbol tiene barras bravas, pero eso no es excusa para observar la permisividad que hay para la organización de recitales.

Lo malo es que pasamos por extremos, mientras hay conciertos como el de Black Sabbath donde la cantidad de Fuerzas Especiales de Carabineros era exagerada, en otros, la ausencia de seguridad es notoria.

En Europa lo de Ariana Grande, ya motivó impulsar medidas como la revisión exhaustiva de los asistentes, impedir que lleven mochilas o bolsos. Y sobre todo realizar una acuciosa revisión de las identificaciones.

En Chile, para ir al fútbol es necesario que el carnet sea validado y no tenga impedimento de ingreso, lo que ha motivado que el público sepa que debe llegar con la debida antelación. En el caso de los recitales, no hay una estructura o criterio común. Sería muy conveniente que así como se creó la ley 19.327 y su reglamento, que regula los espectáculos deportivos, se haga lo propio y se busque un marco regulatorio para los espectáculos masivos. No puede ni debe cada productora tener un librito o manual en el cual regula o controla un show de acuerdo a sus parámetros. Si bien hay supervisión de Carabineros, el informe de factibilidad que realiza la institución, no siempre es tomado en cuenta por los organizadores.

Lo ocurrido en Manchester abre una puerta no para la histeria colectiva o una sensación mayor de inseguridad que de por sí, ya tenemos, sino la necesidad de elevar las condiciones para quienes pagan altas sumas de dinero para asistir a un recital. La experiencia debe ser más controlada, sobre todo porque, aunque parezca que estamos lejos, en un mundo globalizado, las acciones terroristas no necesariamente tienen que venir ligadas a motivos religiosos y cualquier puede tener un día de furia y provocar una tragedia y siempre será mejor reducir los riesgos al mínimo.

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