Mientras los rumores alrededor de los lugares estelares de la parrilla se suceden a ritmo creciente, el Festival de Viña del Mar puso a andar la maquinaria de su emblemática edición número 60, confirmando a quienes serán parte del jurado.

Hasta hace algunas temporadas, éste no habría sido otra cosa que un anuncio secundario. Con la salvedad de aquellos a los que el tiempo transformó en excepción (Ricky Martin, Alejandro Sanz, Luis Fonsi, Pablo Alborán), durante años nos acostumbraron a que la primera fila de la Quinta Vergara fuera ocupada por rellenos de escasísima repercusión, viejas glorias de laureles marchitos, figuras infladas, rostros del canal organizador, y una que otra apuesta verídica.

De varios de ellos ya nos hemos olvidado: Marie Claire D’Ubaldo, Fanny Lu, Carlos Ponce, Lynda y un larguísimo etcétera, condimentado para siempre por un nutrido apartado freak, que entre otros integran Joey Travolta, Vaitiare y Frank Lobos.

Pero esa lógica provinciana de la era pre internet, cuando era plausible que un manager le metiera el dedo en la boca a un organizador, y que luego éste hiciera lo propio con el público, afortunadamente llegó a su fin.

Hoy no sólo la gente tiene claro quién es quién; el mismo Festival debió variar sus estructuras a causa de la globalización, YouTube, las lógicas de gira y los cambios tarifarios.

Si para el evento en general eso ha sido bueno o no, puede ser algo que caiga en el plano de lo discutible. Pero donde sí ha tenido un rebote positivo, es precisamente en la nómina de jueces.

Desde hace algunas ediciones, buena parte de quienes se sientan en la primera fila llegan también con un lugar asegurado en el programa estelar del certamen, lo que obliga a fijar la vista en quienes cuentan con un poder de convocatoria y un tonelaje mínimo ante la audiencia local. Aquellos que antaño hubieran interpretado dos canciones en diez minutos, sencillamente ya no tienen cabida en la Quinta Vergara. Y bien que así sea.

El jurado del próximo año es clara muestra de ello, con una nómina que integra una voz clásica como Yuri, un fenómeno local como Cami, y dos representantes del género que gobierna Latinoamérica, como Becky G y Sebastián Yatra.

Junto a ellos, Carlos Rivera, un artista de rescatable trayectoria y laureles recientes, y dos rostros de los canales que ofrecen cierto bagaje musical, y no sólo una filiación laboral: Antes de dedicarse al periodismo, Constanza Santa María dio conocidos pasos como cantante; Álvaro Escobar, en tanto, suma a programas como “Rojo” y “Memorias del rock chileno”, su propia experiencia al frente de una banda.

Pero el timbre definitivo a este elenco, vendrá dado por Humberto Gatica, productor chileno ganador de premios Grammy y colaborador de artistas como Celine Dion, Michael Bublé y hasta Michael Jackson.

Un sello de legitimidad que antes dieron nombres como George Martin (1988) y Bebu Silvetti (1994), pero que en la búsqueda de obtener beneficios tangibles sobre el escenario, se terminó consolidando en su lugar de remota excepción.

Ojalá el impulso virtuoso que el Festival viene dando en este plano continúe profundizándose en los años venideros, aunque sin olvidar que esto es Viña, y que se haga lo que se haga, jamás será posible contentar a moros y cristianos.

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