En 37 años pasa mucha agua bajo un puente, y más de tres décadas han transcurrido desde que Julio Iglesias e Isabel Preysler terminaron su relación. Por decisión de ambos, como deja en claro el eterno galán. De hecho, le parece perfecto que la madre de tres de sus hijos, mantenga una relación con Mario Vargas Llosa. Porque incluso, —y como reconoce alegremente a CARAS— le encanta el trabajo del escritor peruano.

El Nobel de Literatura robó el corazón filipino de la ex mujer de Iglesias. Un antiguo amor del que nacieron Chabeli, Julio y —obvio— Enrique. Frutos de ese matrimonio que duró siete años pero en donde jamás se perdió el respeto. “Es una mujer excepcional, una mamá perfecta y estoy feliz de que sea feliz”, enumera entusiasmado.

Al otro lado de la línea hay 30 grados de calor. El ídolo descansa en su casa de Punta Cana acompañado de Miranda —su mujer desde hace 25 años— e hijos adolescentes. Julio aprovecha al máximo esos momentos con su familia. Esa que, dice, lo tiene feliz. Conversaciones en la playa, por ejemplo, coronan finalmente una vida que cualquier mortal quisiera.

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Si cantó hasta en chino. Fueron 12 años sin un disco en español que terminaron con México, el último trabajo que realizará en estudio. “Para mí, volver a cantar en castellano es emocionante”, sostiene con fuerza. Pero reconoce que no quiere entrar nuevamente a un estudio porque está cansado. Aun así, señala que podría hacer algún unplugged. Pero, “meterse a grabar un año es muy fuerte, hay muchas paredes y muy pocas puertas”, dice.

En 1976 lanzó su primer álbum tributo a México y hoy se despide de los estudios con un compilado de covers dedicado a la misma patria que le ha dado tanto. Por supuesto, “con todo el respeto que tengo por los grandísimos autores mexicanos”, cuenta. Porque este es un homenaje a esos artistas irrepetibles como José Alfredo Jiménez.

Solo el astro español podría tener haciendo “playback” a Cristiano Ronaldo y Rafa Nadal en un video musical. En su último clip, aparecen las estrellas gesticulando una que otra frase de Fallaste corazón (Pedro Infante), canción —hasta el alma— oriunda de tierras cuates. Porque para Julio no hay imposibles y su pasión está más fuerte que nunca. Por eso se cuida sobre la base de muchos vegetales y deportes como la natación. Ejercicios que no requieran mucha fuerza. Por su edad, reconoce.

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Y aunque sin ningún hijo llamado Chile, sobre esta tierra tiene todo claro. “Ya no debo volver a Viña del Mar”, dice. A pesar de tener su alma en aquel escenario, cree que hoy es tiempo para los artistas más jóvenes. Por otro lado, está enterado de las catástrofes naturales de este pueblo al fin del mundo. Pero advierte que no hay nada que pueda destruirnos. “Chile es un país que pone la tierra en su lugar”, sostiene agregando que quiere venir el próximo otoño.

Pero en nuestro país pasan muchas cosas. En 2009 dijo a esta misma revista que no elegiría jamás a un hombre como presidente. En ese tono, cree que la crisis de credibilidad que sufren las mandatarias del cono sur, es un periodo normal. “Son seres humanos”, defiende. En Chile ya se efectuaron las primeras uniones civiles, él no tiene nada en contra del matrimonio homosexual. “Estoy de acuerdo con que la gente tenga la libertad de elegir sus propios destinos”, revela introspectivo, con la distancia que dan sus 47 años de carrera cantando y enfrentando a la prensa. Y si Julio tuviera que resumir su trayectoria, se queda con el cariño de la gente. Esa que le ha dado la fuerza para seguir, y que felizmente —reconoce—, dura tantos años. Si además tuviera que pedir un deseo, este sería parar un poco el tiempo. “A ver si soy capaz de lograrlo”, dice con entusiasmo quien también le teme a la muerte. Por lo pronto —y por tanto— solo da gracias a la vida.