No es nuevo que los músicos, hace rato que dejaron de lado como prioridad de vida, el grabar discos. De hecho, mucho más rentable sigue siendo la realización de giras, la venta de merchandising e incluso
publicar singles o lanzar anticipos, a través de Spotify o Apple Music.

Si hay alguien que conoce de sobra el negocio de la música es Gene Simmons, el líder de la mítica banda Kiss.

Hace algunas semanas Simmons se despachó una declaración que dejó perplejo a varios, sobre todo a sus fans: “La gente se ha convencido a sí misma que no quiere pagar por material y Kiss no es caridad” le dijo al programa The SDR Show. “No quiero que venga un universitario a decirme, tienen mucha plata, no voy a pagar por su disco”, aseguró con molestia sobre la proliferación de sitios de descarga ilegales e intercambio musical a través de internet.

El enojo de Simmons no es menor y contrasta con otras bandas independientes, que prefieren colgar su disco en la red, de manera gratuita, como una forma de masificar sus trabajos. El reclamo de Kiss, curiosamente, viene más por el lado de músicos acostumbrados a otras épocas, en que se valoraba a los grupos por el ranking de ventas, es decir si eran multiplatino o no.

El negocio cambió y acá lo hemos comentado en muchas oportunidades. Pero así como la aparición de la tecnología ayudó a los músicos sin acceso a los grandes sellos y la maquinaria ligada a la “industria” fonográfica, hoy también bandas como Kiss pueden generar ganancias de diferentes formas, sólo depende de la ambición de cada uno.

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Por su parte, Paul Stanley, guitarrista de Kiss, se sumó a las declaraciones de su compañero de banda: “Ahora los artistas tienen que agarrar lo que pueden y no lo que se merecen”. El tema es que Stanley olvidó que la reinvención del vinilo le permitió, a varias bandas históricas, seguir facturando a costa de la billetera de varios que quieren recuperar sus viejos discos, en ediciones nuevas. O tal vez, olvidó que Kiss es una verdadera maquinaria de licencias de todo tipo, desde juguetes hasta tazones.

El debate que abre Kiss, a mi juicio, tiene poco que ver con la creatividad y mucho más con el hecho de si vale la pena preparar un disco con canciones nuevas, cuando hay tantas formas de generar recursos a costa de la nostalgia de los discos clásicos.

La pataleta de Simmons, es tan vieja como la música misma. Y es una forma de decirle a sus fans que “sigan a nuestro lado, pero esperen solo lo que nosotros queramos darle, porque afuera hay muchos enemigos que quieren robarnos lo nuestro”. 

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