Sí, efectivamente, ese mito urbano que circulaba entre surfistas, residentes y turistas ocasionales de las playas de Pichilemu y sus alrededores —además de sus miles de fanáticos— es cierto y corroborado por él mismo: Jack Johnson (38 años, casado, tres hijos) estuvo surfeando entre el 2004 y 2005 (no lo recuerda muy bien) en la costa chilena. Y sí, las imágenes que aparecen en el videoclip de Breakdown, una de sus canciones más populares, fueron grabadas durante ese viaje, donde incluso se le ve conversando con un carabinero y un letrero de una popular cerveza chilena. Viaje en el que vino en calidad de cineasta-surfer y no de músico, aunque ya había publicado su disco debut Brushfire Fairytales el 2001 que lo había puesto en el radar musical mundial con un estilo propio que se asemejaba a una suerte de neo-folk-isleño.

En Pichilemu, Johnson filmó la película Brokedown Melody y le tocó compartir olas con el ídolo nacional Ramón Navarro: “Lo que recuerdo de ese viaje fue surfear buenas olas acá en mi casa en Punta Lobos, aparte que andaba con Gerry López, que es una leyenda del surf y los hermanos Malloy y les tocaron muy buenas olas esos días. Entonces es muy bacán tener a gente que surfea muy bien y además que en las noches sí se cantaba su par de canciones por ahí en las fogatas”.

Para ese entonces, Jack junto a los hermanos Malloy —Chris y Emmet, ambos surfistas— habían formado el sello Brushfire Records, que les permitía grabar las bandas sonoras de las películas de surf que hacían y por el cual Jack ha lanzado casi todos sus discos y que hoy funciona en Los Angeles, Estados Unidos, en un edificio alimentado exclusivamente con energía solar.

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Este 5 de marzo Jack Johnson regresa a nuestro país, pero no precisamente a surfear, sino a saldar una deuda que dejó la vez que sembró ese mito, ya que ahí sólo fueron algunos pocos los que, sentados alrededor de una fogata o después de correr algunas olas, pudieron escuchar al entonces artista revelación hoy convertido en ídolo de masas, con más de 20 millones de copias vendidas, seis discos editados y conciertos de su gira por Estados Unidos que ya están agotados.

Ahora Jack vuelve a Chile como músico junto a su banda en una gira mundial —y debut en Sudamérica— para mostrar su nuevo disco, From Here To Now To You en un Movistar Arena que promete estar repleto para escuchar su arsenal de canciones playeras, que recuerdan palmeras, aguas cristalinas, tablas de surf y hamacas. Aunque esta vez no está seguro de poder surfear, ya que tiene una agenda muy apretada (se presentará el 3 de marzo en Lima y el 8 en Buenos Aires). “Si tengo algo de tiempo, voy a tratar”, le cuenta a CARAS desde su casa en Honolulú, Hawai.

—¿Por qué no habías venido antes a tocar en Sudamérica?
—Trato de encontrar el balance entre las giras, mi familia y todo. Las giras son entretenidas, la familia viene conmigo y eso es bueno, pero puede ser agotador a veces. Así que es un tema de tratar de hacer calzar todo.

—¿Cómo te imaginas el concierto en Chile?
—Debería ser muy entretenido. A veces tocas en pequeños lugares, otras veces en grandes, pero con la banda siempre tratamos de pasarlo bien. Ellos son mis amigos. A veces tocamos con la guitarra acústica y tambores, otras veces armamos la batería y un gran piano, pero siempre son los mismos amigos que están conmigo; los mismos músicos con los que toco desde el primer álbum.

Pese a que estará muy pocos días en el país, tiene programado juntarse con Navarro, ya que los dos son miembros del equipo Patagonia y han compartido en las decenas de veces que han participado en el campeonato de Hawai. Sobre Ramón, no escatima cumplidos: “Es un surfer de olas gigantes y uno de los mejores del mundo”, dice.

—¿Qué opinas de las olas chilenas?
—Son buenísimas, me recuerdan a Santa Bárbara y California; tienen olas parecidas.

