Pantalones buggy, ropa interior Calvin Klein a la vista, tatuajes y un acento que mezcla los modismos del mundo del rap con cierta jerga afroamericana. Ese es el dress code con el que Justin Bieber se para frente a cada concierto y entrevista.

De buen o mal humor, parece ser una ruleta rusa de emociones que en cualquier momento puede explotar. Ya sea enfrentando a los paparazzis o retirándose en mitad de una entrevista al aire —tal y como lo hizo el año pasado en España en el programa Yu, no te pierdas nada, de Los 40 principales—, el ídolo de masas siempre hace noticia.

Exitos musicales, escándalos y amoríos, son algunos de los eventos que lo han llevado a convertirse en fenómeno de las nuevas generaciones, alzándose como el gran protagonista del pop juvenil. Con cuatro discos y más de 91 millones de seguidores en Twitter, Bieber parece haber encontrado la receta del éxito.

Apenas tiene 22 años —cumple 23 este primero de marzo—, pero su currículum ya incluye récords como ser el primer artista en tener siete sencillos de un álbum debut en la Billboard Hot 100, ganar el Premio Artista del Año de los American Music Awards en 2010 y protagonizar cuatro giras mundiales.

Este 23 de marzo llega por tercera vez al Estadio Nacional de la mano de Purpose World Tour para promocionar su cuarto álbum de estudio, Purpose. Luego de algunos años de pausa y con una mezcla de sonidos pop y electrónicos, el amor platónico de miles de adolescentes logró alejar la etiqueta de indisciplinado que se ganó luego de una seguidilla de conflictos con la ley y les tapó la boca a muchos que lo catalogaban sólo como una moda pasajera.

Atrás quedaron los disturbios y el color morado que lo identificaba, dándole la bienvenida a un look mucho más provocativo que derrite a sus fan con su trabajada figura y su talento musical. Sorry, What do you mean y Love yourself son parte del playlist que ha sorprendido por su calidad, batiendo récords en su primera semana en Spotify.

Sentado en el living de su casa en Stratford, Canadá, con su melena rubia casi rozándole los ojos y cantando a capella temas icónicos de Usher, Chris Brown, Stevie Wonder y Ne-Yo, un pequeño Justin iniciaba su camino al estrellato sin imaginar que en cosa de meses se transformaría en un ídolo de masas.

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Hijo de madre soltera y nacido en un pueblo alejado de las grandes urbes, el intérprete de Baby aprendió de manera autodidacta a tocar el piano, la batería, la guitarra y la trompeta. Con doce años participó en un concurso de canto en Stratford y ganó el segundo lugar, por lo que su mamá subió la grabación a YouTube. Luego vinieron más videos y, de a poco, fue consiguiendo algunos seguidores.

Pero la gloria no llegó hasta que en 2008, Scooter Braun, su actual manager que en ese tiempo era ejecutivo de marketing de la discográfica So So Def, vio accidentalmente uno de ellos. Quedó impresionado con el potencial del joven canadiense y enseguida lo contactó.

Con 13 años y bajo la autorización de su madre, un inexperto Justin viajaba hasta Atlanta, Georgia, para grabar su primer demo. Una semana después, cantó para Usher, quien también se flechó con el perspicaz niño, dándole la oportunidad de iniciar una carrera en el sello discográfico Raymond Braun Media Group (RBMG).

Su sencillo debut, One Time (2009) se posicionó en las primeras treinta posiciones de las listas de éxitos en más de diez países, mientras que su primer álbum, My World (2009), recibió excelentes críticas y una certificación de platino. Después vino Baby, que se transformó en su mayor éxito hasta el momento, naciendo así la fiebre Bieber.

Pero mientras la fama lo llevaba a la cima, Justin atravesaba por los dilemas típicos de la adolescencia y muchas veces se vio sobrepasado. “Puede parecer una vida increíble desde afuera, pero es una lucha continua…. Estaba muy cerca de dejar que la fama me destruyera”, explicó para la revista Billboard, dejando entrever su lado más oscuro.

