En el recuento histórico de un movimiento musical revolucionario, ¿quiénes quedan fuera de la foto pudiendo ocuparla? ¿Cuáles son los creadores que influyen a quienes la prensa luego denominará referentes? Hechas las tareas con la documentación de casi toda la primera fila del rock estadounidense, el cine tiene hoy un campo abierto para registrar aquellas historias a la sombra de los popes. ¿Cuántos nombres pueden explicar el éxito inicial de Bob Dylan, por ejemplo?

Dave van Ronk (1936-2002) es uno de ellos, cosa constatada ya en muchas entrevistas de recuento sobre los años de oro del folk neoyorquino y también en su aplaudido libro de memorias The mayor of MacDougal Street (2005). Ese vívido testimonio de cómo interactuaba un grupo de amigos antes de su conversión en hito cultural sostuvo parte del guión de Inside Llewyn Davies, la nueva película de los hermanos Coen que llega esta semana a cines chilenos.

La cinta es una ficción, y no debe confundirse con una biografía de Van Ronk. Más que el seguimiento a un músico que bordea la gloria sin jamás llegar a abrazarla (que también lo es), la cinta es una reflexión sobre una actitud hacia el éxito que, aunque no tiene nada que ver con el talento, determina de modo inevitable la suerte de un creador. Antes y ahora. Allá y acá. Llewyn Davis (Oscar Isaac, en actuación y canto) no quiere hacer muchas concesiones, y si su cantautoría emocionante no convence a quienes toman las decisiones, pues mala suerte.

Con esa displicencia combina también una cinta que se salta el bosquejo edulcorado que hasta ahora ha tenido en el cine la escena musical neoyorquina (piénsese en la horrible Factory girl, por ejemplo), para mostrar dramas domésticos sin glamour posible: noches de sofá en sofá, aventones de carretera que no llegan a destino, un gato ajeno que se pierde. Sabíamos ya de la sensibilidad de los hermanos Coen en torno a la música de su país (ahí está, también, la magnífica O’ brother, where art thou?, pero no tanto de su perspicacia para detenerse en quienes la han ido forjando. La banda sonora de esta muy recomendable cinta no es suficiente: búsquese, también, el estupendo nuevo compilado Down on Washington Square, la revisión al legado de Dave van Ronk que nadie de su generación quiso hacer jamás, y que hoy se entiende como el impulso tardío de un perdedor que merecía más de un premio.