“Quiero que tu espada me atraviese solamente a mí”. Así, como pronunciando un mantra, canta Javiera Mena (31) en el estribillo de “Espada”, su reciente videoclip que encendió las redes sociales hace unos meses.
¿Por qué? Porque la reina del electropop nacional, de forma sugerente, se atrevió a exponer su lesbianismo… y con intensas escenas: al inicio, espía a una mujer a través de un telescopio; luego, salta desde un descapotable a las “curvas peligrosas” de una guapa mozuela; después, sonriente, se divierte con una joven tipo Sailor Moon en una cama, a quien le emerge una tercera mano desde la entrepierna; más adelante, una espada —concepto que remite a la masturbación femenina— es la saeta que penetra a Mena; y, al final, una extensa autopista cuyo túnel simboliza una vagina.

“Era lo más natural para mí, porque no tenía mucho sentido que saliera con chicos, si mi inspiración siempre han sido las mujeres… Era seguir lo natural. En mis primeros videos, como en Esquemas juveniles, también estaba mirando a unas niñas. Este es un pop queer”, sentencia la intérprete.

Filmado en Barcelona en tres días, las imágenes de esta pieza audiovisual evocan al animé japonés y la explosión cromática de los ’80. “He recibido muy buenos comentarios, sobre todo de personas que respeto y admiro. ¡Ha sido un fenómeno súper fuerte!”, comenta Javiera en un café hipster de Ñuñoa, cercano al estudio donde se fragua su tercer álbum (ver recuadro).

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—El sitio autostraddle.com señaló que “Espada” era “el video más gay de todos los tiempos”. ¿Cómo recibiste ese halago?
—Feliz de mostrar ese tipo de cosas que no se exhiben mucho. Obviamente, la sociedad ve este video y todavía se asombra. He recibido un par de malos comentarios, pero tenía el ímpetu de ser pionera del pop queer. ¡Y de mujeres!

“Chile es mucho más machista que otros países. El feminismo acá no existe. Todo es desde un lado muy oscuro de repente. En cambio, mi feminismo está desde un lado más juguetón, con humor, más pop, con más color, y creo que pega más así. No sé cómo me las arreglé para no sentir discriminación. Me inventé un mundo de arco iris gay, donde nadie me discriminaba. Con un par de suegros sentí discriminación, porque tenía que andar escondiéndome. Fue bien doloroso, no por mí, sino que por mi polola”, cuenta Javiera sobre el hecho de ser uno de los íconos lésbicos de su generación.

Pero Mena no es una “joven y alocada”, aludiendo a la película homónima de Marialy Rivas (2012), donde la cantante aportó con una singular versión de “Amiga mía”, de Los Prisioneros. “Más bien, soy conservadora”, confiesa entre risas.

—¿En qué sentido?
—Soy monógama, no hago tríos (lanza una carcajada) y no salgo mucho. La chica de la película era más promiscua. Yo siempre tuve pareja estable. Me la pasaba con la polola, tranquila, con el amor de mi vida. Ahora terminé y estoy sola hace un año y medio. ¡Siempre están en pareja las mujeres!

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—Ese es tu karma…
—¡Sí, he tenido ese karma! (se ríe). Lo que he descubierto a los 30 años es que lo más importante no es estar en pareja, sino que estar bien con uno mismo y ahí construir algo. Me estoy armando para, algún día, formar algo con alguien.
Javiera emprendió una gira por Chile en el verano. Luego retornó a España, donde arrasa con su música. “Para mí, Chile es importantísimo. No quiero irme nunca… Me estoy convirtiendo en una artista grande acá. Me encanta que se me valore”, declara.

—¿Cómo fue para ti estudiar en colegio de monjas?
—Juro que era feliz en las monjas. Era súper matea en religión: los buenos valores y juntar amistad con felicidad (se ríe).

—¿Ibas a misa siempre?
—Me gustaba cantar en las misas. El catolicismo fue positivo en mi niñez; tiene valores que comparten muchas religiones y encuentro que hacen bien, porque te dan una conexión contigo. Orar es escucharte; las oraciones son bonitas, como metáforas de la vida. En el colegio había monjas con votos de humildad. En esta sociedad tan consumista, haber tenido esa formación me ayudó un montón. Tenía buenas amigas y escuchábamos música noventera, como Corona. Y como había puras mujeres, me encantaba eso (se ríe). No tuve polola, ahí sólo me enamoré.

—¿Actualmente crees en algo?
—Soy agnóstica. Creo en la mente, practico la meditación budista shamata y comparto muchísimas cosas del budismo… Siempre he sido muy prejuiciosa al principio con este tipo de cosas. Lo veía como: “Ay, la volá”. Pero es todo lo contrario. No considero el budismo una religión, sino que una filosofía de vida. A veces voy a retiros días enteros.

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Pero esta Mena —decidida, osada, exitosa y espiritual— también habla de política. Del segundo período de Michelle Bachelet, opina: “Bachelet y Piñera son un territorio desconocido. Los veo como una empresa o una marca registrada. Son como grandes estrellas del pop: invierten en marketing, en campañas, pero no hacen música, sino que trabajan con los intereses de los ciudadanos… Me siento con un sinsabor, descontenta. A mucha gente le pasa lo mismo”.

—¿Qué opinas de que se haya aprobado la idea de legislar sobre el AVP?
—Me parece súper bien, porque poco a poco se va abriendo nuestra sociedad. Si a un niño le dicen que dos personas del mismo sexo pueden amarse y casarse, obviamente va a ayudar a que seamos una sociedad más abierta, ¡después de miles de años! Es impresionante la carga que llevamos los gays. Es una cosa muy fuerte, que viene de generación en generación. Que se abra el tema es muy positivo. Eso sí, encuentro que el matrimonio es una instancia tan conservadora y eclesiástica, que tampoco lo veo necesario. Ser gay no tiene que ver con la Iglesia. ¿Por qué algunos quieren entrar en ese juego?

—En lo legal, ¿te gustaría casarte?
—Sí. ¡Hay que casarse una vez en la vida! ¡Aunque sea para divorciarse después! Pero hay que saber lo que significa.

—¿Y la maternidad?
—No he sentido el llamado de la procreación. Me invaden, ahora, las ganas de pensar en mis shows, en mi disco, en moverme. No pienso en un niño mío. Mis papás tienen un hijo de cinco años, entonces lo veo un poco como hijo. Y tengo sobrinos, así que prefiero ser la tía buena onda y loca… Quizá no he sentido ganas de ser mamá porque estoy soltera. Estoy segura de que, en un momento de más estabilidad, pensaré en eso. Ahora ando muy gitana.

—Imagino que vives de la música…
—Por fin logré vivir de la música. Me dedico 100 por ciento a eso, no tengo otras actividades. También estoy invirtiendo, que es lo principal.

—Si no fueras cantante, ¿a qué te hubiera gustado dedicarte?
—Bailarina o científica. Admiro mucho a mi hermano, que es matemático y se ha dedicado a la neurociencia. Yo soy la única artista de la familia, porque todos son biólogos, matemáticos… Me gustaría ser científica o astrónoma.