Quiere dejar una huella. Desde los 15 años, ese siempre ha sido su objetivo y ha trabajado mucho para lograrlo. Claudio Medina (34) vivía en Salvador con Irarrázaval con su madre, Rebeca, y estudiaba en el Liceo Manuel de Salas. A esa edad era parte de un grupo de jóvenes que salía a las calles a hacer grafitis. “Eramos cinco o seis. En esa época lo máximo era rayar micros o vagones del metro. Lo más desafiante fue grafitear una micro y después verla transitando”, recuerda Claudio Medina, más conocido como DJ Who.

En dos oportunidades su mamá tuvo que ir a buscarlo a una comisaría por uno de esos rayados. “Me decía que parara”, comenta entre risas. Y no lo hizo. En esos años creó el sitio Santiago Under y sumó nuevas amistades, raperos con los que se fue encontrando en la música. Ahí su madre comenzó a conocer otra faceta de su hijo. “La casa estaba llena de raperos grabando. Saqué mi cama, levanté el colchón, lo pegué a la muralla para tener más espacio, saqué las ventanas y armé mi estudio. Muchos llegaban a mi casa. Me hacía amigo de todos, desde el “sapo” de la micro, hasta el heladero de la esquina. Siempre he sido así, no discrimino y ahí chocaba con mi mamá. Ella decía: ‘Ya empezó el desfile’. A veces éramos hasta siete personas en la pieza rapeando duro, no tocando canciones de amor. Y por supuesto que tenía atados con los vecinos. Pensaban que vendía marihuana porque había mucho movimiento de gente. Mis amigos llegaban, silbaban, no tocaban ni el citófono, gritaban mi nombre y subían al tercer piso”.

Según Claudio, él no era tan bueno para los grafitis, a diferencia de Inti Castro cuyos murales recorren el mundo hoy, y que era parte de su crew, un círculo cerrado donde él era el más joven. “Así que me dediqué a otra cosa”, recuerda. Cuando salió del liceo empezó a estudiar técnico en sonido porque no quería hacer el servicio militar que, en esa época, era obligatorio.

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“A mitad de año no me estaban enseñando nada que no supiera, porque yo ya estaba trabajando con gente que hacía discos y sus canciones sonaban en la radio”. Esas bandas eran Makiza y Los Tetas. Lo que más lo marcó en esa época fue el éxito de la canción “Sueños” de Tiro de Gracia. “Ahí confirmé quería ir en esa dirección. Al principio comencé a hacer beats. El hip-hop se hace con samples de canciones antiguas y en una de mis visitas a las reuniones de Makiza, me prestaron un teclado. Con ese instrumento me di cuenta de que podía hacer mis propios samples sin tener que buscar los discos de mi mamá, como lo hice con uno de Camilo Sesto y la canción ‘Vivir así es morir de amor’. Asi empecé a tocar, aunque no podía comercializarlos porque hay toda una serie de derechos”.

Fue su amigo Chico Jano, locutor radial, quien le presentó a Juan Sativo, vocalista y líder de Tiro de Gracia. A esas alturas, Claudio ya tenía 20 temas independientes y sin samples y le propusieron trabajar con un sello. Llegó a EMI Music y le ofrecieron hacer un disco. Con solo 200 mil pesos debía producirlo. “No era nada, pero para mí era la oportunidad de salir del underground”, asegura. Le pidieron que hiciera algo más pop, no tan urbano y tenía experiencia en eso, pues ya había sampleado un tema de Ricardo Cocciante, “Sinceridad”, con la cantante Moyenei Valdés, y según recuerda “querían un disco con música que todos reconocieran para hacer el crossover con distintas generaciones. Me pidieron que juntara a Los Tetas con Myriam Hernández. Lo hicimos, pero finalmente el tema salió en el disco de ella y no en el mío. Tiempo después grabé con Dante Spinetta de Illya Kuryaki, Anita Tijoux y Lucho Gatica. Cuando ya tenía todo grabado, estaba en la última canción, echaron al director de EMI, Alejandro Sanfuentes y ahí quedó todo parado. Si hubiese sido un disco sin samples lo podría haber sacado de inmediato, pero empezamos a preguntar por los permisos y las cifras eran altísimas. Finalmente el proyecto se dilató”.

—¿Cómo viviste ese momento?

