Fue una decepción de 2017 la frustrada visita a Chile que tenía anunciada para octubre pasado esa múltiple artista neoyorquina que es Laurie Anderson. Pero una buena reparación quedó en el volumen de música destacable que otras autoras, compositoras y cantantes pusieron a circular en el mundo en este 2017, todas unidas por un gesto creador personal, cuando no inquietante, en sus respectivos campos, fueran desde el pop hasta lo experimental. Una de ellas pasó también en vivo por Santiago.

Juana Molina, argentina por nacimiento, de otra galaxia si es por su creación siempre asombrosa, vino a presentar en vivo Halo, su séptimo disco, y a sorprender con sus métricas irregulares, su imaginación desatada entre las bases electrónicas y el trío de guitarras, teclados y percusión que arma en vivo, y sus letras que son juegos de palabras en el mejor sentido. Sujeta al cultivo de la canción más convencional, otra imperdible del año es la estadounidense Aimee Mann, quien a partir de un título tan provocador como Mental illness (“Enfermedad mental”) propuso en su ya noveno disco una aproximación acústica, a ratos folk, que conecta del mejor modo la melancolía y la emoción. Si es por la experiencia, nadie como Björk merece una mención entre los destacables del año. A su saga de trabajos recientes, la islandesa sumó lo inagotable de sus fuentes creativas ahora en Utopia, un extenso trabajo que va desde lo rítmico y bailable hasta lo denso y coral, poblado de reflexiones personales y universales: la Björk más pop ya existió en los ’90; hoy corren sus tiempos más experimentales y envolventes.

Si se trata de pop, dos voces resaltaron en la temporada: St. Vincent con Masseducation y Lorde con Melodrama, que no por casualidad ambas trabajaron con el productor Jack Antonoff. A diez años de su debut en 2007, la cantante estadounidense llega a una cumbre donde caben lecturas personales y comentarios sociales en canciones como “New York” o “Los Ageless”, todo bajo una brillante producción pop. Y en su segundo álbum tras su debut de 2013, la neozelandesa Lorde transforma una historia introspectiva en un disco estimulante, desde una balada como “Liability” hasta el pop irresistible de “Homemade dynamite”, casi sin despegarse de una voz casi susurrada. Si la industria ha enseñado la supuesta verdad de que el pop es una fórmula, estas mujeres demuestran que el mejor pop desafía a la norma.