El año 2014 fue el más difícil para la estrella que, entre quiebres amorosos e incursiones en el mundo de las drogas, vio cómo el éxito se le escapaba de las manos. En enero era arrestado en Miami Beach luego de ser sorprendido conduciendo intoxicado —había consumido alcohol, fumado marihuana y medicamentos para la ansiedad— y con un permiso que había expirado hace años.

La multa consistió en 500 dólares y una orden de asistir a un curso de manejo de la ira y un programa de enseñanza sobre los efectos de la conducción en estado de ebriedad. Además, tuvo que hacer una contribución de 50 mil dólares a Our Kids, una organización caritativa para niños de la localidad. A los meses, el cantante fue acusado de vandalismo en California, luego de lanzar huevos a la casa de su vecino.

Libertad condicional y cinco días de servicio comunitario fue la sanción en ese momento. Pero ni siquiera aquello detuvo el desenfreno del ídolo pop. Adopción ilegal de un mono como mascota —que posteriormente abandonó—, enfrentamientos con los paparazzis, fiestas y despilfarros fueron el broche que acabó por catapultar su reputación.

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“La relación con mi madre era prácticamente inexistente. Me distancié porque estaba avergonzado. Nunca quise que ella se sintiese decepcionada pero sabía que lo estaba. Pasamos mucho tiempo sin hablar y retomar la confianza requiere su tiempo. Ella ahora vive en Hawai, es complicado pero la situación está mejorando. Es una mujer maravillosa y la quiero mucho”, declaró hace poco para la misma revista.

Y no sólo su madre decidió alejarse. Los problemas del corazón también han calado hondo en la vida de Justin, sirviendo de inspiración para muchas de sus canciones. La relación de Justin y Selena Gomez —Jelena, como los bautizaron sus fanáticos— parecía ser la historia perfecta. Su primera aparición pública fue en el after party de los premios Oscar en 2011.

Miradas cómplices, sonrisas y abrazos daban inicio a una conexión que con el tiempo se transformaría en una de las más tóxicas de los tabloides. Quiebres, infidelidades e incluso acusaciones de paternidad sobre el joven artista por parte de algunas fanáticas, fueron las comidillas que lentamente mataron el cuento de hadas.

“Aprendí mucho de eso. Me mudé con mi novia cuando tenía 18. Empecé mi propia vida con ella. Era como un tipo de matrimonio. Vivir con una mujer fue demasiado a esa edad”, declaró Bieber para Complex Magazine. Experiencias que, de a poco, lo han hecho madurar.

Al parecer, ha decidido encauzar su camino, volver a trabajar duro para ofrecer mejores discos y no defraudar a sus fanáticas. “Todo el mundo cuando empieza a crecer se da cuenta y dice: ¡Hombre!, hice algunas cosas tontas cuando era más joven. No se trata sólo de mí. Por lo que, si pudiera volver atrás, la verdad, no creo que cambiaría mucho. Creo que es mi viaje. Eso me hizo lo que soy”, relató para GQ.

Su nuevo disco alabado por otras celebrities y el tour mundial con el que demuestra su renovado talento, son el mejor ejemplo de que la estrella juvenil al fin pasó la etapa difícil y llega a Chile con una nueva actitud.

“La razón por la que lo titulé Porpuse Tour es porque quería recordarles que todos tenemos un propósito. No importa que tan viejo o joven seas, cuando empiezas a decir cosas que importan en la vida, la gente trata de derribarte. Voltean las cosas y algunos no quieren escuchar, pero siento que si yo no usara esta plataforma para decir lo que de verdad siento, no estaría siendo honesto conmigo mismo”, explicó en uno de sus conciertos, dejando en claro que quedó atrás el niño del corte de pelo estilo príncipe. Nace un nuevo Justin, más osado y adulto.