“Preciosa”, pronuncia un Jorge González de veinticinco años y unas notas de piano dan paso a una canción pop llamada Con suavidad instantánea para cantar y bailar. Es 1990, Los Prisioneros acaban de publicar un cuarto disco que deja además un diálogo abierto al futuro. Dos décadas después, en 2010 una cantante de veintiséis años llamada Javiera Mena grabará una melodía titulada Luz de piedra de luna y va a ser perfecto escuchar Luz de piedra de luna y Con suavidad pegadas una tras otra como por efecto de un DJ, como si fueran hermanas y como si no hubiera veinte años de por medio.

De esas y otras formas Jorge González se ha impuesto al paso del tiempo. Así no ha quedado prisionero de una época. Su nueva canción es Trenes y tiene un video poblado de ese tipo de señales: el actor Daniel Alcaíno en el reparto y el comediante Pedro Ruminot en la dirección pertenecen a esas generaciones más nuevas que vienen a presentarle sus respetos. Y en los días que corren tales saludos se diversifican en canciones de gente como Gepe, Manuel García o Pedropiedra, cuyo más reciente estreno es el tributo La balada de J. González. No son coincidencias, son conexiones. “Jorge ve pasar los trenes pero no se sube a ninguno”, observa Pedropiedra en su balada. “A veces veo a Jorge / sentado en el andén / las manos en su libro como no sabiendo hacer”, dice en tercera persona el mismo González en Trenes, una creación lóbrega, desnuda, musitada más que cantada. No es el estilo que el público consumidor de grandes éxitos de Los Prisioneros podría reconocer, sino el borde personal que también ha sido una marca de identidad de González en discos como El futuro se fue (1994), Mi destino (1999) o los recientes Libro (2013) y Naked tunes (2014). No es cualquier momento por lo demás. El cantante se recupera del accidente cerebrovascular que sufrió en el verano y su nuevo clip es la primera oportunidad de verlo en público desde entonces. Y también está poblado de citas a sí mismo, a Tren al sur, a la mancha de sangre sobre la camisa blanca que se ve en la portada de ese disco de hace un cuarto de siglo llamado Corazones. Ya es meritorio levantar una voz generacional como hizo este hombre en los ’80. Más único es trascender a las generaciones, que es lo que está en condiciones de hacer ahora. 

“Preciosa”, pronuncia un Jorge González de veinticinco años y unas notas de piano dan paso a una canción pop llamada Con suavidad instantánea para cantar y bailar. Es 1990, Los Prisioneros acaban de publicar un cuarto disco que deja además un diálogo abierto al futuro. Dos décadas después, en 2010 una cantante de veintiséis años llamada Javiera Mena grabará una melodía titulada Luz de piedra de luna y va a ser perfecto escuchar Luz de piedra de luna y Con suavidad pegadas una tras otra como por efecto de un DJ, como si fueran hermanas y como si no hubiera veinte años de por medio.

De esas y otras formas Jorge González se ha impuesto al paso del tiempo. Así no ha quedado prisionero de una época. Su nueva canción es Trenes y tiene un video poblado de ese tipo de señales: el actor Daniel Alcaíno en el reparto y el comediante Pedro Ruminot en la dirección pertenecen a esas generaciones más nuevas que vienen a presentarle sus respetos. Y en los días que corren tales saludos se diversifican en canciones de gente como Gepe, Manuel García o Pedropiedra, cuyo más reciente estreno es el tributo La balada de J. González. No son coincidencias, son conexiones. “Jorge ve pasar los trenes pero no se sube a ninguno”, observa Pedropiedra en su balada. “A veces veo a Jorge / sentado en el andén / las manos en su libro como no sabiendo hacer”, dice en tercera persona el mismo González en Trenes, una creación lóbrega, desnuda, musitada más que cantada. No es el estilo que el público consumidor de grandes éxitos de Los Prisioneros podría reconocer, sino el borde personal que también ha sido una marca de identidad de González en discos como El futuro se fue (1994), Mi destino (1999) o los recientes Libro (2013) y Naked tunes (2014). No es cualquier momento por lo demás. El cantante se recupera del accidente cerebrovascular que sufrió en el verano y su nuevo clip es la primera oportunidad de verlo en público desde entonces. Y también está poblado de citas a sí mismo, a Tren al sur, a la mancha de sangre sobre la camisa blanca que se ve en la portada de ese disco de hace un cuarto de siglo llamado Corazones. Ya es meritorio levantar una voz generacional como hizo este hombre en los ’80. Más único es trascender a las generaciones, que es lo que está en condiciones de hacer ahora.