En los últimos días, Rolling Stone detonó una nueva andanada de comentarios globales, gracias a una de las más recurrentes estrategias de viralización que en este lustro han encontrado los portales musicales: Los rankings. Cada tanto, sitios como Pitckfork, NME y el mismo Rolling Stone se aventuran en ordenar a los 50 mejores guitarristas de la historia, los 100 mejores bateristas, los más grandes discos conceptuales o lo que surja en el momento, desatando una discusión que alcanza diversas latitudes.

Una de las últimas es la que buscó determinar cuál es la mejor canción en lo que va de siglo XXI, título que recayó en “Crazy in love”, de Beyoncé. Comencemos entonces con una aclaración a la pregunta que nos convoca: ¿Puede ser ése el mejor tema de las últimas dos décadas?

beyonce interior 

Lo cierto es que si alguien espera encontrar aquí una respuesta definitiva, puede dejar de leer ahora. Tal como ocurre en los estudios académicos, esta vez debemos tomar el título como una pregunta de investigación, que no necesariamente será respondida afirmativa o negativamente, pero que sí nos orientará. Comencemos.

Como todo ranking de este tipo, el de Rolling Stone no pretende ser la verdad absoluta e irrefutable, sino más bien aguijonear, acicatear a los seguidores de este u otro artista, de tal o cual género, para que lancen sus argumentos sobre la mesa, y apoyen o contravengan lo postulado por el sitio.

Cada uno con sus ideas, cada uno con sus argumentos, cada uno con sus filtros, tal como hicieron en la redacción de Rolling Stone, en quienes se filtra una mirada endogámica, un paladar gringo.

Ahí están, por ejemplo, el cuarto lugar para “Hey Ya!” de Outkast, el quinto para “99 Problems” de Jay-Z, o el séptimo para “Runaway” de Kanye West, por sobre “Rolling in the Deep” de Adele (8), “Last Nite” de The Strokes (10), “Rehab” de Amy Winehouse (20), “Uptown Funk” de Mark Ronson y Bruno Mars (25), o “Happy” de Pharrel Williams (48).

Y ahí está también el trono para “Crazy in love”, una canción sin dudas exitosa e irresistible, que a la postre se transformó en el desvelo para una de las parejas más icónicas, influyentes y poderosas de Norteamérica: Beyoncé y Jay-Z.

Allí nace el fenómeno que hoy tiene a la cantante como reina del pop en ejercicio, más allá de la cabeza en que insistamos colgar la corona. Allí se destapa la sociedad entre dos que no pararían de dar que hablar, y que hace apenas algunos días dieron su última puntada conjunta (un disco bajo el nombre de The Carters).

Pero allí también está una pieza cargada de ritmo y sensualidad, que parece condensar en casi cuatro minutos buena parte de las bondades del R&B: Hay trazos de funk y hip hop, alma de soul, estampa de diva, fenómeno pop, estelaridad y barrio. Hay ánimo de arrasar, sacudir e imponerse, y hay resultados que la avalan, como número uno en diversas latitudes.

Quizás de eso se colgó Rolling Stone en su elección, que de paso reivindica al sample como herramienta legitimada y posible: No sólo el primer lugar contiene un fragmento íntegro de “Are you my woman? (tell me so)”, una canción de Chi-Lites; el segundo, “Paper Planes” de M.I.A., hace lo propio con “Straight to hell”, de The Clash.

Viejas glorias también aparecen, pese a una resonancia prácticamente nula. El lugar 18 es para David Bowie (“Blackstar”), el 30 para Bob Dylan (“Mississippi”) y el 37 para Leonard Cohen (“You Want It Darker”), tres lanzamientos cargados de simbolismo, pero que sólo un puñado de fanáticos mantiene a mano.

Todo ello, sin embargo, es parte de lo posible en aventuras como ésta, y si el ranking lo hiciéramos en Caras seguro que también asomarían opciones que descolocarían a los lectores de otras latitudes.

Por tanto, siempre es bueno recordar que estas listas pueden enfrentarse con ciertas premisas por delante: Hay que respetarlas, pero nunca acatarlas. Hay que considerarlas, pero siempre discutirlas. Al final de cuentas, son sólo una verdad contra la nuestra.

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