Resulta difícil concentrarse en la música, cuando lo que tenemos al frente es una campaña potente y a ratos hostigosa para convertir a una ex chica Disney en una bomba sexy y trasgresora.

Miley Cyrus junto a su maquinaria se han obsesionado con el deseo de dejar atrás a la inocente chica de Nashville, y por lo mismo no escatiman esfuerzos para poder hacerlo. No hace mucho, en Saturday Night Live, se atrevió a gritar “Hannah fue asesinada” , y aunque no dio pistas del crimen, todas las miradas convergen hacia ella. Y es que Miley quiere morder la manzana prohibida, comerse al mundo musical y lo hace la mayoría de las veces con la lengua afuera.

En pocos meses pasó a un cambio de look radical en el pelo, a bailar desenfrenadamente en los premios MTV, a coquetear con el consumo de drogas, a aparecer desnuda en un video clip propio y otro ajeno, a cambiar de novio, etc, etc, etc, etc. Demasiadas emociones para algunos ingenuos que aún la ven como Hannah Montana.

“Al fin puedo ser la perra mala que realmente soy” ha dicho en un par de polémicas entrevistas. Recibió una oferta de un millón de dólares para hacer una película porno y sus fotos abiertamente provocadoras adornan varias portadas de revistas tan famosas como Rolling Stone. Pero la verdad es que todavía no me convenzo de que en ese cuerpo sin grandes curvas, pueda ser realmente una bomba sexy. Todo parece tan preparado y maqueteado que a ratos agota. No es raro que algunas “colegas” ya critiquen sus actitudes, aunque sin mucha moral para hacerlo, como el caso de Sinnead O’ Connor, cuyas provocaciones no dejaron a nadie indiferente en los años noventa.

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En medio de toda esta vorágine de piel y sexualidad, Miley lanzó su disco Bangerz, una mezcla de estilos que trata de cubrir todo el abanico musical que le pueda asegurar un éxito.

Es un disco confuso, donde la búsqueda de la identidad musical de Miley la lleva por terrenos que van desde la balada como en Adore You y Wrecking Ball, un fraseo peligrosamente parecido a Rihanna en We Can’t Stop y el encuentro con uno de sus referentes: Britney Spears en SMS (Bangerz).

Con claros problemas en el rapeo, Miley y su productor Mike Will made it, recurren con inteligencia al apoyo de Nelly y Future en dos temas del disco. A uno le queda la sensación de que el álbum se quedó en el camino de la indefinición de estilos, trató de abarcar muchos terrenos y en varios casos se quedó en el lugar común.

En todo caso no es para crucificarla sino más bien para abrir expectativas a la evolución que pueda tener Miley en lo musical, lo importante es que su crecimiento vaya por ese lado y no por el de mostrar más o menos piel.

Miley está tratando de meterse en el medio de pop stars como Beyoncé, Rihanna, Katy Perry o Lady Gaga, pero le falta mucho aún, no basta con tomarse la entrepierna o aparecer en topless en las fotos interiores del CD.

El camino para ser valorado en la música, no solo está construido de escándalos y palabras, sino que de un sonido y un estilo que sean propios y creativos.

>Revisa Miley Cyrus – Wrecking Ball:

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