En las vitrinas, en las poleras, en las ventanas de las casas, en los carteles de las calles, en los vidrios de los autos y en la memoria de una generación completa, Elvis Presley está más vivo que nunca. Su historia es contada una y otra vez, por biógrafos, historiadores, reporteros y sicólogos que Elvis, en sus cuarenta y dos años de vida que marcó tanto al pueblo americano.

Desde su nacimiento hasta su muerte, Elvis siguió el camino con que millones de jóvenes norteamericanos pobres vienen soñando desde comienzos de siglo. Es ésta una historia que parece estar escrita en los libros de Norteamérica desde que el país se inventó: nacimiento en una zona rural, desesperadamente pobre; traslado a la ciudad en plena adolescencia; grabación de su primer disco, con un sello local; éxito sin precedentes, tanto en Estados Unidos como el resto del mundo; fama, adulación, escándalo; su transformación de desconocido en respetable ciudadano, que se fue a servir a la patria en Alemania, sin reclamar privilegios; varios años filmando películas de amor y rock, matrimonio con Priscilla, paternidad y una vida tranquila tras las murallas de sus mansiones; luego, una vuelta al público, vibrante y vocinglera; y, después, un lento, irrefrenable y triste descenso.

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Vino el divorcio, viajes interminables y rumores de cosas horribles: que Elvis había caído en la droga, que Elvis tomaba anfetaminas para adelgazar, que Elvis se empachaba de angustia, que Elvis lloraba solo en las piezas de los hoteles, que le daba miedo la gente, la calle, los ruidos,; Elvis no se atrevía a mostrarse en público, porque estaba gordo y deprimido; Elvis era adicto a la Coca-Cola; estaba hablando de que mejor era morir… y fue entonces, a los cuarenta y dos  años, cuando lo encontraron muerto, “de un ataque al corazón” dijo la prensa, en uno de los baños de su mansión en Memphis.

Las fechas de su vida se conocen en Estados Unidos como las de las batallas famosos: 8 de enero de 1935, su nacimiento en Tupelo, Missisippi; 1954, la grabación de su primer disco, con el sello Sun, de Memphis; 1956, su primera aparición en el Show de Ed Sullivan; 1968 marcó su regreso a la escena artística, con su propio show de televisión; y el 16 de agosto de 1977 fue el día de su muerte.

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Así mismo se repiten los nombres de su vida: Venon y Gladys Presley, sus padres; Jesse Garon, el hermano mellizo de Elvis, que murió poco después de haber nacido y que fue enterrado en una caja de zapatos, bajo una lápida sin nombre, junto a una cruz sin fecha; Sam Phillips, el productor de su primer disco; Tom Parker, su manager desde el comienzo hasta mucho después de su muerte; Priscilla Beauliei, la adolescente que conoció en Alemania (mientras estaba sirviendo en la Armada americana), con quien se casó en 1967; Lisa Marie, su única hija y heredera de la fortuna sideral que Elvis ganó con su carrera…

De Elvis se sabe todo, su rostro se encuentra en todas partes, su música continúa escuchándose, como si el Rey del Rock nunca hubiese muerto y hubiese sido, además, el único. Sin embargo, su figura es una hecha de ecos, cosas que se dijeron, secretos que se divulgaron a medias, ilusiones que se forjaron… Charles Wolfe, un profesor de inglés de la Universidad de Middle, Tennese, contó que en 1990, mientras se encontraba conversando con un grupo de estudiantes de una escuela pública en Jasper, descubrió que había otro Elvis, un Elvis que no era posible saber si había existido realmente o si era un invento de la memoria colectiva. “¿Saben ustedes quién era Elvis Presley?”, le preguntó Wolfe al grupo de estudiantes. Todos sabían, aunque no había dos opiniones igual respecto de si Elvis estaba vivo o muerto, si era negro o blanco, si era viejo o joven. “Era el que vive en una casa grande en Memphis y no sale más que de noche”, contestó un tercero. “Es el negro bien alto, ése que inventó la guitarra eléctrica”, añadió un cuarto estudiante. “Es uno que se ponía a llorar cuando cantaba”.

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A juicio del profesor Wolfe, entre esos Elvis que ven los estudiantes de Jasper y el Elvis que no supo cómo envejecer en medio de la fama, del dinero y de la soledad, no hay demasiada diferencia. “Pero lo más curioso del caso Elvis es que fue su muerte la que desató el mito, porque hasta antes de eso él era el rey del rock and roll, famosísimo, lleno de seguidores por todo el mundo, cierto, pero no era el mito en que se convirtió después”.

Greil Marcus, uno de sus mejores biógrafos, advierte en su libro Dead Elvis que “el problema es que Elvis no sólo cambió la historia de la música, sino que cambió la historia en sí. Y se convirtió, entonces, en historia él mismo. Es bueno anotar que cambiar la historia, muchas veces, es hacer algo que no se puede precisar qué es. Personalmente, estoy convencido de que la aparición de Elvis en nuestras vidas (y por tanto en nuestra historia), su manera de ser, su forma de comunicarse con el público, su irreverencia, todo ellos cambió la visión del pasado norteamericano, desde la guerra civil, y lo proyectó hacia un futuro que después de él sería distinto”.

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La muerte de Elvis, 16 de agosto de 1977, es una fecha que los norteamericanos de esa generación recuerdan como la del asesinato de John Kennedy. “Yo estaba en tal parte, haciendo tal cosa, hablando con tal persona, cuando me avisaron…”. “Yo estaba en Durango, Colorado, cuando me llamaron por teléfono y me dijeron: murió Elvis”. “Yo no me encontraba en Ithaca, Nueva York, y alguien me paró en la calle y me dijo: ‘¿supiste que murió Elvis?’”. Son frases que la gente dice. Es que nosotros, advierten, nacimos con Elvis, crecimos con él, con él comenzamos a envejecer y cuando él murió, todos nosotros morimos un poco.

¿Es que fue Elvis quien inventó el rock? No. ¿Era tanto mejor que cualquier otro rockero de la época? Tampoco. Fue un conjunto de cosas las que hicieron de Elvis esta inmensa figura que, en lugar de achicarse con el tiempo y el olvido, se ha ido agrandando: fue su manera desafiante de pararse en los escenarios, su magnetismo, su forma de moverse (que provocaba el espanto de los puritanos), fue la pobreza del entorno que lo vio nacer, fue su generosidad y es manera tan ingenua de andar por el mundo de los famosos (Elvis vivía y se movilizaba con su madre, su padre, su abuela, sus primos, una corte de amigos y varias novias). Y, por sobre todas esas cosas, fue la mezcla que contiene su música, donde se funden el country, el rock y la música negra.