Su residencia de cinco pisos enclavada en las colinas de Sherman Oaks, al norte de Hollywood, se convirtió de un día para otro en una casa-estudio: llena de focos, cámaras y de personas dando vueltas luego de que Estela Mora (46) tras mucho pensarlo, decidiera participar en el realityRica, Famosa, Latina” del canal Estrella TV; una versión similar al programa “The real housewives of Beverly Hills” y que ya ha dado que hablar, no sólo por el estilo de vida lujoso y excéntrico de sus participantes, sino porque antes de su estreno, el 16 de septiembre, ya se habían filtrado videos con escandalosas peleas públicas de sus protagonistas donde incluso ha debido intervenir la policía. 

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Ser parte de ese grupo de estrellas y verse tan expuesta, no ha sido fácil para esta argentina que hasta ahora se había mantenido a la sombra de la fama de su ex pareja; que hace doce años no se hizo problemas en dejar una exitosa carrera de modelo y su agencia de asesorías de imagen Bookers en Chile, para entregarse al anonimato e instalarse en Los Angeles, junto a su entonces marido Beto Cuevas, y sus hijos Martina (26, de su primer matrimonio) y Diego (21, que tuvo con el cantante). Fue una apuesta familiar y laboral, ya que Beto como vocalista de La Ley llevaba varios años radicado en México, y partir a EE.UU. los acercaba a la meca de la industria disquera, y Estela, como mánager de la banda, quería hacer historia. Se abrió paso en un mundo dominado hasta entonces por hombres. Y lo logró. Le dio un look rockero más cosmopolita y se hizo cargo de los contratos en Chile, Argentina y Perú, convirtiendo a La Ley en el grupo chileno más exitoso en Norteamérica.  

Sin embargo, a pesar del tremendo éxito, el 2004 vino la separación del conjunto, y dos años después el quiebre de la pareja. Y aunque Beto se fue de la casa, nunca dejó de frecuentarla; siguieron como amigos y ella a cargo de sus negocios.

Estela intentó seguir con su vida en Los Angeles que en un principio —por su falta de inglés—, se le hizo imposible de abordar, al punto que pensó en regresar a Chile. Con el tiempo se fue familiarizando, haciendo amistades, creando sus propios proyectos —como el diseño de accesorios rockeros, poner música como Dj y ahora lanzando su compañía de cosméticos AO con Angélica Castro— hasta que por fin llegó a sentirse parte de esa enorme ciudad.

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Tras años de trabajo intenso,  de giras con la banda, de intentar instalarse y abrirse espacio en LA, hace poco Estela había encontrado cierta tranquilidad; terminaba además la etapa de crianza de sus hijos ya veinteañeros, lo que le dejaba más tiempo para ella. Estaba acomodándose a la soledad, al silencio cada vez más común en su casa, a esos espacios de ocio… hasta que surgió la gran noticia en el mundo de la música: La Ley se reunía tras diez años separados, y Estela volvería a asumir como mánager. “Es una alegría inmensa, somos una gran familia, con mucho amor y, sobre todo, confianza… Con los años me he puesto muy sentimental, me emociono con todo lo que nos pasa. Soy una privilegiada de trabajar con gente que admiro y quiero”.

En medio del ajetreo que significaba el rearme del grupo y de gestionar una gira que contempla hasta ahora 45 shows entre Estados Unidos y México, un par de presentaciones en Chile, y otras en Sudamérica, Estela recibió la oferta de participar en el reality “Rica, Famosa, Latina” de Estrella TV, que en 34 capítulos muestra cómo viven cinco mujeres millonarias, exitosas y polémicas, y en donde esta vez sería ella —y no su marido— la gran protagonista.

No le ha resultado fácil exponer su intimidad, ver su casa llena de gente, cambiarse hasta cinco veces de ropa en un día para mostrar al público su supuesta vida de “lujos”. Tampoco convivir ciertos días con las otras famosas del programa, que al igual que Estela son explosivas, frontales y con carácter. Se trata de Adriana Gallardo, dueña de Adriana’s Insurance que hizo su fortuna con la venta de seguros de autos; Rosie Rivera, la actual albacea de la fortuna de su hermana la cantante Jenny Rivera, que murió el año pasado en un trágico accidente aéreo; Elisa Beristain, presentadora de TV, casada con un magnate y Victoria del Rosal, animadora y actriz millonaria. “La idea es mostrarnos en lo cotidiano, cómo somos, vivimos, trabajamos, y también dar cuenta de los típicos dramas que surgen en un grupo de amigas que recién se conoce, que no siempre están de acuerdo y que por sus personalidades llegan a situaciones límites que muchas veces no se pueden controlar. Mirá, podría definir este show como de entretenimiento para el público, ¡y de trauma sicológico para las participantes!… No sé por qué me ofrecieron estar aquí…”.

