“Comencé en el canto sin saber muy bien de qué se trataba”, admite Javier Camarena al otro lado del teléfono en Suiza —donde vive hace nueve años— antes de su presentación en nuestro país. Soñó desde muy pequeño en ser pianista. Su madre potenció su faceta musical creyendo que el pequeño algún día se convertiría en la versión jalapeña de Mozart. Pero cuando al fin Javier se decidió, tenía 19 años y ya era muy tarde. “Llegué al canto porque era la carrera donde podía cumplir todos los requisitos”, cuenta. Y algo que pudo ser un sueño frustrado lo convirtió en lo mejor que le ha pasado después de ser padre, dice.

Frutillar será el último lugar de presentación para el azteca —quien confiesa que cuando era niño escuchaba a los chilenos de Los Angeles Negros— antes de tomarse unas merecidas vacaciones. El Teatro del Lago será el lugar donde traerá presentaciones como La Hija del Regimiento y La Cenerentola, las que ha dado en teatros tales como el Metropolitan Opera House de Nueva York o el Teatro Real de Madrid. 

Pero antes de dejar al público pidiendo bis (repetición) como lo ha hecho en todos los escenarios que ha pisado, el mexicano se dio un tiempo en su agenda para dictar una clase magistral a tenores y sopranos de todo Chile en el Campus Oriente de la UC. Instancia perfecta para compartir junto a talentos locales y conocer la sencillez y cercanía que Camarena tiene para con su público: “el enseñar a los jóvenes cómo deben formarse en este ambiente, cómo deben comunicar; me apasiona tanto como interpretar” agrega.