Pensé mucho en como armar este blog, en algún minuto quise hacer una serie de entrevistas, después pensé en un catálogo virtual y tampoco me gustó la idea. Luego me pregunté si sería bueno hablar con coleccionistas, pero… Estaba en eso cuando una información golpeó el día. “Cadena de libros y música Feria Mix cierra locales e inicia proceso de quiebra”.

Con cara de sorpresa mientras leía, fue imposible no pensar en las veces que entré a la tienda de Ahumada en los años ochenta, cuando las compras se alternaban entre el clásico local y alguno de la cadena Colt 70. La Feria del disco fue un ícono, un referente para varios que crecimos cerca de la música desde pequeños. En días en que el vinilo regresa en gloria y majestad, es imposible olvidar tardes enteras revisando las carátulas de las diferentes categorías buscando algún LP para la colección y viendo si los pesos alcanzaban para más de uno.

Recuerdo haber pedido para un cumpleaños, allá por el año 1984 los discos de Men At Work ,y obvio como mis papás tenían pocas chances de apuntarle con el nombre, tuve que acompañarlos para poder asegurar el presente.

Los años pasaron y los gustos cambiaron y quizás por lo mismo, la Feria del Disco se transformó en el lugar donde en Navidad se conseguían los regalos faltantes de esas bandas o artistas que no me compraba para mi tocadiscos, pero que por lógica eran los que les gustaban a familiares y amigos.

Así que mientras yo revisaba las cajoneras de Fusión, Circus o Melody Rock, otros seguían prefiriendo el viejo local de Ahumada, al menos para los regalos del Pascuero.

La era del casette, el rock latino, los cd’s y los DVD le dieron impulso progresivo a este lugar que se transformó en un imprescindible. Abrió varios locales y parecía que su imperio se tragaría a la competencia. Así murió Colt 70 por ejemplo, y muchos locales pequeños del centro. Sin embargo, la Feria del Disco no entendió nunca que el negocio no estaba en vender más caro, sino en cuidar a la clientela, en ser auténticamente un lugar de encuentro. No sólo había que poner al artista de moda sobre un escenario en el centro de Santiago o entregarle un disco de oro para que el público fuera fiel.

El mundo de la música cambió y para siempre, la descarga digital, el mp3, el streaming online modificaron los parámetros en que músicos y fans se relacionan entre si, pero también cambió los precios. Y ahí esta feria no dio el paso, no se trataba de vender barato para regalar la música, se trataba de recuperar al público que se escapaba ante una escasa y muy onerosa oferta.

En el último tiempo libros, regalos y entradas para conciertos convivían en un intento desesperado por sobrevivir, pero ya era tarde. El público terminó de enterrar lo que los coleccionistas ya habían decidido. Amazon, Ebay y los sellos Indie en la red, representaban una oferta irresistible. El renacer del vinilo le abrió espacio a tiendas pequeñas, las mismas que en su minuto la Feria liquidó. La vida es de ciclos y el de este otrora gigante llegó a su fin.

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