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 —¿Por qué cree que la llamaron a participar?

— A través de la fundación “Padres contra el cáncer”, causa en la que trabajamos con Beto activamente hace diez años, nos hicimos muy amigos con Joyce Giraud y su marido Michael Ohoven. Ella estaba haciendo en ese momento “Beverly Hills Housewives”, y como tienen una compañía productora muy  importante donde han hecho cosas relevantes como Truman Capote, se embarcaron en hacer un formato similar a las Housewives pero para el mundo latino, y me propusieron ser una de las protagonistas. Intuyo que pensaron que mi sentido del humor podía ser un aporte…

—Pero también tiene fama de frontal y polémica. Tal vez la querían como la mala.

—No se trata de crear personajes, sin embargo, de manera natural van apareciendo las personalidades de cada una. Mi papel es más la de peacemaker, que la de una mujer agresiva, aunque a veces estas señoras ¡me sacan de quicio! Hay una sección que se llama “confesionario”, donde cada una hace sus descargas y comentarios sobre otras. Me muero por verlo, ¡para saber qué opinan estas mujeres de mí!

—Dijo que nunca participaría de un reality, ¿por qué terminó aceptando?

—No pensé que lo haría, me costó dar el sí. Desconocía el tema, ya que nunca he visto esos shows, con decirte que hace dos años que no prendo la TV. Entendí que además de entretenimiento, este canal (Estrella TV) es una gran plataforma para que me conozcan masivamente, vean los negocios que hago —como mi compañía de cosméticos AO que en estos días ya estará a la venta online— y surjan nuevos proyectos.

—¿Beto estuvo de acuerdo en que participara?

—Lo conversamos bastante, evaluamos los pros y contras, y nos decidimos, aunque él no aparece de manera activa. Estamos en la etapa final de las grabaciones, las ganancias aún no las puedo evaluar, pero me ha servido para saber cómo actúa el ser humano en diferentes circunstancias y situaciones límites. Es una experiencia extraña eso sí, a veces estoy contenta; en otras, de muy mal humor, pero el problema no es ese, sino que esas emociones no son privadas, están expuestas en cámara ¡y al escrutinio público! Es un trabajo pesado, estresante en lo físico y mental, pero estoy segura de que el resultado será positivo a pesar del desgaste, ya que a la vez estoy armando las giras de La Ley. Porque aunque cuento con un gran equipo, no dejo de estar encima. Mirá, puedo grabar 10, 12 horas diarias, aun así llego de cabeza a meterme y a seguir de cerca lo que está pasando con el grupo.

Estela nos guía por tres de los cinco niveles de su casa. Es día de producción fotográfica para CARAS, hay un ambiente agitado. En su habitación, parte del clóset reposa sobre la cama; y la otra, sobre el escritorio. En el baño, las joyas que ella fabrica se enfilan para ser escogidas de acuerdo a la tenida. Lula Flores, su mejor amiga en California; una chilena con casi tres décadas viviendo en Estados Unidos, asesora cada movimiento.

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A pocos pasos, la habitación de Martina, su hija mayor. Con 26 años, el título de Bachelor of Science con especialización en negocios de la Universidad de California destaca en la pared. La joven trabaja en la gigante del cine Lionsgate, donde asiste a dos productores cinematográficos: coordina agendas, contesta teléfonos y lee guiones. “Estoy en todas las llamadas, aprendo a negociar y escucho cómo son los diálogos en la industria”, cuenta entusiasmada. Y agrega que lo mejor de su trabajo es ver películas, las cuales más tarde podrían ser licenciadas a su compañía. ¿Y lo peor? “Me he dado cuenta de que en esto no existen lealtades; cada uno trabaja para sí mismo. Es frío. Al final del día, todo es negocio. Si van a contratar a alguien, a un actor por ejemplo, se hacen toda clase de estudios de mercado. Aquí todo depende de los números. A mí, al menos, me gusta pensar bien de las personas”.

Asegura que su madre tiene mucho que ver en lo que hace. “Crecí en un ambiente que me obliga a tenerlo en los genes. He visto a mis padres trabajar juntos desde siempre… el tema de los sponsors, giras, etcétera. Aprendí a ser productora en el día a día. Mi mamá es mi mentora… Somos parecidas, en lo directa por ejemplo. La gente que me conoce sabe que no tengo problemas para ser honesta. Si alguien se desubica, ¡se lo digo! El shameless lo saqué de ella”.

