El paso de los años deja huellas imborrables en nuestros cuerpos y nuestras mentes, arrancarle a los males de la vejez no es fácil, más aún si eres una estrella rock, con los excesos que muchos de ellos vivieron en sus años de juventud.

Pero aunque sea algo lógico, no deja de darme pena lo de Eric Clapton. Porque cuantos en la historia del rock, pueden decir que con solo unos acordes, sabemos quién está tras una guitarra. Clapton tiene esa magia, ese toque inconfundible.

A los 71 años, la salud no acompaña a slowhand como fue bautizado en su paso por los Yardbirds. El músico confirmó en la revista Classic Rock que sufre de Neuropatía periférica, un desorden de los nervios, que afecta entre otras cosas, las sensaciones de dolor, aumentándolo o bloqueándolo.

Clapton ya reconoció hace un tiempo que no sabía cómo había llegado vivo a los 70 años, con todos los desarreglos que tuvo en su juventud. La adicción a la heroína y también al alcohol, bloquearon en varios períodos su creatividad y su talento.

Por alguna razón le dobló la mano al destino y estiró su vida varias décadas, pero hoy se enfrenta a una prueba mayor, tocar la guitarra, el instrumento que fue casi una prolongación natural de su cuerpo, es algo cada vez más doloroso y complejo.

Clapton deberá definir si enfrentará un tratamiento que puede ser tanto o más doloroso que la enfermedad, o si asume esta prueba , como otra escapatoria del infierno. Lo que sufre son verdaderas descargas eléctricas que comenzaron como un dolor en la espalda y que hoy, lo tienen muy complicado para poder tocar

I still do publicado en mayo pasado, podría ser su última producción , porque hace rato que las giras son una utopía para Eric, que batalla contra estas molestias físicas, desde el 2013, pero que hoy decidió hacerlo público. Pero Eric es un gladiador, uno que sabe de dolores, de esos que no son físicos, que son del corazón, como perder un hermano en un accidente o a un hijo pequeño que cayó de un rascacielos. Esta prueba seguro la podrá superar, porque aunque sus manos ya no puedan tocar como antes, su cabeza seguirá creando y buscando talento, mal que mal como decía Charly García, todos sufrimos en algún momento de esos calambres en el alma, que nos golpean pero no nos derriban…

 

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