El show de Gaga comienza con una proyección gigantesca de la artista. Sube la cortina, y aparece ella en toda su lunática majestad. No es un simple recital: es teatro. El escenario parece un infierno en decadencia, letreros de neón apuntan a licor, implantes, accidentes, latigazos. Autos estrellados, monstruos voraces, árboles con hojas de navaja. No es fácil seguir la trama.
Algo parecido veremos el martes 20 de noviembre en el Estadio Nacional con The Born This Way Ball. “The Haus of Gaga y yo hemos trabajado meses para concebir un escenario espectacular. El Born This Way Ball es una ópera-pop electro-metal; la génesis del Reino de la Fama. Cómo fuimos dados a luz y cómo moriremos celebrando”, cuenta Gaga.

Un mes más tarde Madonna pisará el mismo lugar. Y aunque ha dicho que Gaga es cool y que le recuerda a ella misma ‘de día’, no le sale natural referirse de manera elogiosa a la neoyorquina de 26 años que nació como Stefani Germanotta.
De hecho, declaró que la canción Born This Way, de Lady Gaga, se parecía demasiado a su propio hit Express Yourself (1989). “Es una manera fabulosa de rehacer mi canción. Reconocí los cambios de acordes”, aseguró.
Ante esto apareció un defensor férreo de Lady: Elton John, quien dijo en la TV australiana que Madonna “parece una maldita estriptisera de feria. Es una pesadilla. Su carrera terminó”. Era que no, Gaga es madrina de Zachary, el hijo de 19 meses del cantante inglés y su marido, David Furnish.
A Lady Gaga ya no le quedan muchas cosas que hacer para llamar la atención, excepto tal vez, decir que está felizmente enamorada. A comienzos de agosto, publicó una foto de ella (aparentemente) desnuda en una piscina mientras la besa su novio, Taylor Kinney, de la serie Diarios de Vampiros.
Lo publicó en su propio medio social, LittleMonsters.com, donde anticipó también la portada de Vogue de septiembre.

HACE UN AÑO EN CLEVELAND, estaba sentado en la sala de relajación de Lady Gaga en la Q arena. Alrededor, velas perfumadas, un sistema hi-fi supersónico. En los muros, fotos de Led Zeppelin, Iggy Pop, Sex Pistols. Ella es un animal musical.
Mientras el primer álbum les pedía a los fans que abrazaran su fama interior, éste va dirigido a una audiencia más joven: sigue tu corazón, no importa lo que digan tus padres. El single Born This Way fue número uno durante seis semanas en EE.UU.
La ironía, por supuesto, es que Gaga no ‘nació de esta manera’, pero, como ella dice: “si lo interpretas literalmente pierdes el punto: nacemos así para ser verdaderos con nosotros mismos”.
Explica su nueva canción Hair: “Se refiere a que cuando eres joven, eres tu pelo…”. Se queda mirando los enormes rizos dorados que fluyen de su sombrero y como si adivinara mi pensamiento agrega: “No, no estoy engañando ahora; sólo es una extensión surrealista de mi ser. Vivo entre la realidad y la fantasía. Es mejor no hacer preguntas y simplemente disfrutar”.

En el muro cuelga una foto del cuadro de Andy Warhol sobre Debbie Harry (la cantante de Blondie). El es quizá la mayor influencia en Gaga, obsesionada con la naturaleza de la fama y con el matrimonio entre la comercialización y las bellas artes.
Después de cantar acerca de la fama en sus dos primeros álbumes, está aburrida con el tema. “En Born This Way estoy escribiendo más sobre la cultura pop como religión, identidad: ‘Combatiré y sangraré hasta la muerte por mi identidad’. Yo soy mi propio santuario y puedo renacer todas las veces que quiera a través de mi vida”, tararea, la madre monstruo que llama ‘monstruitos’ a sus fans.
Lady Starlight (que la teloneará en Chile junto a The Darkness) solía tocar discos heavy-metal con Gaga. Es diez años mayor y ahora hace de DJ antes de los shows. Son un equipo inusual. “Lo raro acerca de Gaga es que su mentalidad indie estaba asociada con un deseo feroz de tener éxito”, dice. Lo ha conseguido de manera masiva, ¿le afecta a Gaga? “Sí”, agrega Starlight. Se refiere a chismes, maldad, mentiras. ¿Cómo se las arregla Gaga? “Se arroja en su trabajo. Está muy centrada en ‘Qué voy a hacer luego’. Esa es la manera: visión de túnel”.
Comienza el show. Las tenidas cambian con las canciones: en un minuto, elegancia formal; en el siguiente, rayos de fuego brotan de su pecho y entrepiernas. Salta al piano y toca con sus pies. Se embetuna con sangre: mejillas, camisa, vientre, todo color rojo hemorragia. “¿Creen que soy sexy?”, grita. “Me tomó mucho tiempo creer que soy sexy porque me hacían bullying en el colegio”. Está consciente de que es una tremenda artista. “Si piensan que estoy doblando, no lo hago… Las personas creen eso porque sueno tan bien”.
Quizá sólo desempeña un rol, pero realmente cree que es un Mesías moderno, que está acá para conducir a sus fans a un futuro mejor. Y si ellos compran los discos y difunden la palabra, tanto mejor.

Un día después de estar en Cleveland, el Gagamóvil parte a Chicago, donde cantará en uno de los últimos shows de Oprah Winfrey. The Haus of Gaga, su equipo creativo, se ha apoderado del piso de un hotel de lujo y lo transformó en una fábrica bullante. En una pieza, están actualizando su diario de videos; en otra, diseñando el escenario de Oprah; en la última, revisan las tenidas. Gaga circula entre una pieza y otra, inmensa e imperiosa con un velo, sus megatacos y un traje negro Alexander McQueen. Es fácil olvidar que mide menos de 1.60 metro.
Me llevan a una pieza para esperarla. A uno siempre lo instalan de manera que ella pueda hacer su entrada triunfal. Ingresa y pide disculpas por el griterío circundante; las cosas no han ido bien. Se saca el velo: su piel es blanca gótica; su cara, nada especial. La chaqueta apenas abotonada; no lleva nada debajo. Es una tenida afirmación: mira esto y trata de señalar que soy un hombre (como se ha rumoreado) o anoréxica. El día anterior me dijo que era difícil hablar del show sin haberlo visto. Tenía razón, es como un encuentro evangélico. “Sí, es una experiencia religiosa. Pero como una iglesia cultural pop. Se trata de una autoadoración, no mía, sino que les enseño a las personas a adorarse ellas mismas”.
Pasadas las 10 de la noche va al estudio de Oprah a ensayar para el show de mañana. ¿Se aburrirá alguna vez de todo esto y se retirará al mundo de no Gagalandia? “No me separo a mí de Gagalandia. Así que no… Me gustaría irme a un lugar tranquilo, y existir todavía en Gagalandia”.
Al día siguiente en el show de Oprah, se levanta la cortina y revela un enorme zapato de taco alto dorado. En la cumbre, está Gaga tocando piano, cantando Born This Way. Es una maravillosa presentación: con emoción y un signo de que podría evolucionar hacia una brillante cantante de soul o jazz.

Tres días con el complejo industrial Gaga y la ves en toda su gloria contradictoria. Aquí está ella, la despiadada del marketing y la chica de moda, la neurótica necesitada y la autoproclamada salvadora, más joven que su edad y mayor que su edad; en definitiva, brillante.
Ya está hablando de que su gira va a ser memorable. Santiago es uno de los destinos. Miles de fanáticos ya compran los tickets.

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