Hay sólo un músico que se merece un capítulo completo con su nombre en La historia secreta del disco, fundamental estudio de Peter Shapiro (impreso hace dos años en castellano por Caja Negra Editora). Al compositor y productor Giorgio Moroder —quién otro— el libro le atribuye entre otras cosas haber impuesto en los años setenta “el gesto liberador de hacerle un jódete a la presuntuosidad y la solemnidad del rock”. Mide su marca en el siglo XX como un hito cultural de primer orden. La de Moroder fue una insolencia vital, articulada con inteligencia y cálculo certero. Sobre todo en sus colaboraciones con Donna Summer, este italiano pionero abrió vías de anchura creativa insospechada para esa música de baile que tantos insisten en denostar pero que una y otra vez vuelve al pop como una enfermedad crónica.

Giorgio Moroder tiene hoy 74 años, y la noticia de que en enero publicará un nuevo disco ha sido una sorpresa, aunque parcial. Por un lado es asombroso enterarse de su vigente disposición al trabajo y a la colaboración con creadores jóvenes (“74 is the new 24” es, de hecho, el título que ha elegido para el primer single); pero, por otro, resultaba hasta cierto punto esperable que el hombre al que Daft Punk volvió a poner el año pasado tan protagónicamente en el mapa (hay una canción con su nombre y su monólogo en Random access memories) buscase un comeback articulado por él mismo. El primer disco de Moroder en treinta años interrumpe una adultez entregada al ocio y al justo disfrute de las regalías por años de trabajo de influencia inobjetable. El golf, el arte y el diseño industrial ocuparon estas tres décadas al autor de la gigantesca “I feel love”. Encargos puntuales de composición, una que otra sesión de DJ. Si volvía al estudio, tenía que ser en grande, y en las pocas declaraciones que hasta ahora ha compartido sobre su inminente nuevo disco, Moroder ha prometido nada menos que “hacer regresar el disco”. Britney Spears, Kylie Minogue y Sia fueron algunas de sus invitadas a las voces. Pero, por esta vez, su presencia es secundaria. Uno de los hombres que impuso la idea del productor como artista entrega en sus secuencias, pulsos, texturas y ambientaciones los brillos de la estrella mayor. Encandilante, Giorgio.