No recuerda el día en que supo que el leit motiv de su vida sería la música porque en sus 35 años Daniel Riveros no abrazó otro sueño que no fuera componer y tocar. “Desde que tengo uso de razón, la música lo fue todo para mí y no exagero. De verdad nunca tuve otro sueño o deseo tan fuerte. Por supuesto que hice muchas otras cosas. Me encantaba el hockey, dibujar y hasta fui a la universidad, pero tengo una obsesión desde el momento cero y esa es la música”. Sus palabras suenan desde algún rincón del Valle del Elqui que prefiere mantener en total suspenso. De la misma manera en que evita hablar de cómo se gestó su participación en el show de la española Ana Torroja, ex Mecano, en el Festival de Viña del Mar. Y es que por más simpático y cercano que se muestre, Gepe cultiva ese halo de misterio de los artistas de antaño. Mientras en las radios ya comienza a sonar “Invierno”, el nuevo single de su disco Estilo Libre, su voz se escucha relajada al otro lado del teléfono. Incluso, bromea con el ruido del río y el cantar de los pájaros que lo acompañan en este alto en la gira más ambiciosa de su carrera. “Sólo ahora pudimos parar unos días porque después no hay descanso hasta julio”, dice.

En menos de una década, Gepe pasó de ser uno más de la camada de los nuevos músicos chilenos, entre los que figuraban Javiera Mena, Nano Stern y Pedropiedra, entre otros, para convertirse en un verdadero producto de exportación no tradicional. Su último disco Estilo Libre fue elegido por la revista Rolling Stone como “uno de los diez mejores álbumes latinos del 2015” junto a nombres consagrados en la industria, como los colombianos de Bomba Estéreo, la mexicana Natalia Lafourcade y el reggaetonero Pitbull. Para el influyente medio norteamericano, “su trabajo más ambicioso y grandilocuente es una postal del futuro del pop latino”. Algo que si bien agradece no logra apartarlo ni un ápice de la filosofía de trabajo que mantiene desde sus inicios. “A mí me decían anda a tocar a la plaza y allá iba. Me invitaban a ser parte del show de un grupo metalero y partía. Lo único que quería era tocar y seguir tocando. Así, las cosas se fueron encauzando de manera que mis ganas de hacer música fluyeron con las oportunidades, sin darme mucho cuenta del ritmo que tomaban las cosas. De repente, ya estaba tocando en París, Alemania, Holanda y Bélgica”, confiesa.

Pese a que en un momento pensó en radicarse en el extranjero, hoy piensa distinto. “Creo que por un buen tiempo más mi motor creativo estará acá. De hecho, cuando estoy de gira le pongo pausa a la composición y me dedico exclusivamente a tocar. Recién cuando vuelvo ahí conecto todo lo que acumulé durante los viajes con otras cosas”, explica, mientras rememora sus inicios. “Al principio pasaba pellejerías pero era parte del cuento, de curtirse en esto. Me acuerdo del 2007 yendo en un avión a la hora del queso, cargado como equeco pero feliz porque me habían invitado a tocar. Todo ha ido cambiando, pero no te creas que tengo cinco mayordomos que me llevan las cosas, las llevo yo mismo sin problemas. Lo más lindo de todo es que a pesar de que todo el equipo creció, somos los mismos de siempre. No hemos cambiado en nada, tenemos la misma pasión”.

gepe450-1

–Muchos artistas dicen que la fama es el lado menos amable del éxito y hasta cultivan la nostalgia por aquellos tiempos de anonimato.

–La fama es como un vientito que corre de tanto en tanto y hay que dejarla pasar porque tiene que ver con algo que los medios crean. El reconocimiento me parece algo mucho más real y es lo que en definitiva me interesa. Ver cómo la gente que lucha por estar en primera fila o cuando van hasta la punta del cerro porque tocas ahí, esa energía sí que es movilizadora. Además en nuestro país, la fama no existe para nadie a no ser que seas Benjamín Vicuña.

–Pero ahora uno te puede ver en los programas de farándula y hasta en las alfombras rojas del brazo de tu pareja, la actriz Antonia Zegers.

–No engancho mucho y la verdad tampoco me interesa. Entiendo que cada uno, desde periodistas hasta reporteros gráficos, están haciendo su pega y punto. Tampoco tengo un discurso en contra. Para qué. Simplemente no pesco no más y así prefiero que se mantenga.

Antes de la gira internacional que lo llevará por Europa, Estados Unidos y Centroamérica, todas las energías del multinstrumentista están enfocadas en su regreso al escenario del Lollapaloza, después de tres años. “Estamos preparando algo bien potente. Sólo puedo adelantar que vamos a reunir al mayor número de músicos que nunca hayamos tenido en un concierto. Además de chelistas, charanguistas y chicas que tocan el bronce, tendremos un DJ y otro guitarrista. El repertorio va a estar enfocado principalmente en los temas del último disco pero también vamos a tocar éxitos de discos anteriores”.

Aunque celebra que Chile haya sido pionero en “dejar atrás la dictadura del rock” y darle al pop el espacio que merece, reconoce en el líder de Los Prisioneros Jorge González más que un mentor con quien comparte más que el lugar de origen, San Miguel. “Lo quiero un montón. Siento que como músico y persona le debo mucho desde antes de conocerlo en el 2007. Siempre sentí que en su música, tanto en las letras como en los arreglos había una verdad tan potente que me comunicaba mucho más que cualquier otra cosa. Incluso, Futuro su disco más oscuro irradia un grado de humanidad tan grande, consecuente con su increíble capacidad de exponerse. Hay canciones como ‘Quien canta su mal espanta’ o ‘Esas mañanas’ que son realmente impresionantes. Lo que transmite es tal y como él es. Cuando estás a su lado, te das cuenta de que es una persona obsesionada con la música que no deja de hablar de ella todo el tiempo, como si no tuviera otra realidad”.

—¿Cómo sigue su recuperación?

—Nos vimos hace tres semanas y sólo hablamos de música. Está mucho mejor.

—Se está cumpliendo un año de la ley de música chilena. ¿Cuál es tu evaluación de la puesta en marcha?

—La veo como un aporte y pienso que representa el sentir del público chileno. Tengo la impresión de que si tú le preguntas a gente de 15 o 18 años cuáles son sus bandas favoritas, a lo menos te va a nombrar a dos cantantes o grupos de acá. Ese 20 por ciento no está sonando sólo por una cosa impositiva, sino porque hay un público que se siente súper identificado con nuestra música.