Pocas veces el acto de un hombre que canta una canción fue tanto más allá de ese simple gesto como con Dylan. Y para sacar esa cuenta ni siquiera hace falta referirse a las canciones propias con las que se anotó para siempre y con mayúsculas en la música popular hace ya más de seis décadas. Basta remitirse a su nuevo disco, el número 37 de su carrera, publicado hace algunos días, ahora que él tiene 75 años. Ese disco se llama Fallen angels y ahí, dicho en una frase, Dylan canta canciones que ya eran viejas cuando él era joven. Niño incluso. Canciones de cuando ni había nacido. Es la voz de un artista que tras irrumpir en la historia social de la música en los convulsos años ’60 ahora recrea el cancionero estadounidense previo, el mismo sobre el que contribuyó a dar vuelta la página. Ahí ese gesto de un hombre y una canción se amplifica al enésimo grado y significa la mitad de un siglo que dialoga con la otra mitad.

En Fallen angels hay melodías tan reconocibles como “All or nothing at all” o “It had to be you”, firmadas por compositores como Jimmy van Heusen o, para el cierre, esa dupla entre “Come rain or come shine” y “That old black magic”, dos de las páginas majestuosas de Johnny Mercer y Harold Arlen, el hombre que compuso “Over the rainbow” para la película El mago de Oz (1939). Ésa es la fuente: lo que el jazz ha llamado standards, repertorio interpretado por figuras como Billie Holiday, Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald y por cierto Frank Sinatra. No parece casual que el disco previo de Dylan, Shadows in the night (2015) fuera una colección de recreaciones de Sinatra. Algunas selecciones de Fallen angels, como “Melancholy mood” y “All or nothing at all” son tempranas al punto de que corresponden a las primeras grabaciones de Sinatra con la orquesta de Harry James a fines de los años ’30, es decir, en años en que Dylan, nacido en 1941, estaba en edad de haberlas oído cuando chico en la radio.

Podría ser una capitulación, viniendo de Bob Dylan el revolucionario, el que agitó juventudes con la rebelión de unos versos contestatarios sobre una música quieta que es el folk. Pero eso es pasar la cuenta a una leyenda, no a alguien que acaba de grabar un disco. Y Dylan, que transformó a una generación completa si no a más, sigue siendo un transformador. Por lo pronto es lo que pasa hoy con las canciones propias en sus conciertos: las transforma por completo. Lo mismo hizo el año pasado en “Shadows in the night” y ahora en Fallen angels, de modo que un original orquestado con el espíritu confortable del swing como “That old black magic” queda aquí convertido en un rockabilly casi folclórico. El Bob Dylan de los ’ 60 es historia pura. Hoy es además historia sobre historia.