De niño recuerdo que no simpatizaba mucho con la música de Los Prisioneros, algo no me gustaba de su puesta en escena y su discurso. Y ¡ojo! que teníamos convicciones ideológicas similares, sobre todo, porque éramos hijos de una educación de liceo con número y no de colegio con apellido “british”, pero no sé, sentía que lo de Jorge González tenía mucho de careta.Las peleas mediáticas entre los hinchas de los sanmiguelinos y la fanaticada de Soda Stereo, aumentaba mi lejanía con la banda, me parecía todo tan burdo y sin sentido, en un país donde había grupos con mucho más talento musical como Fulano, Electrodomésticos, Paraíso Perdido o La Banda del Pequeño vicio.

Con el paso de los años, varios mitos se me cayeron, uno de ellos que, gran parte de la “pelea” con Soda tenía que ver con algo tan hormonal como que los trasandinos se llevaban las 2minas” y los chilenos, a los fans resentidos y un tanto hiperventilados que los veían como el ícono de la resistencia contra la dictadura.

Cuando se editó el disco “La cultura de la basura”, me reconcilié un poco con su música, me pareció un disco más interesante en lo conceptual, incluso hasta medio experimental, con buenos toques de electrónica. “Que no destrocen tu vida”, me sigue pareciendo un temazo.

Los años pasaron y los tres amigos dejaron de serlo y casi como una tragedia griega, la separación incluyó traiciones, reconciliaciones, triángulos amorosos, homosexualidad, biografías oficiales y alternativas y un largo cúmulo de etcéteras.

Este fin de semana, Jorge González, por quién había adquirido una cierta simpatía por su cercanía futbolística con2 Unión Española, fue hospitalizado y muchos fantasmas se me vinieron a la cabeza. Imaginé lo peor, como ocurrió con Cerati. Pensé en los programas de farándula buscando algún indicio sobre excesos del músico, a los caza noticias tratando de conseguir una exclusiva con Narea o Tapia. A los canales de noticias haciendo toda clase de recuentos históricos de Los Prisioneros y comparando la vida de González con otros ilustres “ ausentes “ de la música,como Syd Barrett, Kurt Cobain, Jim Morrison o Michael Jackson.

Quizás sea aquí donde me voy a detener, porque lo complejo de la vida musical de González, ni siquiera me voy a meter en su vida privada, que a estas alturas varios han hecho pública, es que el tipo es un luchador , uno de esos, que vive peleando contra sus fantasmas. Los que tuvo en Los Prisioneros donde criticaba con lengua mordaz a los pseudo intelectuales y terminó viviendo la vida de muchos a los que atacaba. Los fantasmas que eternamente pedían en sus recitales como solista que tocara canciones de Los Prisioneros, al punto que cedió a una reunión de la banda con gira y disco incluidos. Los fantasmas de Corazones, el disco que en realidad es el primero de su experiencia solista y que incluso regrabó en vivo hace poco.

González no ha podido encontrarse con el éxito desde que dejó a sus compañeros de San Miguel y eso también le debe doler. Porque ni la electrónica, ni la música bailable ni las canciones románticas que tanto le gustan, pudieron ponerlo en la primera línea creativa nuevamente. La pesadilla de su “temprana partida de este mundo”; nos puso nerviosos a varios, y es que aún creemos que en tanto vértigo que ha tenido su vida, González sigue siendo un tipo con un talento único y que por lo mismo se ganó un lugar en la historia de nuestra música, ojalá estemos a tiempo de reconocerlo.

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