Pero Ramón no es el único chileno para el que tiene elogios. También espera poder compartir con Manuel García, con quien grabó una canción citando los versos del poema Farewell, de Pablo Neruda, para el documental sobre el surf, la costa y la gente chilena, El mar, mi alma. “Es un gran compositor, con una hermosa voz. Estoy emocionado de juntarme con mis amigos”, agrega.

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Jack comenzó a tocar la guitarra cuando niño sentado en la entrada de su casa junto a su padre. Cat Stevens y Bob Marley eran su repertorio, pero por ese entonces y hasta mucho tiempo después, la música no sería más que un pasatiempo. Filmar era lo que quería hacer. Filmar y surfear. Por lo que entró a estudiar cine y se dedicó a hacer películas de surf.

—¿El surf te da balance?
—El surf es bueno. Todos mis amigos, mi familia surfean y mi papá, que se fue hace algunos años, lo hizo hasta los últimos días y es algo que es parte de nuestra familia, así que creo que siempre surfearé.

—¿Cuándo empezaste?
—No me acuerdo, pero a mis tres hijos los subí a mi tabla desde que eran pequeños, andaban arriba, conmigo. Tengo una imagen de estar arriba de la tabla de mi papá y luego haber recibido mi primera tabla que me dio mi hermano mayor, cuando tenía cinco años.

Johnson es activista en serio. Las utilidades de sus dos últimas giras las donó por completo a caridad y ésta no será la excepción. Puede sonar raro o poco creíble. Por lo mismo, en su página web está disponible para descargar o ver en línea toda la información de sus giras pasadas, desde los reportes de sustentabilidad, hasta lo que se hizo con las ganancias. Además, da la opción de comprar entradas para cualquiera de sus shows y de compensar la huella de carbono que el asistente emitirá al ir a su concierto.

—No es común ver a artistas donar las utilidades de sus giras a caridad.
—Me encanta tocar música, grabar, y eso fue creciendo, empezamos a tocar en lugares cada vez más grandes y con mi esposa nos sentíamos tan afortunados que queríamos devolver algo. Así es que la mejor manera que se nos ocurrió para hacer eso fue asociarnos con organizaciones sin fines de lucro que estuvieran haciendo buen trabajo con sus comunidades y luego tratar de ayudarlos”.

Paralelamente ha creado tres fundaciones con las cuales busca promover valores ambientales, sociales y culturales: The Kokua Hawaii Foundation, que promueve la educación ambiental en los colegios y comunidades de Hawai; The Johnson Ohana Charitable Foundation, creada junto a su esposa Kim, que busca generar cambios positivos en las comunidades, apoyando organizaciones enfocadas en el medio ambiente, el arte, la música y la educación; y All at once, una red de trabajo social que busca conectar y ayudar a organizaciones sin fines de lucro que promuevan sistemas sustentables de alimentación local e iniciativas libres de plásticos.

Ramón Navarro cuenta que ese estilo cercano y amable que refleja tanto con su voz como con sus acciones, es algo característico en Johnson. “En Hawai la gente no lo mira como la estrella musical, sino como un amigo más que le gusta surfear. Es como el amigo de todos, muy buena onda y surfea increíble”.

Son las 9:30 de la mañana y Jack Johnson está sentado en el living de su casa mirando el mar. Igual como otros surfers esperan con sus tablas el momento preciso para meterse al mar mientras contesta esta entrevista. Su casa está en uno de los mejor points de Honolulú, según cuenta Navarro, donde tiene huertas, árboles frutales y su pequeño estudio llamado Mango Tree —que funciona exclusivamente con paneles solares— y donde grabó On and on, su segundo disco.

—¿Qué vas a hacer después de esta entrevista?
—Voy a chequear las olas. Ha estado un poco ventoso y vino una tormenta, pero parece que hoy es el primer día que va a despejar, así que como mis hijos están en la escuela, creo me iré a meter al océano e iré a surfear.