La carrera de Francisca Valenzuela, 26, crece como una bola de nieve. Después del lanzamiento de su último disco Buen Soldado, en marzo de 2011 —con el cual ya tiene disco de oro—, y del éxito de Muérdete la Lengua (2007) con el que logró disco de platino, se la ha pasado arriba del escenario en giras por Chile y en Estados Unidos, España, México, Brasil, Colombia y Australia.

La denominada princesa del rock chileno y la revelación del pop, ha estado codeándose con los consagrados. Fue invitada a tocar con Bono en el concierto que U2 hizo en Santiago, formó parte de la delegación nacional al Festival de Cine de Cannes y de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara y se ha presentado en festivales como South by Southwest (SXSW) en Estados Unidos, Corona Capital, Vive Latino en México, Primavera Fauna y Lollapalooza.
La mezcla que logra entre jazz, pop y rock gusta. Sus letras hablan de sus experiencias como mujer y de situaciones cotidianas con las cuales muchos pueden sentirse identificados, como el desamor o una noche de conquista. Algunas de sus letras son políticas, otras son divertidas. Es bonita, sensual, simpática y energética. Y su música es entusiasta y entretenida; dan ganas de subir el volumen y ponerse a cantar. En febrero mostró su talento en el Festival de Viña interpretando  Morena Mía con Miguel Bosé. El monstruo bailó y cantó, ella salió llena de premios y la prensa calificó su show como su consagración.


—¿Qué ha significado este último año para ti?

—El 2012 fue un gran año, un salto a una etapa distinta. Con el segundo disco pude armar la maquinaria para tener más libertad y una carrera internacional más sólida. Logramos un respeto y una credibilidad que me importaba mucho. Para mí era muy relevante que la gente supiera que este es un proyecto independiente, que eran mis letras, mi música, mi composición, mi familia, mi equipo. En Chile, la profundización de mi carrera dio un salto también, no sólo por el Festival de Viña obviamente.


fran-valenzuela-vertical—Se nota un gran cambio en ti.

—Sí, totalmente. Creo que hace un año y medio entré a una etapa más segura. Es el crecimiento laboral natural: pasé de tener menos a más experiencia. Empecé a buscar sellos el 2004, estaba en cuarto medio, y ahora tengo 26. El sentirse más integrada, más cómoda y más hábil para enfrentar ciertas cosas es algo que requiere tiempo y práctica. Por otra parte, ha sido un entender y aceptar lo que uno quiere hacer y cómo hacerlo.

Al principio, no conoces, entonces da nervios tomar decisiones de cualquier tipo. Ahora hay más experiencia, más soltura y calma respecto de las cosas que han pasado y las que vienen. Ya no es el encandilamiento de una carrera nueva, uno está más curtida. También es una cosa de edad.


Francisca nació y vivió en San Francisco, California, hasta los 13 años cuando se vino a Chile, pero aún entonces iba y venía porque parte de su familia quedó allá. Si bien el inglés es su primera lengua y se autodenomina una “gringa”, casi no usa palabras en ese idioma cuando habla en español. Es la cuarta de cinco hermanos y la única mujer, y aunque su padre y su madre son científicos, a ella siempre le gustaron las letras y el arte. Estudió piano clásico desde que era niña, a los diez tomó la guitarra y de ahí la composición fue un paso natural.


—¿Qué cosas crees que han sido fundamentales para llegar hasta aquí?

—El trabajo perseverante de muchos años. Soy trabajadora, en el sentido que hay una constancia y un rigor. No estoy sentada en la cama esperando inspiración. El equipo de gente que me rodea, que es un núcleo importantísimo para mí y son mis mentores incondicionales: mi familia, mi pareja, mi sonidista. Y, sin duda, todo lo que ha sucedido tiene su raíz más trascendente en la música, y supongo que esa música logra un tipo de conexión que es auténtica y visceral. Sin esas canciones sería distinta la historia.

Quien la ha visto arriba del escenenario sabe de su energía abrumadora y perfeccionismo.
Abajo, es igual, luchadora, tenaz, un buen soldado. Se define como acelerada y trabajadora, y por ser dueña de un gran talento y disciplina, no es raro que se diversifique y busque nuevas líneas de expresión. Mal que mal, el canto nunca fue su único talento. A los 13 años publicó un libro de poesías en inglés (Defenseless Waters) con ilustraciones hechas por ella misma —y una introducción escrita por Isabel Allende— y a los 14 uno de cuentos (Abejorros/Madurar) publicado por la agente Carmen Balcells en Plaza y Janés, el cual se distribuyó por España y Latinoamérica. Su primer disco lo lanzó a los 20 años. “Ha sido un trabajo de mucho tiempo. Yo empecé a entrar al mundo de la música a los 16, o sea hace 10 años”.


