No hay duda que vivimos tiempos agitados, el trabajo, las tensiones de cumplir en un mundo ultra consumista, nos quita los espacios para la familia y los momentos de relajo, que son tan necesarios, como tener balanceada la cuenta corriente.

Me pregunto muchas veces y bien seguido, si vale la pena tanto esfuerzo, tanto desgaste si eso nos lleva a perder lo más importante, el tiempo con los que nos quieren de verdad y el tiempo propio con uno mismo y lo que nos gusta. En ese sentido, me pregunté cuándo fue la última vez que me senté tranquilamente a escuchar un disco. Ese ejercicio de tomar un vinilo o un CD revisar la carátula, las letras y disfrutar de principio a fin un álbum.

Cuándo me di el tiempo de colocar un DVD o un blu ray y ver todo un show de un músico que me entusiasme. Hace rato que no lo hago. Y si me pasa a mí, que me gusta tanto la música que pasará con aquellos que solo tienen ese pasatiempo de manera esporádica. Vivimos demasiado acelerados, vivimos dejando pasar los momentos agradables angustiados por pagos y deudas.

Pero se puede hacer algo, esta no es una lucha perdida, porque si logramos dejar de lado el Smartphone o la Tablet y la cambiamos por un momento para compartir un disco o una melodía con nuestra pareja o nuestros hijos, podremos hacer mucho, por nosotros mismos, por bajarnos de la máquina, de las revoluciones aceleradas, de la forma sin control en que no apreciamos lo que tenemos en nuestro entorno.

Mi invitación es a aprovechar los espacios, en el metro, en la casa, en el auto, caminando, encontrar ese disco que nos emociona, que nos motiva, que nos da fuerza para seguir, la música tiene ese efecto mágico de permitirnos aislarnos por un momento de todo lo malo y encontrarnos con un mundo agradable como decía Lebon en Serú Girán.

Hoy hay plataformas como Napster, Apple music o Spotify que tienen una biblioteca inmensa de discos, hagan el ejercicio, busquen ese disco propio, ese que cada uno sabe cuanto significa, escúchenlo y por unos minutos, verán que la vida no es un agobio constante, sino sólo un camino largo, donde a veces hay tropiezos.

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