–¿Y tu hermano?

–Diego es más tímido, nosotras, en cambio, ¡más sinvergüenzas! Ser así me ha traído más beneficios que problemas.

Un piso más abajo, el joven músico se refugia en el estudio de grabación. Los trofeos de Beto y La Ley destacan tras el computador principal. Cuatro premios Grammy colgados en la pared acompañan el proceso creativo de Diego que compone para distintas bandas, que va desde lo electrónico, pop, indie, incluso hasta hip hop.

Con su padre es habitual verlos intercambiando canciones. Ambos tienen carácter introspectivo, profundos, se interesan por las experiencias metafísicas y filosóficas. Según Estela, “Diego es igual a su padre; ¡imbancable!”.

—¿Ha pensado en el día en que sus hijos se irán de casa?

—No me va a importar mucho. Cuando Martina se fue a estudiar fuera, la extrañaba… pero, en realidad, mi mundo no son ellos. Tengo mi vida, mis intereses, y seré un poquito más libre en ese momento. Sobre todo porque hoy ésta no es “mi” casa, es “nuestra” casa. Como el señor (Beto) Cuevas, no tengo un loft donde hago mi vida y de repente aparezco a almorzar. Yo vivo acá con dos niños, ¡y este no es un puticlub! Hay un montón de cosas que me gusta respetar y que se respeten.

—¿Cómo se llega a ese desapego?

—Es lo mismo que el matrimonio. A mí no me gusta la gente que habla de “nosotros”, porque vos podés tener una parte en común, pero también tienes tu vida;  y tu pareja, la suya. El día en que esa vida pasa a ser “nuestra” y no hay nada propio, es aburridísimo, ¡qué querés que te diga! No pondré mis expectativas para que ellos se queden acá haciendo lo que yo les diga, viviendo bajo mis órdenes. Al contrario, siempre he sido el antiejemplo para ellos en el buen sentido. Quiero que sean mejor que yo, que tengan libertad. No quiero que se parezcan a mí, porque si lo piensas así, es que te consideras fantástica, y no creo serlo. Ellos son muy superiores, nacieron con otra cabeza, han tenido otras experiencias. 

—¿Cree que lo ha hecho bien como madre?

—Creo que sí. Trato de ser lo mejor persona posible. No madre, persona.

Con ambos hijos casi independientes y Estela disfrutando su soltería, las cosas se han calmado un poco en Sherman Oaks. Si bien ninguno de los hijos piensa en irse pronto de la casa, hay días en que apenas alcanzan a verse las caras. 

Esta situación ha coincidido con el regreso de La Ley. Cuando se trata de trabajo, la mandamás de este reino es casi militar para adecuar su agenda. Luego de algunas modificaciones en el equipo de trabajo de la banda, el management volvió a recaer en sus hombros. La persona con que compartiría dicha labor decidió retirarse.

“Ha sido mucho trabajo, no esperaba tener que hacerme cargo de todo. Y como soy un poquito obsesiva compulsiva con los resultados, me levanto a las cuatro de la mañana y me duermo a las 10 PM. Son muchas horas de trabajo para que todo salga bien. Al final lo hago porque me gusta entregar cosas excelentes, que el producto final sea el mejor para los fans, para la banda… Pretendo ser un aporte, no un personaje que circula alrededor”. 

—¿Es más fácil dedicarse ahora que sus hijos son adultos?

—Sí, pero no porque ellos estén más grandes, sino porque antes tenía que demostrar que era buena para el puesto; hoy sé que lo soy. Ahora tengo claro que lo que me propongo, si no lo consigo por aquí, lo consigo por allá. La vida, al igual que en los negocios, es estrategia, pero también un juego. Y si no logro lo que quiero, tampoco me voy a pegar un tiro. Te puedes tropezar en el camino, pero no me importa. Ya no me preocupan los tropiezos, ahora enfrento calmada las crisis. 

—¿Se frustró en algún momento?

—No, nunca. Los tropiezos son importantes, de a poco vas encontrando la tranquilidad. Y si pasa algo les digo: “¿qué quieren que haga?, ¡¿que me mate?! Me tropiezo todos los días, más de lo que vos crees. Lo que pasa es que un tropiezo no es una caída. Y si me caigo, igual me levanto, no puedes andar frustrada. Al final el éxito no es otra cosa que las expectativas de los otros puestas en ti. Para algunos puedo ser súper exitosa porque vivo en Los Angeles y les cocino a mis hijos, para otros soy una loser porque desde que llegué lo único que hago es cocinar. Mi mayor éxito en los últimos 12 años es la cercanía con mis niños. Ese es mi mejor logro, lo otro es un trabajo. Y si me va bien, ¡perfecto!, y si no, sorry, pero por favor no se molesten en poner sus expectativas de vida en la mía. Al final el éxito y fracaso dependen de uno, de lo que para ti significa ser exitoso o no.