—Fue un fracaso porque estuve a punto de llegar. Llamé al director, le dije que estaba masterizando la última canción y me dijo: ‘para, para, ya no estoy en EMI’. Pero se ofreció a ser mi manager. ¿Y por qué no?, pensé. Era también el de La Ley que en esa época estaba en México. A mí me llevó a España a hacer la canción, ‘Contigo (My Baby)’ con Quique Neira que se convirtió en número uno, lo que me generó mucho derecho de autor.

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—¿Cómo siguió tu carrera después?

—Volví a Chile e intenté algunas cosas, pero justo la industria discográfica venía bajando y no estaban los presupuestos para contratar productores. Nuevamente tuve que inicar de cero, viviendo un poco de los derechos de autor de ese número uno, así es que lo primero fue disjockear en el restorán Amorío, de Benjamín Vicuña y Gonzalo Valenzuela. Ponía música de 8 pm a 3 am, mientras la gente comía en el segundo piso. Al tiempo se empezaron a sacar las mesas y se armaban fiestas. Ahí me subieron el sueldo y me pidieron que contratara DJ’s amigos, como El Rulo de Los Tetas. Después quebró el Amorío e hicimos hartas fiestas para poder pagarle a los trabajadores. Cuando se cerró, me llamaron del Santería, luego del Bar Constitución —donde me apodaba Dirk Diggler por la película ‘Boogie Nights’— y finalmente del Cienfuegos.

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En un viaje a México en 2005 conoció a la banda de reggae de Puerto Rico Cultura Profética y terminó siendo su manager. Los llevó al court central del Estadio Nacional, al Caupolicán, a Chimkowe de Peñalolén, al Movistar Arena, al Festival de Viña y los puso en los primeros lugares de las radios con la canción “Saca, prende y sorprende”. “Ahí me titulé de promotor”, dice.

—¿Qué te gusta más, ser DJ o productor?

—Las dos pegas son entretenidas, pero obviamente prefiero hacer lo mío, porque para lo otro estás trabajando para alguien más, sujeto a las decisiones de la banda. Es un súper negocio hacer conciertos y gracias a eso pude armarme y hacer mi carrera. Con mucho riesgo igual. Imagínate cuando inviertes y no llega la gente. En un evento perdí 20 millones de pesos, en 2015. Después de eso empecé como DJ Who oficialmente.

—¿Cómo viviste ese acercamiento al Festival de Viña?

—Imagínate lo que fue ir a CHV a firmar el contrato para Cultura Profética. En ese minuto no veía el formato para yo estar en la Quinta Vergara, pero hoy, con el disco, sí lo visualizo, porque es más banda y no tan electrónico. Al Festival de Viña hay que ir cuando la gente se sepa todas tus canciones, no es algo que me apure. Antes quiero otros hitos. Y se encamina a lograrlos. Ya se presentó en Lollapalooza Chicago, Chile —con un Movistar Arena a tope con 15 mil personas vibrando con su música—, Argentina y se repetirá el plato en la próxima versión del festival estadounidense. Este año ya lleva 12 shows en regiones y logró dos nominaciones en los premios Pulsar en las categorías, “Mejor canción del año” y “Mejor videoclip” por la canción “Good times”.

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Justamente con ese súper hit, que tiene más de 4,5 millones de reproducciones en Spotify y 710 mil en YouTube, inauguró su estudio en Chamisero. En agosto cumple dos años arrendando una casa donde vive y es el centro de operaciones de su sello Ruido Music. Ahí mismo está dando vida a “Who Cares”, su primer disco con el que deja los hit radiales para dar su gran salto internacional.

Hasta ahora el material tiene 11 canciones, lo lanzará en agosto, y cuenta con las participaciones de Josefina Cisternas, Scott Iribarra, Willy Rodríguez de Cultura Profética y los más destacados, MR. Talkbox —detrás de “24K Magic” de Bruno Mars y de “Loyalty” de Kendrick Lamar—, y la banda The Free Nationals. “Mi disco no es electrónico y muchos se van a sorprender. Tendrá de todo. Trato de no copiar las fórmulas. Podría hacer 20 ‘Good times’ y seguir en la misma todo el rato, pero sería muy pobre musicalmente. La vitrina se gana con el sonido y la calidad de la música. No hay que mendigar la atención”.