Conocí a Vicente Bianchi en noviembre de 1989. Andaba persiguiendo las letras de los villancicos más populares para que la gente cantara con la versión navideña de la Revista El Domingo de El Mercurio. Para ese reportaje, estuve con Waldo Aránguiz en el Verbo Divino; con Carmen Lavanchy, de Mazapán; con Benjamín Mackenna, de Los Huasos Quincheros; con Alfonso Letelier en el Pedagógico de la Universidad de Chile; con Julián García Reyes en la Radio Concierto.

Y con Vicente Bianchi en su casa, “La Tonada”, en La Cañada, entre Loreley y Monseñor Edwards.

Don Vicente, de 69 años, estaba muy entusiasmado enseñándole al Coro de la Universidad de Santiago una canción de Juan del Encina, el músico de moda de la época de los Reyes Católicos. “¡Comamos, bebamos tanto, hasta que nos reventemos!, que mañana, ayunaremos; tomemos hoy agasajado, que mañana viene la muerte; bebamos, comamos fuerte; ¡vámonos para el ganado!”. Es un villancico relacionado con la noche previa a Nochebuena, comentó Vicente Bianchi, quien estaba contento de que publicáramos letras de villancicos, porque, de “Noche de Paz”, la “primera estrofa se conoce; la segunda, menos, y la tercera, no se canta nunca”.

A Bianchi le molestaba la falta de creatividad en las letras navideñas, y tenía una refalosa más ingeniosa: “Refalemos en Navidad, que la estrella brillando está; póngale pino, mijita, que el Niño se va a alegrar”. Además, es autor de la música del hermoso villancico “El burrito de Belén”, cuya letra es del escritor y director de cine Germán Becker Ureta. “Los ángeles que bajaron hasta el portal de Belén azúcar dieron al burro, se había portado bien”.

Muchos años después, llegué a vivir a este hermoso barrio de La Reina. A comienzos de 2011, vi un aviso que buscaba cantantes para el Coro Vicente Bianchi, que dirigía mi compañero en el Conservatorio Alejandro Bianchi (hijo del compositor). Pasé más de cuatro años cantando muchas canciones de don Vicente ―quien a veces nos iba a ver― en los maravillosos arreglos de Alejandro. Estuvimos en Nancagua, Valparaíso, Santa Cruz, Plaza Ñuñoa, la Catedral, el Pueblito de Los Dominicos, el Teatro Municipal de Ñuñoa (el California); en el propio Centro Cultural Vicente Bianchi de La Reina (que es donde ensayábamos, en Santa Rita con Echenique)…

Nuestro caballito de batalla era la ‘Misa a la Chilena’, pero no nos faltaba ocupación a fin de año con los villancicos. En 2016, el año en que finalmente don Vicente ganó el Premio Nacional de Artes Musicales, me integré al Ensamble Vicente Bianchi como tenor, y participé en varios homenajes, como uno en el Teatro Oriente, que animó el Pollo Fuentes.

Ahora que se ha ido, a los 98 años, lo que más me sorprende es su energía en estos últimos años. No hace mucho, seguía presentándose y tocando maravillosamente el piano. Así fue el caso, por ejemplo, en un homenaje de 2012 en el auditorio de Telefónica, donde acompañó al piano a Ginette Acevedo, a Gloria Simonetti y a su hija Bernardita. Estábamos intentando que consiguiera el Premio Nacional; no lo logramos. Dos años después, tampoco, pero en 2016, sí. Tal vez don Vicente estaba esperando eso.

Comentarios

comentarios