—Y separarse de Beto Cuevas, ¿lo asume como un fracaso?

—Esa situación me ayudó a ser más fuerte. Una separación es una etapa muy triste, dolorosa. Sí, eso es un fracaso… Pero nosotros somos muy cercanos y él viene todos los días para acá, salimos. A pesar de que cada uno tiene su casa y su vida, estamos muy cerca. Pero sí, fue triste, espantoso, porque además debí enfrentar mi vida aquí sola, y se me hizo muy difícil…

–¿Cuánto duró ese período?

–Seis, siete años, ¡mucho tiempo! Y ya ha pasado mucho también, pero coincidió con la etapa en que empecé a tener mi propia identidad. Reconozco  que los últimos cuatro o cinco años me reencontré con Los Angeles. Antes no lo sentía mío, pero ahora me gusta regresar, vivir a este lado de la ciudad donde no hay ruido, autos… 

—¿Se queda aquí entonces?

—No lo sé. Al principio extrañaba de Chile salir y conocer a todo el mundo. Es una zona de confort inventada para sentirte protegida. Cuesta, pero acá te acostumbras a ser anónimo. A nadie le importa dónde vas. Aquí puedes ir a cinco lugares distintos en una noche, y jamás te encontrarás con la misma gente, a diferencia de Chile, donde se mueven en hordas para allá y para acá. Y si no conoces a nadie, no vas. Acá, eso no existe.

“Estoy bastante sola, pero me gusta…”, confiesa Estela. Su hijo Diego que está cerca, al oírla hablar de la separación con su padre, lanza medio en broma, medio en serio: “Mi mamá solo sale con la gente que yo le doy permiso. Si no aprueba, ¡no sale!”.

—Estela: Uff, si fuera por él, yo nunca tendría un novio nuevo…

—Diego: Y si fuera por ti, yo tampoco tendría nunca una novia…

—Estela: Es que no me gustan las novias que trae. Se las elige muy raras este chico.

—¿Y se puede llegar a ser tan amigos de una ex pareja, Estela?

—Sí, con Beto hoy somos como hermanos. Tenemos una relación tranquila, de mucha calma. Yo estoy muy bien, contenta, es bueno volver a trabajar, aunque me siento cansada. Y como estoy soltera, y calculo que moriré soltera, no me interesa tener una relación con alguien. Lo que no quita que puedo tener encuentros extraordinarios y todo eso, ¡que por Dios que hacen bien!

—¿Tanto le dolió su separación que hoy cierra las puertas a la posibilidad de volver a enamorarse?

—No, yo siempre creí que no me casaría de nuevo, pasó que Beto era una persona diferente… Hoy no creo que vuelva a reincidir. Es que para entablar relaciones hay que tener tiempo, voluntad y mucha paciencia; ¡cosas de las que hoy carezco! Todo llega en su momento y éste, en particular, no es el mío, al menos para ese tipo de situaciones.

—Además con su carácter, debe intimidar a más de alguno.

—A muchos hombres les atraen las mujeres frágiles, y eso me pone en desventaja con un alto porcentaje del género. No puedo cambiar mi personalidad, soy fuerte, pero también alegre y divertida. El que me conoce ve lo que hay. Tengo un humor sarcástico, pero también soy la primera en reírme de mí. Mirá, hoy no tengo necesidad de mayor compañía; tengo una familia fantástica. Mis hijos viven conmigo, tengo un ex marido con el que me relaciono a diario, amigos muy presentes y, lo más importante, me gusta dormir sola y tener mi propio baño… ¡Ahora sí que los intimidé!

—Pucha que la pone difícil.

—Me gustan las relaciones independientes, los hombres sin conflictos personales, que cada uno tenga su casa y una vida propia.

—¿Qué piensa de las relaciones lésbicas?

—Son tan buenas y tan malas como las hetero, aunque, pensándolo bien, quizá sean mejores. Al final del día debe ser más fácil entender a una mujer que tratar de entender a un hombre. Cosas de género…

—¿Y con Beto se monitorean lo que hace cada uno en el ámbito amoroso?

—Aunque nos vemos a diario, somos muy respetuosos de la vida del otro. Tenemos una dinámica excelente, la cual no pretendo explicar porque pocos la entenderían.