La dinámica de genius.com es la de un sitio wiki: cualquiera puede inscribirse y dejar sus aportes. Pero esta vez no son fichas informativas, sino letras de canciones. Versos. Y quien entra agrega comentarios que interpretan o suman datos que ayudan a comprender mejor qué puede haber querido decir el autor: hitos biográficos relacionados, citas tomadas de libros o películas, referencias en clave. Nuevas capas de información; ya no como hipervínculos que nos llevan a otros sitios, sino como datos superpuestos que obligan a leer en dos planos. Las letras ya no son sólo letras, sino excusas para textos en perpendicular. Sus usuarios crecen por hordas, los inversores ya han confiado más de cincuenta millones de dólares a su desarrollo, y sus creadores anuncian extender el sistema también a otros formatos (anotarles datos a fotos o textos de un diario, por ejemplo). Distracción, distracción, distracción.

Uno de los ensayos más conocidos de Susan Sontag es Contra la interpretación. Reflexiona allí la fallecida pensadora sobre cómo nuestra época ha instalado la ansiedad insolente por traducir de más el arte. “La interpretación supone una hipócrita negativa a dejar tranquila la obra”, escribió. “Ninguno de nosotros podrá recuperar jamás aquella inocencia anterior a toda teoría, cuando el arte no se veía obligado a justificarse, cuando no se preguntaba a la obra de arte qué decía, pues se sabía (o se creía saber) qué hacía”. La masificación de internet ha tenido efectos en nuestra concentración, uso del tiempo y relación con el exceso de datos que acaso sea precoz estudiar todavía, pero que han sido especialmente evidentes en el modo en el que hoy escuchamos la música. La audición concentrada de un disco completo es una práctica en extinción, lo sabemos. Pero ya tampoco queremos enfrentarnos desarmados a música cuyo contenido es insuficiente, y a la que, de link en link, le vamos agregando datos anexos que la sobrecargan hasta el agobio.