Hoy, la también llamada artista más glamorosa de Latinoamérica, cumple un nuevo sueño con el lanzamiento de su propia línea de ropa, Foster by Fran Valenzuela, una colección de 16 prendas en blanco y negro, todo hecho en Chile. Y se ve contenta. En la sesión de fotos para la colección, realizada por el fotógrafo de moda chileno Simón Pais —quien hizo la carátula de su disco Muérdete la lengua—, posa como si fuera modelo profesional. 

Atrás quedó la timidez de los primeros años de su carrera. Hoy explota su físico con la seguridad de quien sabe que no es sólo el cuerpo lo atractivo en ella, sino su postura, su mirada y su actitud. Le gusta su sensualidad.
—¿De dónde viene tu interés por la moda?
—Desde chica tenía fantasías de tener una línea de ropa y era chulísima (ríe)  porque me maquillaba como a los diez años y hacía cosas ridículas. Cuando empecé a tocar —con los Bunker, los Chancho en Piedra— salía súper arreglada y todos me decían pero Francisca, sale en jeans, qué te importa; y yo decía no, si igual es importante. Miraba a Gwen Stefani y quería hacerme su mismo jopo. Me gustaba demasiado la idea de poder subir con un personaje en el escenario y ser glamorosa.


fran-valenzuela-vertical-2—¿Por qué optaste por los tonos blanco y negro y diseño geométrico en esta colección?

—Quería hacer algo más simple. Me encanta el blanco y negro en general y soy súper fan del look Ska, de los cuadrados, rombos y rayas, y de lo más Mod. En general son todas prendas simples, ponibles, elasticadas, cómodas, súper juveniles y versátiles. Es ropa que yo uso en el escenario y que le dimos un look más de calle. También hay harto brillo.
—¿Hay alguna relación entre tu música y la ropa?
—Nada directamente. Pero la música me permitió esta oportunidad y esto me da la posibilidad económica de seguir haciendo producción independiente, es un circulo virtuoso. Son distintas formas de expresión. Es que tengo harta energía creativa.

En un pequeño departamento en Los Ángeles, EStados Unidos, está su taller. Ahí compone, se inspira. Y por primera vez se da permiso de parar y dedicarse ciento por ciento a la creación de un nuevo disco que está empezando a componer y que espera finalizarlo antes de fin de año. “Lo único que puedo comentar es que estoy escribiendo en guitarra, en piano, en computador —que nunca lo había hecho—, en inglés y en español”, dice.


—¿Tienes ya alguna idea de hacia adónde va?

—Nada. Estoy viendo adónde me lleva la composición, escribiendo todos los días y haciendo sesiones con otros escritores. Esto es algo nuevo porque antes siempre lo hacía sobre la marcha, o entre la universidad (estudió Periodismo) y la gira. Ahora tengo cinco días para componer y darme el permiso de tener una vida netamente creativa. Eso ha sido un gran privilegio.

Y esto es precisamente, lo que diferencia a Francisca de cualquier otra cantante pop nacida desde la industria. “Una cosa es ser parte de una maquinaria que te dice qué tocar, cómo tocar y con quién tocar y otra es hacer música pop pero a tu manera, con independencia”.


La literatura es su principal fuente de inspiración. Tanto así que en el diario El País de España definieron su estilo como “pop literario”. Sus grandes referentes son mujeres: Dorothy Parker, Sylvia Plath y Emily Dickinson. A la música entró por pianistas clásicos como Keith Jarrett y George Winston, a sus 8 años vino PJ Harvey y Alanis Morrisette —“que nos cambió la vida a todas las mujeres”, dice—, siguió con el rap y pop norteamericano de Tupac Shakur (2Pac), Tribe Called Quest, Mariah Carey y en Chile llegó a Violeta Parra, Silvio Rodríguez y Sui Generis. Ahora mezcla todo en su propio estilo.

Al igual que otros músicos chilenos de su generación —Javiera Mena, Alex Anwandter, Ana Tijoux y otros— el objetivo de Francisca es ser una cantante global, una meta que ya ha logrado con creces, pero que busca seguir fortaleciendo. Por eso está componiendo en inglés. “El desafío de poder participar en el mercado anglosajón lo encuentro entretenido y tiene otro tipo de proyección y campo que se puede explorar. Este es un buen momento para sentarse a ver las metas que vienen”.