La exploración sonora impuso en algún momento el trabajo in situ como la más confiable fuente de consulta. John Lomax, en Estados Unidos, y Violeta Parra, en Chile, son dos nombres ejemplares para aquel antiguo esfuerzo de salir a buscar y registrar música allí donde ésta se produce. La caza de sonidos puede hoy ser más cómoda y amplia, pero también caótica y superficial. Las canciones de Gepe (1981, Santiago) son representativas de la nueva exploración musical que le permite internet a un devorador de tendencias, pero su distinción está en cómo el cantautor santiaguino ha conseguido darles un cauce personal. Quizás el más relevante entre los jóvenes artífices locales de pop se asume por eso como un eterno curioso, pero no un explorador. “Yo no investigo: busco y pregunto”, dice sobre el método que fortalece un cancionero hecho con trazos de rock y tonada, reggaetón y soul, electrónica y huaynos. “No estudio, no voy tan al fondo de las cosas. No soy un académico ni un folclorista. A veces me basta con un par de videos de YouTube”.

El folclorismo ortodoxo y el rockismo más conservador desprecian a Gepe —recuérdese la polémica que se armó el año pasado cuando reinterpretó bailes y ritmos bolivianos en el escenario del Festival de Viña—, pero los puristas olvidan que descolocarlos es precisamente una de sus intenciones. Su nuevo disco, a la venta este mes, vuelve en varias canciones a ideas tomadas de la música andina o la bachata colombiana, con arreglos de bronces vigorosos y punteos cadenciosos de guitarra que afirman melodías que a veces eligen avanzar sobre secuencias electrónicas. Está el charango invitado de la finísima Elizabeth Morris, pero también un sampleo del jadeante argentino Machito Ponce. Hay duetos junto a Javiera Mena, estrella electro, y Wendy Sulca, fenómeno viral peruano. No hay ironías ni dobles lecturas en esa mezcla, sino el cuidado inteligente por un pop integrador e ingenioso, de fino cruce entre sonidos masivos y de avanzada. En que todo eso suena a Gepe está su principal distinción. Por si quedara alguna duda, el título del álbum es autoexplicativo. Ante Estilo libre, nadie puede quejarse de publicidad engañosa.