“Tras hacer un poco de ruido en Detroit, este rapero recién ganó la atención del país con rimas simples pero efectivas”, escribió en 1998 el productor Riggs Morales en la revista The Source. Un medio reconocido del mundo del hip hop no sabía que el personaje sobre el que hablaban se convertiría en el hiphopero más importante de la generación MTV. Tiene sentido, su irreverencia, su enojo y la liviandad con que tiraba groserías a miembros del gobierno y celebridades sintetizaban el sentir de la juventud occidental de ese momento; todo sobre pistas pegajosas y acompañado por videoclips que pasaban sin parar por la tele. Marshall Mathers, mejor conocido como Eminem (43), hacía su entrada triunfal.

En 1999, su disco The Slim Shady LP no dejó indiferentes. Cargado a temas controversiales como asesinatos, abuso y pobreza; representa el nacimiento del alter ego más famoso del rapero, Slim Shady, un nombre que a estas alturas se ha convertido en sinónimo del artista. El álbum hizo ascender al MC como un compositor atrevido, lírica y musicalmente, ganándose el respeto de la industria y la posibilidad de colaborar con íconos como Dr. Dre, Snoop Dogg o Ice Cube.

Instalado en el mainstream, su falta de miedo y escaso respeto por sus colegas también se tradujo en una capacidad invaluable para romper esquemas. Su colaboración con la británica Dido en Stan (2000) fue un éxito mediático en todo el mundo con un videoclip que retrataba el camino de un hombre hacia el suicidio. Marshall Bruce Mathers III, mejor conocido como Eminem, quería hacer ruido, incomodar, y lo estaba logrando.

El 2002 el rubio del ghetto llegó a la pantalla grande. 8 millas, un filme semibiográfico en el que Eminem interpreta su historia de vida creciendo en Detroit, iniciándose en el mundo del rap y ganándose el respeto de la comunidad afroamericana. La película fue un éxito de taquilla y ganó un Oscar a mejor canción original por Lose Yourself, la primera vez que un tema de hip-hop se llevaba la estatuilla. El rapero tenía a la industria en la palma de la mano, y no dudó en aprovechar ese lugar de privilegio.
“No más sangre por petróleo, tenemos nuestras propias batallas / No más guerra psicológica que nos haga creer que no somos leales/ Si no servimos a la patria, estamos patrocinando a un héroe/ “Miren en sus ojos, sólo mentiras” versa en Mosh, canción de su álbum Encore (2004), lanzada justo antes de las elecciones y dirigida a George W. Bush. Surgieron rumores de que esta era su última producción, en parte por sus letras (“Nos vemos en el infierno, hijos de puta” es la frase con la que cierra el disco) y también porque en la portada aparece haciendo una reverencia frente a un telón que se cierra. Justo cuando Eminem se convertía en un referente cultural, sus fans parecían quedar huérfanos.

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Pasaron cinco años en los que no salió de la oscuridad. Dedicándose a escribir y producir, el niño problema de la música sólo se dejó ver en algunos paparazzeos, de vez en cuando colaborando con colegas o en algunas entregas de premios; además de ser personaje de farándula por una bullada adicción a medicamentos. “La caída de Eminem”, en letras grandes sobre periódicos y revistas.

“Ansioso. ¿Ansiedad? Ansiedad por llegar a casa. Ansiedad por volver al mundo. Nervioso. ¿Nervioso? Vamos Marshall, ya eres un chico grande” rapeaba en la primera pista de Relapse (2009), su primera producción original en cuatro años. El disco más esperado del año se ubicó en la cima de las listas y fue certificado doble platino.
Slim Shady volvía triunfal, para su siguiente álbum, Recovery (2010), colaboró con Rihanna en Love The Way You Lie. Ganó cinco nominaciones a los Grammy, el aplauso unánime de la crítica y un éxito comercial insuperable: es el single más vendido de su carrera. Coronado como el rapero más exitoso en la historia por la revista Billboard, también se convirtió en un productor solicitado.

Desde ahí el reto ha sido claro: hacer valer su status de ícono y superar las vanguardias que él mismo creó en sus inicios. Sus videoclips, como el del single The Monster (2013) junto a Rihanna, muestra a un Eminem maduro y más profundo sin perder la irreverencia que lo caracterizó. Alejado de las rimas insultantes y dedicándose a entregar mensajes que reflejan lo difícil de la fama, el desamor y el odio, Eminem llega en su mejor momento a nuestro país.
Sábado 19 será el día de Em en Santiago. El artista cerrará una jornada llena de música en el VTR Stage de Lollapalooza, y asegura un show que llevará a todo el público los mensajes y beats que lo convirtieron en el rebelde más respetado y en un letrista de avanzada. Desde los suburbios de Detroit, el desenfado de una estrella y los ritmos incomparables de un ícono en el festival musical más importante del mundo.